Millones de personas atrapadas por el acceso limitado a los alimentos

La Habana, 6 jun (PL) Hay, pero no para todos, pareciera ser aún hoy la máxima que determina el acceso de millones de personas al mercado de alimentos.

La mala distribución y la falta de políticas efectivas que permitan enfrentar la crisis alimentaria, están entre sus principales causas.

De lo contrario, ¿cómo explicar que en el mundo existe suficiente comida, pese al aumento del número de desnutridos por la falta de acceso de los sectores más pobres a esos bienes?, según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Es sabido que la crisis alimentaria, agravada por la creciente subida de precios, es una de las principales consecuencias de la recesión que estalló en 2008.

Dicha crisis constituye un problema apremiante por su impacto directo en la calidad de vida de las personas, afirma el doctor Ramón Pichs, investigador del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM) de Cuba.

Pichs explica que entre las causas de la volatilidad de los precios de los alimentos están los altos importes del petróleo, pues cada vez más el mercado energético determina la tendencia del agroalimentario, debido a su importancia en la cadena productiva.

También influye una mayor producción de agrocombustibles ya que, por ejemplo, alrededor de la mitad de la producción de agroetanol de Estados Unidos se obtiene del maíz.

Otros de los factores implicados son el impacto del cambio climático y la especulación, fundamentalmente asociada a la cotización del dólar y a la globalización financiera.

En América Latina y el Caribe

La Oficina Regional de la FAO alerta sobre el alza de los alimentos, lo cual atenta contra la erradicación del hambre, que afecta aproximadamente a 52 millones de latinoamericanos y puede aumentar el número de pobres.

El nivel de precios se mantendrá elevado, lo cual pone en riesgo la erradicación del hambre en el continente.

En ese contexto también sobresalen las diferencias existentes, pues en países como Haití, Guatemala y Guyana los niños desnutridos oscilan entre 10 y 20 por ciento de la población, mientras que Argentina, Brasil, Chile y Costa Rica poseen tasas de entre uno y dos por ciento.

La crisis en América Latina y el Caribe, región que produce suficientes nutrientes para satisfacer a su población, está cruzada por un proceso creciente de malnutrición que deriva en sobrepeso, lo cual podría parecer contradictorio, según expertos.

En dicho apartado, la FAO reconoce una iniciativa que también impulsa: América Latina y Caribe sin hambre, la cual busca garantizar la seguridad alimentaria y nutricional y erradicar el hambre de forma permanente para 2025.

La misma apoya el desarrollo de políticas públicas y de programas nacionales para erradicar ese mal mediante compromisos de Estado que institucionalicen el problema.

Incluye además la implementación de planes de acción con una asignación de fondos presupuestarios acordes con las dificultades de cada país.

Como parte de esa iniciativa, aboga por una alimentación saludable, balanceada y segura.

Por ello, crearon el programa Chef contra el hambre, mediante el cual especialistas del área pueden compartir con toda la sociedad información necesaria a fin de lograr que con los alimentos a los que tienen acceso puedan preparar platos más diversos y nutritivos.

El programa publica recetarios a partir de los principales ingredientes de la región, como la papa, las legumbres y el maíz.

Largo camino por delante

La estabilidad del mercado de los alimentos igualmente depende del incremento de la inversión en agricultura, especialmente en los países en desarrollo donde vive el 98 por ciento de las personas que pasan hambre y donde la producción de alimentos deberá doblarse de aquí a 2050 para poder suplir la demanda de la creciente población.

La inversión en infraestructura, sistemas de comercialización, servicios de extensión, comunicación y educación, así como en investigación y desarrollo, permitiría incrementar la oferta de alimentos y mejorar el funcionamiento de los mercados agrícolas locales, opina la FAO.

De esa forma, se podrían alcanzar precios menos volátiles, lo cual, unido a la necesaria mejora del acceso, ayudaría sobre todo a la población más pobre, quien soporta la mayor carga.

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