Corrupción en Senado canadiense aviva polémicas

La Habana (ULAN-PL) El primer ministro de Canadá, Stephen Harper, atraviesa un período amargo por un escándalo de corrupción en el Senado que dio un coletazo al Gobierno, amenaza su credibilidad ante la opinión pública y podría costarle el puesto.

Desde mayo pasado, el dignatario intenta en vano distanciarse y frenar las secuelas del fraude al erario de los senadores conservadores Mike Duffy y Pamela Wallin, el exliberal Mac Harb y el independiente Patrick Brazeau para beneficiarse con dietas de viajes, vivienda y alimentación.

Harper ordenó endurecer las reglas de los viáticos, manifestó enfado e hizo tres viajes al exterior sin poder contener revelaciones diarias vinculadas con el caso y evitar a reporteros canadienses, quienes durante una visita a Perú incluso le preguntaron si él renunciaría por la crisis en su administración.

Una auditoría federal ordenó a los cuatro senadores involucrados en el desfalco a reponer al Estado miles de dólares cobrados durante años por concepto de ayudas financieras aunque residen en Ottawa, sede del Parlamento.

Pero el punto álgido del escándalo fue la dimisión como jefe de gabinete de Nigel Wright -exmano derecha de Harper y considerado el segundo político más importante de Canadá-, tras admitir que dio al menos 90 mil 170 dólares a Duffy para devolver el capital federal usado en cuestiones personales.

El senador habló en un inicio de un préstamo bancario para efectuar el reembolso y luego el exfuncionario del Gobierno lo desmintió.

Según Wright, entregó el cheque “con buenas intenciones por el bien público” y eximió a Harper de cualquier responsabilidad con el hecho, sin embargo existen rumores sobre la existencia de un contrato para dicha transacción financiera, redactado por un exasesor legal del propio mandatario.

La oposición acusa al primer ministro de estar detrás de esa maniobra y de obstaculizar una pesquisa sobre los gastos indebidos del legislador. De comprobarse la participación del jefe de Estado, entonces él y su gabinete conservador deberían renunciar.

Duffy es un experiodista de televisión que siempre favoreció a los llamados Tories y en enero de 2009 fue nombrado por Harper al Senado, como representante de la provincia de Isla del Príncipe Eduardo, donde solo posee una casa de verano, mientras su vivienda principal radica en la capital del país norteño.

La cadena noticiosa CBC recientemente reveló su ausencia a casi la mitad de las sesiones del máximo órgano legislativo, cuya norma es destituir a sus miembros si faltan dos veces seguidas a los plenarios, caen en la bancarrota, cometen traición, ofensa o crimen.

El caso de Duffy inspiró al profesor Pierre Beaudet, de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Ottawa, a denunciar en un artículo lo que considera “una poderosa maquinaria de Estado que fomenta el favoritismo y el nepotismo” en Canadá.

En su texto, el académico cita las raíces coloniales de la Cámara alta, el elevado presupuesto anual (alrededor de 100 millones de dólares) y su función nula en la vida socio-económica de la nación norteamericana.

“El Senado fue diseñado en principio a fin de evitar que los diputados elegidos no puedan ejercer sus plenos poderes y se ha convertido en un refugio para los amigos del gobierno. Los senadores elegidos a dedo llevan una vida cómoda”, escribió Beaudet.

A su juicio, los casos de corrupción en las provincias y municipios son solo “maníes” en comparación con el fraude de los viáticos en el Legislativo canadiense.

La polémica se volvió un dolor de cabeza para los Tories y le provocó las bajas de Wright, Duffy, Wallin, el diputado Brent Rathgebe y el parlamentario David Tkachuk como presidente del Comité senatorial de Economía Interna, responsable de administrar las finanzas en la Cámara alta y de tramitar las dietas.

Rathgebe abandonó las filas conservadoras alegando falta de transparencia, mientras Tkachuk dejó el cargo por supuestas razones de salud y en medio de acusaciones por “blanquear” el informe final de los gastos de Duffy.

El partido gobernante también sufre la pérdida de apoyo popular y ahora marcha detrás del Liberal en intención de votos, con apenas 27 por ciento de respaldo.

Según analistas, dicho resultado constituye un castigo de la población a Harper y a su formación política ante la falta de respuestas por la conducta inmoral y las estafas de los senadores.

De hecho, una encuesta de la firma Ipsos Reid mostró que 42 por ciento de los ciudadanos no cree en la sinceridad del primer ministro, 44 por ciento está inseguro y solo 13 por ciento le tiene confianza.

Por otro lado, el escándalo trajo de vuelta el debate sobre la abolición o reforma del Senado y la oposición de Canadá avivó el tema con una campaña que ya sumó hasta la fecha 18 mil seguidores a favor de eliminar ese órgano.

La petición recuerda que desde 2006 Harper designó a 59 senadores conservadores aunque prometió reformar ese órgano parlamentario y no nombrar más miembros.

En la actualidad, ese pleno está compuesto por 62 conservadores, 36 liberales y seis independientes escogidos por el primer ministro, con el puesto garantizado hasta los 75 años de edad y una función simbólica porque las decisiones legislativas las toma la Cámara de los Comunes.

Expertos auguran que aunque el escándalo perezca pronto, sirvió para socavar la imagen de responsabilidad financiera del actual Ejecutivo, puso en dudas su transparencia y catapultó a los liberales como los favoritos para ganar las elecciones generales de 2015.

Varios sondeos de opinión muestran a los Grits -como se les conocen a la agrupación opositora- al frente de la preferencia del público canadiense con 44 por ciento de respaldo.

Ese partido repuntó en apoyo popular luego de escoger en abril último a su nuevo líder Justin Trudeau, a quien los conservadores critican por considerarlo inexperto en temas políticos y económicos.

Sin embargo, ya existen proyecciones sobre la posible victoria de Trudeau sobre Harper en 2015 con 48 por ciento de los votos.

Los entendidos citan como las principales armas a su favor las habilidades como orador y la descendencia política del dirigente liberal, hijo del exprimer ministro Pierre Trudeau.

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