Desafío

RAFA LORET

*Cochineros Políticos
*Espías o Prevención
*Malos Radares de EUA
Por Rafael Loret de Mola

No hay duda que ser miembro de la “primera familia”, sean adoptivos o no, o por parte de la consorte, trae réditos inalcanzables para la mayor parte de los mexicanos. No es simple casualidad, además, a menos de que la ingenuidad raye en la estupidez, que alguno de la gran parentela, cuando menos, sea objeto de cooptación por parte de las mafias dominantes al grado, por ejemplo, de que han ido a dar a la cárcel dos de ellos –Rubén Zuno Arce, cuñado de Echeverría, y Raúl Salinas de Gortari, hermano de carlos; ya dijimos que a éste también lo pondremos en minúsculas-. El hecho es la persistencia en el acumulo de riquezas, prebendas y empresas a través de prestanombres quienes no pueden ocultar su condición. ¿Alguien duda, por ejemplo, de la condición de los Vázquez Raña bajo la férula de Echeverría?¿O de Jaime Camil Garza, cómplice de tres mandatarios hasta el momento, desde Zedillo hasta calderón –minúscula-, y gran contrabandista de armas viajeras cuyo destino bien puede ser Asia o África?
Todo ello se sabe en los corrillos del poder pero se considera, el solo hecho de mencionarlo, políticamente incorrecto; y ni siquiera la aviesa oposición, cada vez en apariencia más radical en su léxico –sobre todo cuando riñen entre quienes se dicen compañeros de partido-, se atreve a ir un poco más en el tema. No vaya a ser que la congeladora funciones. De hecho, el único que ha soportado los archiveros, los frigoríficos y la inapetencia periodística de no pocos medios es, nos guste o no, Andrés Manuel López Obrador con una capacidad notable para aglutinar multitudes aun pasados los meses y hasta los años desde sus campañas de altos decibeles. ¿Quién se hubiera imaginado, en enero de 2012 por ejemplo, que sería capaz de alcanzar, y a punto de rebasar, a Enrique Peña Nieto quien debió recurrir a ardides antiguos, como el reparto de despensas y bonos no escrutados por un órgano electoral arrollado? Y lo hizo como pez -o peje- en el agua.
Las guerras intestinas en el PAN, desde luego, son para distraer y divertir a una opinión pública que parece soportar, de manera estoica, la retahíla de adjetivos, descalificaciones, señalamientos, que más parecen derivados de una riña entre verduleras que de la acción política. Y, pese a ello, muchos sonríen imaginando, por ejemplo, los incendios estomacales de Gustavo Madero Muñoz, Ernesto Cordero Arroyo y, bastante menos, de Manlio Fabio Beltrones, de tan antigua filiación priísta que es capaz de tragarse un sapo en vez de las ancas de ranas, deliciosas, que sirven en algunos restaurantes de lujo. Quizá uno de esos días pueda acceder a uno de ellos para disfrutarlas lo mismo que los gusanos de maguey en temporada o los excepcionales escamoles, huevas de hormiga –uno de mis platillos favoritos-, que tuve a bien disfrutar en la maravillosa Tlaxcala en donde se vive con intensidad sin perder el confort mágico de lo provinciano.
El hecho es que ahora nos salió rabón –se los había advertido desde hace mucho tiempo-, el siempre mordaz Juan Ignacio Zavala Gómez del Campo, el cuñado-operador de calderón –minúsculas-, quien además fue su vocero durante la exitosa campaña presidencial en la que el recurso de las encuestas, su manejo, aunado a la campaña presidencial sobre los “peligros para México”, con participación de empresarios de alcurnia encabezados por Roberto Hernández Ramírez, antes dueño y ahora “discreto” accionista de Banamex o del Citigrou, la empresa financiera de lavado de dinero más grande del mundo. Zavala, lo recordamos bien, fue aquel “tartamudo” que no supo responder convincentemente a la pregunta sobre el alcoholismo de su cuñado presidencial, en su momento:
–Bueno, jeje… lo que hace la mala fama –dijo-. De joven le entró fuerte… pero ahora ya no. Bueno, de vez en cuando, pero siempre está consciente de sus responsabilidades.
Una afirmación más directa no podría haberse encontrado ante la torpeza del sujeto y el falso jugueteo con media centena de colegas con compromiso de confidencialidad; pero, como a mí nadie me dijo que fuese discreto –ni lo hubiese aceptado por pudor periodístico elemental- lo di a conocer en “Nuestro Inframundo” –Jus, 2011-, y allí quedó documentado pese a las mil maniobras para que este libro no fuera visto en las góndolas y los anaqueles de las librerías de prestigio. Me quisieron encajar un gol de altura… pero se olvidaron que a los contrarios los dirigía “El Chepo” y no “El Chapo”; de haber sido el segundo me habrían aniquilado ya. Con el primero, en cambio, tenía certeza de que fallarían en el área penal… y lo hicieron los nuevos hermanos Zavala. (Para mí, debo confesar que los primeros, oriundos de Guanajuato claro, me encantaban por sus voces excepcionales).
El evidente nepotismo, característico en Acción Nacional, permitió a Zavala –esposo de Margarita quien desea figurar en la lista de “presidenciables” una vez que terminé el sexenio que corre-, permitió a Juan Ignacio recorrer diversas instancias claves; por ejemplo fue director de comunicación social en la Procuraduría General cuando fungió como titular de la misma el “brujo” Antonio Lozano Gracia, y antes había trabajado para BBVA-Bancomer, una de las instituciones con origen español que se adueñaron del mercado financiero mexicano; por si fuera poco, al no poder acceder al gabinete en plena simulación calderonista, formó parte de la empresa PRISA, española claro, que publica El País en su nación de origen y cuyo tiraje comienza a ser importante en México –en algunas zonas citadinas, como Polanco, repletas de ejecutivos hispanos, ya es el cotidiano con mayores ventas en los puestos de periódicos-, con el propósito de apoderarse de acciones importantes en la XEW y en Televisa. En la primera, la entrada de PRISA significó el retiro de dos comunicadores de la misma: Carmen Aristegui y Carlos Loret de Mola Álvarez. Tengo suficientes pruebas de ello, naturalmente.
Ahora salta a la luz pública que el cuñado de calderón –minúsculas- también se benefició con los fondos especiales dirigidos a los senadores del PAN en la era de las vacas gordas: por ejemplo, Roberto Gil Zuarth, quien fue secretario particular de calderón antes de saltar al Legislativo bien apañado, reconoció haber solicitado, en supuesto préstamo, trescientos mil pesos para cubrir “una emergencia” de Zavala Gómez del Campo pidiendo que los mismos fuera depositados a la cuenta de éste… aunque no fuera senador de la República ni tuviera derecho alguno a ello, salvo su relación con el entonces “primer mandatario”. Por cierto, Gil se justificó: “es absolutamente mi problema porque pretendí apoyar a un compañero que lo necesitaba”. No sé si de tratarse de otro militante hubiera procedido igual; pero la intuición se inclina por la negativa.
En el mismo lapso, trascendió que fue él, Juan Ignacio, con la asesoría de su hermano Hildelbrando –el “rey” de los padrones manipulados-, quien a petición de su hermana Margarita, “primera dama” en esos días, se encargó de asegurar el patrimonio de la pareja que habitaba Los Pinos, esto es haciendo el papel de prestanombres con el mayor descaro y sabiendo que serían, todos, intocables. ¿Por qué? Esta es la interrogante que debiera responder el presidente Peña Nieto.
Mientras tanto, la “función” debe seguir. Y, por ende, el repiquetear de los epítetos son la orden del día, sobre todo los provenientes de Gustavo Madero, el dirigente nacional panista, quien parece enfrentado en una disputa sin fin con el ex coordinador de los senadores de su partido, el perdedor Ernesto Cordero quien pasó de la SEDESOL a Hacienda con mínimos conocimientos para encauzar un renglón estratégico como éste. Claro, se trataba, a toda costa, de beneficiar a los grandes cómplices –en su mayoría españoles- de calderón. Y aquí viene lo bueno: la estratagema tiene otra finalidad: distraer a la opinión pública sobre cuanto hizo calderón y su genízaro, Genaro García Luna, dándole tiempo a la clásica aplicación de la “medicina del tiempo” causante de la amnesia de los mexicanos.
Un pleito interno en el PAN, posibilita, por supuesto, la diversión necesaria en la pista de las grandes negociaciones soterradas; al fin y al cabo, a los panistas lo que menos les conviene, fuera de las disputas personales, que un ex mandatario de su filiación sea el primero en ir a la cárcel. Cien mil cadáveres, en el más ominoso de los silencios, lo persiguen; y veintidós mil desaparecidos, entre ellos no pocos colegas nuestros en el país con más agresiones contra informadores en el mundo, sólo superado por Irak. Así entiende la democracia la derecha. Ayer y ahora.
Debate
Seguimos metidos en la vida del espionaje. Barack Obama y el Congreso estadounidense lo pusieron de moda y ahora comienzan a surgir trapos sucios por dondequiera. ¿Cómo condenar a Julián Assange, quien se inventó Wikileaks, rompiendo los protocolos de seguridad en busca de información sobre cuanto hacen los gobiernos sometidos a la soberanía popular, cuando los líderes mundiales acreditan la práctica con la consiguiente violación a la libertad y los derechos naturales de los seres humanos? Ya nadie puede tener privacidad porque todos somos sospechosos en primera instancia. ¡No les digo la de ruidos que se escuchan en mis aparatos telefónicos! Y hasta me siento orgulloso: siquiera me toman en cuenta.
El hecho es que, en México, desde los días de las “muchas faldas” de la señora Marta, en combinación con otras dos damas, Elba Esther Gordillo Morales, ahora en desgracia en un hospital penitenciario, y Rosario Robles Berlanga, metida a la “cruzada contra el hambre” incorporada al gabinete de un presidente en quien, en el fondo, no cree salvo para obtener los estipendios necesarios, el espionaje se institucionalizó. Dos fueron las figuras centrales para ello: Ramón Martín Huerta, en esos días subsecretario de Gobernación y muerto en septiembre de 2005 en un extraño accidente en el que las evidencias fueron modificadas a satisfacción del entonces subsecretario de Seguridad Pública Miguel Ángel Yunes Linares, y Genaro García Luna, en esos días director de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI). Un póker imposible de vencer. Flor corrida.
La Anécdota
Los radares a los Estados Unidos les fallan desde hace mucho tiempo. ¿Quién no recuerda la célebre “expedición punitiva”, otra de las invasiones estadounidenses a nuestro territorio, comandada por John J. Pershing –a quien acompañó quien sería después célebre general, George Patton-, en marzo de 1916? Se trataba de dar caza, como si se tratara de animal en celo, al gran, inmenso guerrillero Francisco Villa –Doroteo Arango, su nombre verdadero-.
Y así llegaron hasta el pie de la cueva en donde Villa curaba de sus heridas, con la pierna desecha. El revolucionario y dos de sus hombres, escucharon toda la noche a los invasores quienes no imaginaron que tenían al “más buscado” a pocos metros. Y se fueron.
Desde entonces, los radares estadounidenses no detectan sino lo que les conviene; y dejan pasar los cargamentos de drogas con la venia de los “padrinos”. Ni Villa ni a las drogas han podido detectar.
– – – – – – – – – – – – – – – –
E-MAIL: loretdemola.rafael@yahoo.com
ES CURIOSO: LA GRAN BRETAÑA ESPÍA; LOS RUSOS TAMBIÉN Y AMBOS SE QUEJAN DE LA PRÁCTICA. EN MÉXICO, LOS ESPIADOS NEGOCIAN A SUS ANCHAS, INCLUSO LOS PEDERASTAS CON LA SUERTE DE ESTAR COBIJADOS POR EL SISTEMA, COMO EMILIO GAMBOA PATRÓN. ¿QUÉ ES PEOR?¿LA PÉRDIDA DE LA LIBERTAD POR LA INTROMISIÓN A LA PRIVACIDAD O LOS SUPUESTOS DELITOS, COMO LOS DERIVADOS DE LOS CÉLEBRES VIDEOESCÁNDALOS, QUE SE PERSIGUEN? NUNCA LLEGAN A LOS NARCOS, LOS TERRORISTAS O LOS SECUESTRADORES. HABRÍA QUE HACER UNA JERARQUIZACIÓN, PARA COMENZAR.

Comentarios con Facebook