Una infección rítmica en tierra chilanga con La 33

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CIUDAD DE MÉXICO, México, (N22).- 
A más de un año, y tras haber participado en el Festival del Tambor y las Culturas Africanas 2012, el sábado pasado La 33 de Colombia regresó al Plaza Condesa para sacudir con su música, que además de salsa, fusiona otros géneros como el jazz, el boogaloo, el guaguancó, el bolero, el son montuno y el funk, aderezados con un poco de rock –de hecho estos músicos tienen más facha de rockstars que de salseros–.
Inmediatamente la gente se contagió del sonido callejero de esta orquesta, que debe su nombre a la calle donde tienen su lugar de ensayo, en la ciudad deSanta Fe de Bogotá. Qué rico boogaloo, empezó por desinhibir esos cuerpos que poco a poco se dejaban llevar por el ritmo que marcaba el latido de su corazón, en comparsa con los metales y las percusiones.
Santiago Mejía aderezaba con las notas de su piano el Patacón con queso, mientras que el bajo de su hermano Sergio le daba sabor; pero fue La Pantera Mambo, aquella versión más explosiva que el original tema de la Pantera Rosa de Henry Mancini, la pieza que acabó de soltar los cuerpos, que ya sudaban a causa del calor provocado por tanto movimiento.
Parejas que parecían incansables, acompañadas por palmas que seguían el ritmo y pies que paulatinamente se movían en contra de su voluntad, infectados por la energía de la orquesta, cuyos vocalistas –Guillermo Celis “Guillo”, David Cantillo “Malpelo” y Pablito Martínez– transmitían al público con su actitud de frontman.
“¿Dónde está Latinoamérica señores?”, preguntó Pablito. “Sinónimo de paz, sinónimo de armonía, hacemos mover sus pies y sus corazones, nuestra música representa a nuestro pueblo, un pueblo hermano que nace y sufre como el suyo, ¡Qué viva México!”, prosiguió, mientras las congas de Alejandro Pérez –“el cubano más colombiano”–iban abriendo camino a La rumba buena, en honor a todos los “rumberos de América y del mundo”, y que dejó al respetable con los ánimos más que encendidos.
Rumbeando y presentando nuevo disco 
Pero La 33 también se dio tiempo para dar un probadita de su nuevo material, Tumbando por ahí, con su tema homónimo, La reina del Swing y Guayabo. Dicen que después de La Tormenta siempre viene la calma, aunque en el Plaza no fue así, pues luego del estremecedor grito de los metales en el intro de dicho tema, vino un solo de Juan Felipe Cárdenas, quien demostró su técnica en el sax tenor y provocó la ovación de los asistentes.
Obviamente el rock no podía quedarse fuera. “Tengo entre ojos a varios ‘mechudos’”, dijo Pablito refiriéndose a aquellos individuos que por su cabello largo reflejaban, a la primera, su gusto por dicho género musical.Roxanne, canción que en los años 80 hiciera famosa The Police, ahora se convertía en un homenaje a Sting y a Héctor Lavoe, que justamente el 29 de junio cumplió 20 años de muerto.
“Yo no sé dónde estará y con quién se fue” fue el coro que, seguido por las palmas, reprochaba la Soledadcausada por el abandono; mientras que unos cantaban, otros seguían mostrando su técnica en ese diálogo corporal llamado baile, empapados en sudor y que hicieron temblar el Plaza. Sobre el escenario, las banderas de México y Colombia estaban unidas.
La 33 se despidió, pero no se hizo mucho del rogar y salió una vez más para que el bajo, los metales y las congas acompañaran a “Guillo” a decir Byebye; luego toda la orquesta se descolgó con toda su fuerza para decirle adiós de una vez por todas a un amor con la contundente frase: “Entonce’ a mí no me digas que yo sin ti no puedo vivir”, que se sale del guión de las historias rosas de la salsa actual y  fue uno de los temas que más disfrutó el público.

Energía fusionada desde Bogotá

Desde Bogotá llegó a tocar esa orquesta que con su sonido prendió fuego a los oídos de los fanáticos, no sólo de la salsa sino del jazz latino e incluso de géneros disímbolos como el rock, gracias a la furia de su sonido. Gózalo fue el epílogo de una realidad que no es exclusiva de Colombia, sino de toda América Latina. Sin embargo, una hora 45 minutos no fue suficiente para canalizar toda esa energía a través de la música y el baile, lo que dejó a gran parte del público con ganas de seguir la fiesta.

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