Formación de gabinete tema controvertido en crisis egipcia

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El Cairo, 8 jul (PL) La situación en las calles de Egipto es candente y violenta a ratos, pero la pugna mayor hoy es soterrada y se concentra en la formación del gabinete que regirá el país en los próximos meses.
Una muchedumbre estimada en cientos de millones de personas invadió el domingo las calles de esta capital y de otras ciudades del país, movilizados por las entidades seculares para apoyar el movimiento que defenestró a Morsi el miércoles pasado manu militari con amplio respaldo civil.
Los fieles al mandatario se resisten a aceptar el hecho consumado, juramento de presidente provisorio incluido, y están concentrados en el  distrito capitalino de Ciudad Nasser, y en las proximidades de la Universidad de El Cairo, a la que se llega en pocos minutos en automóvil, aunque está en otra provincia, la de Giza.
El encono entre ambas tendencias ha dejado un saldo tétrico, 36 muertos y unos mil 400 heridos, tema que preocupa al Mando Militar, que encabezó la sustitución de Morsi, hasta el punto que emitió una advertencia en el sentido de que aplicará “medidas severas, aunque legales” ante cualquier ataque a manifestantes pacíficos.
La advertencia ha sido tomada en serio en especial por los seguidores del mandatario, miembros de la bien organizada y numerosa Hermandad Musulmana (HM, islamistas) y partidos afines que mantuvieron la víspera sus protestas dentro de cauces ruidosos, pero pacíficos.
Sin embargo, el forcejeo más enconado, aunque silencioso, ocurre tras bambalinas y se refiere a la identidad del primer ministro del gobierno provisional después del veto al polémico premio Nobel de la Paz Mohamed El Baradei, cuya designación fue anunciada, y desmentida, en apenas horas, para confusión general.
Aunque sin confirmación oficial trascendidos coincidentes afirman que la reversa del nombramiento fue impuesta por el partido salafista Al Nour (La Luz, en árabe), cuya dirección apoyó la destitución de Morsi, un resultado de la compleja urdimbre de tendencias y sensibilidades del espectro político egipcio.
Los paladines de El Baradei son los dirigentes del movimiento secular Tamarod (Rebelde, en árabe) el cual reivindica la posesión de 22 millones de rúbricas de personas que demandaban la impugnación de Morsi por cualesquiera medios y fueron el resorte que impelió a los militares a actuar.
Las autoridades provisorias optaron por preservar la unidad dentro de la heterogeneidad y, según versiones sin confirmar, proponen una fórmula salomónica: El Baradei como vicepresidente y para primer ministro el socialdemócrata Ziad Bahaa Eddin, que retorna hoy al país, una dupla también rechazada por los salafistas.
Cualquiera que sea el desenlace, las nuevas autoridades están en una carrera contra el reloj pues la continuación del vacío gubernamental opera en contra de sus aspiraciones de imprimir a lo que llaman transición democrática un aspecto aceptable para el resto del mundo.

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