Desafío

La familia de zánganos Borbones que se presenta como la representación del Estado español –específicamente el “soberano” Juan Carlos I, quien solía brindar aposentos a la princesa Corina zu Sayn-Wittgenstein, su amante, en las laderas del Palacio del Pardo, donde mantuvo su residencia oficial el sátrapa Franco-, goza de privilegios inaceptables entre los mandatarios de América Latina: por ejemplo siempre sitúan en el centro de las reuniones “cumbres” hispanoamericanas al “Rey” o al Príncipe de Asturias sin considerar que ninguno de ellos ejerce gobierno y sólo, insisto, el monarca puede presumir de ser jefe de Estado. De allí lo inadmisible de aquel exabrupto inolvidable contra el ahora extinto Hugo Chávez, el 10 de noviembre de 2007 en la XVII “Cumbre” celebrada en Santiago de Chile. Dijo Chávez que no la oyó, pero fue el único, y luego, ya en sus terrenos, arrió contra el “reyecito” recordándole cómo deben considerarse las soberanías y que él ostentaba, como era, el gobierno y la jefatura de Estado teniendo, por ello, una jerarquía mayor.
No obstante, seguimos bajo el complejo de los conquistados aun cuando será difícil volver a ver al infiel Borbón caminar por los caminos de Latinoamérica: cada vez se mueve menos, pero el poder es afrodisíaco. Por ejemplo, tras dieciocho años de prisión lacerante, ¿quién iba a suponer que el inmenso Mandela, padre de Sudáfrica, tuviera una recuperación, aunque fuese breve, cuando ya se esperaba su desenlace? Es el brío de cuantos, buenos o malos, han gozado de los privilegios del mando y, por supuesto, no quieren soltarlos. Acaso por ello mismo han rodado tantas “testas coronadas” bajo las diversas guillotinas de la historia. Algo hay, sin duda.
Insisto: ninguna canonjía debe aceptarse a favor de los reyes españoles, ahora repudiados popularmente ante el indecoro de vivir del presupuesto aportando sólo más fraudes y escándalos –desde los yernos hasta el monarca mismo-, considerando que dividen funciones con el presidente de gobierno de su país, por ahora el franquista Mariano Rajoy Brey, del Partido Popular, igualmente señalado por recibir “sobres”, con miles de euros cada vez, sin declararlos al fisco, esto es debajo de la mesa como un sobresueldo indecoroso y, sobre todo, ilegal. Ni Juan Carlos ni Mariano pueden situarse a la par de los mandatarios que fueron votados para ejercer sendas funciones: la de la jefatura del Estado y la conducción del gobierno como en el caso del presidente Enrique Peña Nieto con todo y las dudas sobre el reparto indecoroso de bonos, despensas y dinero en efectivo para mantener su ventaja electoral en julio de 2012, hace un poco más de un año ya.
Pero, además, los reyecitos citados se mantienen en el Palacio de la Zarzuela a todo lujo, sin recato de ninguna naturaleza; y lo hacen, por su fuera poco, cuando el número de desempleados en España casi alcanza ya a seis y medio millones de antiguos trabajadores, recortados, muchas veces de la noche a la mañana, sin importar su destino y el de sus familias cada vez más menesterosas y arruinadas. Claro, la tasa de suicidios ha aumentado lo mismo que las manifestaciones de quienes, en principio, se hicieron llamar “indignados” y después rebasaron, por la rabia concentrada, esta condición para reclamar, con justeza, sólo el cumplimiento cabal de sus derechos humanos más elementales: la alimentación, la salud, la vivienda y, por supuesto, el trabajo… algo que desconocen en el seno de la familia Borbón a través de los tiempos.
Y menciono todo ello porque ahora los huéspedes de tal residencia de lujo, están muy molestos porque abuchearon a los principitos de Asturias –¿cuándo se animará un mexicano, testigo directo de los hechos, a escribir la historia de Letizia Ortiz a su paso por Guadalajara y la ciudad de México?-, en el Liceo de Barcelona –lo que conlleva otros simbolismos como la terca inclinación por la separación nacional-, y la reina Sofía, vista como la cornuda mayor aun cuando ya no asiste a las corridas de toros, lo que hacía con hipocresía cuando era princesa griega y requería ganarse a los españoles, sufrió igual suerte en el auditorio nacional de Madrid. Las caras de los señalados, al momento de sufrir las afrentas, son un poema en pro de la modernización lo que no es otra cosa que el fin de las monarquías inútiles. ¿O vale algo tener a los zánganos, con estipendios fabulosos aunque acaso menores a los recibidos por los Ministros de la Corte en México, sin ninguna utilidad fuera la presencia altanera d los mismos en las reuniones diversas a donde acuden?
Pues bien, para responder a las protestas multitudinarias, la llamada “casa real” ha dicho que, aunque el pueblo tiene derecho a manifestarse, incordiar a la intocable familia Borbón es “de mala educación”. Por supuesto, enseguida llovieron los improperios al subrayar que la ausencia de cordura deviene, más bien, de quienes ni siquiera comprenden el dolor de millones por una crisis que los asfixia mientras a los habitantes de la Zarzuela no les llega. ¿Quién incurre primero en pecado?¿El pueblo que protesta ante el indecoro de sus representantes ociosos?¿O éstos que se sienten superiores, alzan las barbillas y ni siquiera dan una explicación certera, y moderna, sobre sus desmanes fraudulentos, los gastos que generan las cacerías del rey –de elefantes en Botsuana y de mujeres por todas las latitudes, incluyendo casi hasta las alcobas cercanas al tálamo monárquico-, y los abusos judiciales para dejar fuera a los familiares de Juan Carlos, incluyendo al yerno recaudador de influencias?¿En dónde comienza la “mala educación”?
Lo mismo sucede en nuestro México. ¿Alguna vez hemos recibido, siquiera, una disculpa por parte de los mandatarios execrables que hemos padecido?¿Algún intento de justificar los saqueos, las ejecuciones sumarias, las tantas injusticias, la desaparición de colegas y las persecuciones a éstos, como en el escandaloso caso de la productora de “Presunto Culpable” a quien se ha demandado, nada menos, por tres mil millones de pesos, por el grave atrevimiento de contar una verdad que está a la vista: la evidente corrupción del sistema penitenciario y judicial mexicano a cambio de los sueldos millonarios que reciben jueces, magistrados y ministros en sus respectivas áreas de influencia. Nos cansa, a veces, repetir lo mismo; pero sexenios van y vienen –el de Peña va ya en su octavo mes de gestación sin resultado alguno salvo las miles de palabras recogidas en pactos y acuerdos…soterrados-, y la corrupción se mantiene, imbatible, sobre los imperativos de los mexicanos por contar, alguna vez, con una justicia expedita.
Pero no. Los “malos educados” somos quienes criticamos. Desde luego, no justifico a los anarquistas cuyos desmanes callejeros ponen en riesgo las vidas y la seguridad de terceros. A eso no tenemos derecho y, en realidad, constituye una subversión intolerable que debiera ser coercitivamente mayor. Lo inadmisible es la cruzada contra la crítica por todos los medios imaginables y, para colmo, con el flagelo vergonzoso de imponer demandas por miles de millones de pesos fuera del alcance de quienes viven, con decoro, de su profesión y no tienen acceso a los onerosos “gastos de representación” del presidente, su gabinete, los mandatarios locales y los legisladores, sobre todo los muy cercanos a los coordinadores de las bancadas que distribuyen, a placer, dineros y privilegios inadmisibles en una democracia seria; hasta las edecanes se parecen mucho a las usadas por el sucio Berlusconi, en Italia –accionista, además, de Random House Mondadori-Grijalbo, una de las editoriales extranjeras que se han apropiado del mercado mexicano negociando con el gobierno la publicación de parte de los 49 millones de libros de texto gratuito-, para sus gustos privados. ¿En dónde, pues, comienza la “mala educación”?
Debate
Es de pésima cultura, al parecer, insistir en que la Comisión Nacional de Derechos Humanos, así como las estatales con la misma función, vele igualmente por el derecho esencial de los mexicanos, de los hombres libres en cualquier latitud, a elegir legítimamente a sus gobernantes. El pasado domingo 7 de julio hubo de todo, menos ecuanimidad y limpieza.
Un amigo de esta columna, me escribió:
-En todo el mundo, no hay elecciones limpias, impolutas: todas son fraudulentas sea por el dinero, las trampas de todo tipo, la alquimia y los algoritmos –como en Baja California-, y la permanente disposición de los aspirantes a transar hasta con su propia honra con tal de llegar al cargo anhelado.
¿Y esto es “buena educación”, siguiendo el hilo de los españoles regañados además de empobrecidos? No podría defender a la aristocracia hispana, tan petulante y ociosa –vividora, además, gracias a lo que cobran por aparecer en las revistas del corazón-, pero sí a los millones de trabajadores españoles que exigen la solidaridad internacional porque no tienen siquiera un gobierno que les escuche, esto es bajo el desprecio de una clase política que, como los reyes, no escuchan pero sí viven con festines cotidianos. La diferencia es evidente entre unos y otros, tanta como las distancias de clase que perviven en nuestro México.
Lo diré una vez: quien no sea capaz de sentar a su mesa a quienes le sirven, no tienen educación ni vergüenza al sentirse superiores sin más razón que sus disponibilidades. Esta debiera ser la primera regla para una moderna convivencia entre los seres humanos.
La Anécdota
Hay demasiados términos con significados diferentes de un país a otro. En México, por ejemplo, si alguien es llamado “gilipollas” se quedará tan campante mientras al otro lado del océano el término no podría siquiera escribirse en los diarios de pro, de esos que se sienten hacedores de la cultura y se la llevan por delante.
Este vocablo equivale al que usamos en México para describir a los muy tontos, más que idiotas –hasta aquí me permito porque la Suprema Corte nos brinda tanta libertad que debemos cuidar hasta cómo dirigirnos a los que forman el movimiento lésbico-gay sin caer en motivo de persecución-, mientras en Argentina significa otra cosa. Allí hablan de las “gallinitas” –un término dedicado a los jugadores del millonario River Plate desde los arrables del Boca Junior-.
En fin, vale más la pena mantener la boca cerrada… pero yo no puedo.
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E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com
LA BUENA EDUCACIÓN DEL PRESIDENTE PEÑA NIETO SE DARÍA SI ES CAPAZ DE DEFENDER DE LOS LINCHAMIENTOS A QUIENES EJERCEMOS UNO DE LOS DERECHOS NATURALES, BÁSICOS, DE LOS SERES HUMANOS: LA LIBRE EXPRESIÓN. ESTO ES: NO INVENTANDO DEMANDAS PARA CUBRIRSE ÉL LAS ESPALDAS LO MIMSO QUE LOS ALTOS MIEMBROS DE SU GOBIERNO, INCLUYENDO A LA JUDICATURA. ¿TRES MIL MILLONES DE PESOS CUESTA PRODUCIR UN DOCUMENTAL CON DENUNCIAS INCONTROVERTIBLES?¿Y CUÁNTO ME COSTARÍA, EN TALES TÉRMINOS, EDITAR UN LIBRO QUE DESNUDE AL CORRUPTOR SISTEMA POLÍTICO MEXICANO?

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