Veneno Puro

RAFA LORET
Por Rafael Loret de Mola

*Negociaciones Peligrosas
*De los Clanes Intocables
*Las Enfermedades Ocultas
Por Rafael Loret de Mola

Queda bastante claro el canal de las negociaciones en las que fue experto el personal al servicio de Zedillo, sobren todo el panista Antonio Lozano quien nos confesó que su salida de la Procuraduría General se debió a que pretendió denunciar a su jefe, el presidente, por fallas constitucionales graves pero bastante menos trascendentes que la extraterritorialidad de la Armada recientemente exaltada por el “primer mandatario”, precisamente por lo mismo: aprehender fuera de su zona de influencia, a los capos “más peligrosos”, según dijo, incluyendo, de alguna manera a cuantos fueron asegurados en el sexenio anterior.
De allí que las indagatorias pendientes en torno a los magnicidios de 1994, y un año antes el asesinato del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo –suavizado por la reforma al artículo 130 de la Carta Magna que posibilitó la reanudación de relaciones entre México y la Santa Sede-, sigan teniendo muy importantes aristas que es necesario, de una vez por todas, deslindar. De otra manera, la confianza general no podrá recuperarse ni por el efecto de algunos golpes mediáticos, digamos la aprehensión, el 26 de febrero, de Elba Esther Gordillo Morales, ni por la reiteración de las tácticas bélicas que, repito, no han frenado la “exportación” de psicotrópicos a la poderosa nación del norte.
De cualquier manera, la impunidad que cobija a Zedillo parece determinante. Y lo mismo sucede con el caso de Felipe Calderón a quien pretende ahora honrarse en Haití en donde estuvieron a punto de sucumbir varios colegas mexicanos sin que interviniera la embajada, mucho menos, el gobierno federal desde la capital, en su defensa y protección. Todo ello queda y sólo es posible superarlo con las armas de la razón y buscando la recuperación de la perdida confianza pública.
Por otra parte, preocupa, volvemos sobre este punto, la supuesta doctrina de grupos criminales, lo mismo secuestradores, narcos y terroristas en potencia, asentados en Michoacán que esgrimen banderas sociales en defensa de sus posiciones, de la misma manera como procedían, por ejemplo, los miembros del célebre “ETA” vasco que siguen cobrando “tributos revolucionarios” a sus compatriotas asentados en nuestro país y extorsionados, precisamente desde el sexenio de Carlos Salinas con disimulo después de Ernesto Zedillo hasta que el ex juez español Baltazar Garzón, puso sobre el tapete nombres, direcciones y nuevas ubicaciones. Presionado, y con vergüenza acumulada, debió actuarse, extraditando a media docena de cabecillas hacia España, a cambio de que los hispanos abrieran la posibilidad, no consumada, de estructurar un Tratado de Libre Comercio con México extendido a la Unión Europea; lo primero, se cumplió; lo segundo se manoseó, nada más.
Bien se sabe que, en Michoacán, son tres los grupos criminales dominantes: “La Familia” –que opera sobre los territorios otrora cardenistas, esto es a partir de Apatzingán hacia el sur-, “Los Caballeros Templarios” y “Nueva Generación”. Sendas gavillas, con enorme poder de fuego –tanto que han sido capaces de repeler al ejército y a los elementos de seguridad pública allí enviados aun descuidando otras regiones del país-, insisten en airear vindicaciones sociales que no pasan desapercibidas para los miles de campesinos y obreros sujetos a sueldos e ingresos de miseria a cambio del resplandor de sus jefes.
Llegados a este punto, subrayamos, de nueva cuenta un hecho incontrovertible: el clan Cárdenas no ha sido jamás molestado ni presionado por los delincuentes. No es que se piense mal, simplemente es la realidad, para fortuna, sobre todo, de un personaje cuyo nombre está inscrito en la larga lucha de los mexicanos por la democracia, el hijo del Tata: Cuauhtémoc. Y aquí la connotación: ¿por qué no se le pide a éste que sea una suerte de “comisionado para la paz” como ocurrió cuando se dio el alzamiento neozapatista en Chiapas en el amanecer de 1994, el año considerado el de la barbarie política? Si tanto se le respeta en la región, como ha sido evidente en todos estos últimos años, no hay nadie que tenga mayor autoridad moral para no dejar en manos d criminales las banderas que fueron las de su padre, la de los revolucionarios de ayer y hoy en general que clamaban por “tierra y libertad”.
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, tres veces candidato presidencial –y una vez, en 1988, vencedor sin reconocimiento del sistema por causa de Manuel Bartlett que estropeó al incipiente sistema de cómputo y ahora presume de izquierdista en una de las mayores paradojas contemporáneas-, tendría arrestos y voluntad para mediar en el conflicto y hasta resolverlo con la anuencia presidencial y más si se trata de ahorrarse toneles rebosante de sangre, incluso la de no pocos inocentes y periodistas que se atreven a decir, en sus pequeños espacios, cuanto callan los grandes rotativos bajo amenazas sin fin.
Sería, además, una importante propuesta para abrir sendas de cordialidad con una izquierda con tendencia a la radicalización por efecto de diversos errores directivos: las alianzas con el PAN –en Baja California se llegó al extremo de apoyar al gobierno vigente allí a cambio de migajas y sin el menor reconocimiento-, las discordancias frecuentes sobre la reforma energética en cierne, guiados más por el tránsfuga Bartlett, otrora represor, que por el propio Cárdenas, heredero del nacionalismo con el cual su padre sacó a las transnacionales británicas de los pozos con el emocionante apoyo popular, lo que dice mucho de la escasa lealtad ideológica de la izquierda.
Al respecto, hace unos meses, dialogamos con el ingeniero Cárdenas sobre si la izquierda debiera mantenerse unida; y respondió:
–¿La izquierda?¿Cuál izquierda? Porque en México hay muchas izquierdas y espacios demasiado reducidos para el ejercicio de cada una de ellas.
Sin embargo, Cuauhtémoc Cárdenas –olvidando a su prole que ni ha resultado igual-, tiene a su favor una postura con escasa propaganda: tras el manoseo electoral de 1988, Porfirio Muñoz Ledo le sugirió, al ver el fragor de sus simpatizantes, que tomaran el Palacio Nacional ya que tenían al zócalo abarrotado:
–No te olvides –le dijo Muñoz Ledo a Cárdenas-, del Cerro de las Cruces –en alusión a la retirada de Hidalgo cuando tenía a tiro a la ciudad de México con escasas guarniciones al servicio del virreinato, decisión que costó la vida del propio prócer y la prolongación de la guerra, cuando menos, una década más-.
Cárdenas se quedó meditando unos segundos y replicó:
–No a costa de la sangre de quienes están aquí, confiando en nosotros.
A los pocos días se desintegró el Frente Democrático Nacional y surgió el PRD aprovechando el registro del Partido Socialista Unificado de México (PSUM) que puso en sus manos el ya extinto luchador Heberto Castillo Martínez. Y el partido nació en febrero de 1989 con una perspectiva muy distinta a la actual pero con mayor firmeza e influencia en la sociedad mexicana. Un capital político atrozmente desperdiciado en mesianismos, arrebatos y cooptaciones arbitrarias con muy escaso sustento, desde un priismo incapaz, entonces, de evitar las escisiones.
Mirador
El caso es que debe hacerse algo para evadir el señalamiento, cada vez más frecuente, acerca del continuismo del actual gobierno federal sobre el “legado” de felipe calderón –minúsculas-, calificado como espurio desde el principio hasta el fin de su sexenio, y ahora observado como la punta de lanza, llamada Margarita –que no es de obsidiana como la de los antiguos pobladores del Valle de México-, para la recuperación panista incluso de cara al 2018. Se está dejando crecer a una de las figuras más deleznables de la historia reciente; así ocurrió con el dictador Antonio López de Santa Anna y con cuantos fueron, de rodillas, a pedir un monarca europeo a las cortes francesas y austriacas. ¿Y todo para qué? Para humillar al indio zapoteca que luchaba por la República y acabo defendiéndola hasta su muerte y, sobre todo, con la finalidad de hacerse de un espacio estratégico para combatir y vencer al entonces incipiente poderío estadounidense. ¿Vamos a tropezar, de nuevo, con la misma, lacerante piedra?¿La figura de Juárez vale tan poco como la del incipiente empresario marihuanero, Vicente Fox, quien ni siquiera sabe que el principal negocio de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera no es la cannabis sino la cocaína –ya somos el tercer productor de la misma-, cosechada en México o importada desde Colombia y Guatemala? Lo mismo la heroína y hasta el opio, que los colonos chinos, de México y Estados Unidos, consideran medicinal y lo extraen de las plantas de amapola.
¿Tal es el México que debe construirse con tal de mantener la impunidad de algunos ex presidentes que no cesan de hablar e intervenir en las cuestiones de Estado? No pensamos así, como tampoco lo hacen la mayor parte de los mexicanos.
Por las Alcobas
La enfermedad y cirugía de nódulos de tiroides a la que se somete el presidente Enrique Peña Nieto, el último día de este mes, obliga a replantear cómo debe funcionar el gobierno durante las ausencias del titular del Ejecutivo federal, sobre todo aquellas en las que el mismo no tendrá conciencia sobre sí mismo, por ejemplo bajo efectos anastésicos; no digamos en casos más graves, como la muerte, sea por enfermedades crónicas degenerativas o, loe menos deseable, por un atentado criminal. (No se olvide que el llamado “primer mandatario” cobra, dentro de sus sueldos nominales, una “prima” adicional por los riesgos severos que conlleva el ejercicio de su gestión, más aun en tiempos como los actuales marcados con el signo de la violencia).
Pocos, muy pocos, sabían que el presidente Enrique Peña Nieto, desde el inicio de su administración como gobernador del Estado de México, como él mismo reconoció hace unos días, venía padeciendo el mal que hasta ahora intenta atajar. ¿Por qué no lo hizo antes, es decir cuando iniciaba sus tareas como mandatario estatal, dejando transcurrir años preciosos en los que, por lógica, sus padecimientos fueron desarrollándose.
– – – – – – – – – – – –
E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com
En este espacio recogimos las sospechas, que resultaron bien fundadas, sobre el tratamiento recibido por el señor Peña Nieto a consecuencia de que se le encontró un cáncer incubado en la próstata, poco usual a la edad del presidente elevándose por ello su peligrosidad. La falta de congruencia y objetividad, aunadas a la tendencia a decir medias verdades, ha hecho que la opinión pública pierda roda credibilidad respecto a los voceros presidenciales y al propio mandatario, quien, por cierto, cada vez tartamudea más.

Comentarios con Facebook