Veneno Puro

RAFA LORET
Por Rafael Loret de Mola

*Lastres que Quedan

*Desperdicio: Moral

*Marines de Asfalto

Ya les decía yo que octubre es hermoso como lo es el otoño que exhibe el fin y el principio, las hojas cayendo del árbol de la vida pero sin mover sus firme tronco. Es una buena época para otear por los parques y llenarse de los vientos que despiertan los sentidos, todos ellos, enfriando por fuera y dando calor por dentro. Vida y muerte, como la existencia toda que no tendría sentido sin un principio y un final. Mi padre lo describía muy taurinamente:

–De nada sirve una gran faena a lo largo de ochenta años si no somos capaces de asestar una buena estocada final; sin una caída del telón digna se puede ir el éxito, el recuerdo e incluso en anhelo de la inmortalidad que anida entre quienes nos recuerdan.

Es verdad: los hombres morimos cuando deja de haber alguien que nos cite, un corazón que ame nuestra memoria y una razón para extender la memoria. Es un pensamiento aterrador que suele agobiarme cuando asisto a algún lugar público, digamos las plazas de toros que se convierten en hogueras de pasiones, y pienso que acaso dentro de medio siglo cuantos estamos allí, salvo alguna excepción, estaremos en otro plano, fuera de este mundo y, si se tiene fe, en la contemplación etérea del ser supremo. ¿Por qué nos duele dejar tanto esta vida si nos espera una eternidad sin diferencias de clase ni opresión? Es una pregunta que también me atormenta.

En fin, vamos caminando por octubre –el mes en el que irremisiblemente me hago más viejo a cambio de que me hijo mayor se torna más maduro en su extendida juventud y el menor siga su andar hacia la adolescencia aunque éste haya nacido en marzo-, y también dejamos, detrás de nuestros pasos, las efemérides. Ya recordamos al 2 de octubre que quiero tener presente mientras esté en este mundo; sencillamente porque nos marcó y acaso cercenó el valor de varias generaciones de jóvenes quienes venían pisándonos los talones y optaron por salirse de las filas que conducían a los liderazgos políticos para acomodarse a la sombra de los grandes capitales y de los herederos, a sabiendas de no poder escalar el último peldaño porque, en las pequeñas dinastías particulares, los tronos están ocupados por los que son señalados por sus progenitores sin que nadie les señale como hijos del nepotismo: dicen que con su dinero y sus empresas pueden hacer cuanto quiera, hasta saquearlas llevándose divisas al exterior y dejando sus empresas depauperadas con trabajadores en quiebra, éstos sí. Pero esta es la visión de la justicia para quienes no entienden de xenofobias ni de racismos al más puro estilo de las autocracias que perviven.

No espero, claro, que en este mes, el más otoñal de todos, caiga la monarquía de los zánganos Borbones, a quienes tanto desprecio por mi fe republicana, pero sí puede darse un sacudimiento que inicie el tormento hacia el finiquito. Lo mismo pienso del presidencialismo, en México, rebosante de elementos que ven al mandatario en funciones como inimitable e inigualable; lo he escuchado hasta la saciedad al paso de cada sexenio… y sólo al final algunos rectifican para acomodarse de nuevo dentro de las esferas del poder público porque no saben trabajar en otra cosa. Incluso muchos de los viejos funcionarios, crecen en sus negocios privados al calor de las influencias que conservan o tuvieron. Un vivo ejemplo de ello es cada uno de los muy ricos miembros de la derecha a quienes nadie persigue a pesar de los daños infringidos a la República.

Cada que viene calderón –minúsculas- a México, se ríe como no lo hacía ni cuando le quedó larga la casaca militar y parecía una caricatura de sí mismo. Yo no sé porque lo hace, acaso alguien le convenció de contar con una falsa galanura –para ello sería ideal que se divorciara para luego matrimoniarse con la execrable Laura Bozzo quien se pasea con un chico a quien dobla la edad bajo el glamour de la vanidad que entregan las candilejas-, y caminar con la cabeza erguida luego de seis años de mantenerla baja salvo en las ceremonias públicas en donde debía fingir. Ahora no lo hace porque, sencillamente, se siente intocable por obra y gracia de las facturas por pagar de quienes ejercen gobierno en la actualidad. Eso sí: en cada visita relámpago hace aseveraciones presuntuosas…pero no se hace acompañar del nefasto Genaro García Luna, el ex secretario de Seguridad Pública, bastante más cauto conociendo los precedentes.

El señor calderón, en su incursión más reciente, en medio del drama nacional por la devastación en más de media República –veinticuatro estados afectados y ciento treinta y nueve muertos además de decenas de comunidades aisladas y hambrientas, pobres en el más alto nivel concebible-, se atrevió a exponer que “sus” reformas –alguna de ellas elogiada por este columnista, como la política que preveía la segunda vuelta electoral, necesaria si se pretende consolidar la mayoría en torno al presidente y los gobernadores por venir-, fueron “bateadas” por el Congreso, esto es por un Legislativo sectario, mayoritariamente en contra del Ejecutivo desde 1997 cuando el PRI perdió la hegemonía que desciende de la mitad más uno de los electores, no siempre de los registrados en el Padrón.

Curioso: con lo expuesto coincide con quien nos vendió el cambio, el señor Fox, para luego explicar las razones por las cuales optaba por el continuismo sin el menor decoro; y acabó, además, traicionando a la democracia. Vicente, el de las botas y hebillas con sus iniciales –todavía se recuerdan sus botas de charol entre los zánganos del Palacio de la Zarzuela, en Madrid, como la mayor muestra de mal gusto en la historia de este sitio-, determinó que el Congreso era un “freno para México” y con tal eslogan salió, en 2003, a tratar de conquistar la mayoría de las curules y escaños llevándose un severo contratiempo; desde ese momento optó por marginarse detrás de las “muchas faldas” de su señora como él mismo describió.

Pero, ¿quién lo dijera?, calderón se parece igualmente a su mayor antagonista –refrendando nuestra vieja tesis al respecto-, Andrés Manuel López Obrador, a quien jamás me dirijo con su mote por consideración a sus millones de seguidores, incluso los incondicionales tuertos, que le siguen con un fervor envidiable desde los aposentos de los Pinos y los despachos del Palacio Nacional. Lo digo porque el icono de la izquierda, mil veces invitado, sería sencillamente incapaz de pronunciar un discurso, uno solo, sin llenar cada cuartilla del mismo con descalificaciones ofensivas a cuantos considere son sus adversarios de más peso en cada circunstancia. ¿No es así? Hubiera podido ser senador y líder de su fracción con un poco de menos soberbia y una mayor inclinación a superar las reglas del juego político. Pero lo suyo, cuando está crispado, es la calle, la marcha, el Zócalo rebosante para sentirse el nuevo Tlatoani de México –prefiero nombrarlo así a aquella parodia, ya terminada, del “presidente legítimo” con Rosario Ibarra, quien no merecía ser usada de esta forma, en condición de comparsa-, o de Tenochtitlan pero con ayuda de algunos traidores hispanos metidos hasta el cuello entre sus operadores. Por donde veamos, saltan las liebres.

Por ello, naturalmente, opta por alejarse del Congreso en donde se le invita a presentar su propuesta energética –lo que sí hizo el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas aun a sabiendas de la tremenda disparidad, en número, con sus detractores cooptados por Peña Nieto-, a sabiendas de que no tiene el fondo de la hijo del Tata, analítica y puntual. ¿Por qué, entonces, no la apoyó para mostrar su disposición de unificar a la dispersa izquierda?¿Por temor a que Cuauhtémoc fuera un peligro potencial en cuanto a la candidatura presidencial?¿Se olvida que en 2018, el ingeniero Cárdenas tendrá la friolera de ochenta y cuatro años de edad y él, Andrés, habrá rebasado los sesenta y cinco? Se hicieron viejos bajo el dogma del “todo o nada”, incapaces de negociar y, lo que es bastante peor, de defender los sufragios a su favor traicionando a quienes confiaron en él sobre las urnas. Como este columnista en 2006; ahora puedo decirlo, libre de la influencia que hubiera podido ejercer sobre mis lectores hace siete años. Lástima, insisto, en que lo hayamos perdido como líder natural que fue, escupiendo siempre hacia arriba… hasta Dios, diríamos, porque jamás podrá ocupar su lugar.

Sí, ya sé que no pocos optaron, como suele suceder, por quien previeron era “el menos malo”. Lo hicieron en 2006 y en 2012 sin que los usos facciosos cambiaran un ápice. La realidad, y es bueno repetirlo para que quede en las mentes de los simuladores de la democracia en cierne, tiene que ver con la desesperanza: millones, sí, millones de mexicanos ya no nos sentimos representados por alguna de las opciones políticas a la vista, incluyendo la incipiente Morena lista desollar a la izquierda. Y con estas cartas se pretende jugar en 2018… o acaso antes si la Presidencia de Peña se trunca antes de cumplir el segundo año de ejercicio, como auguran algunos médicos –intrigantes, claro, y seguramente francotiradores de la cirugía-, en medio de una batahola de crisis de todo género.

México camina, en este octubre, sobre las encrucijadas del pasado y el presente. Y vemos lejos nuestro futuro y destino.

Mirador

Se desperdicia la moral pública a puños. No la tienen los dirigentes de la CNTE cuando hablan de canjear “nueve mil plazas magisteriales” con la salida de sus rijosos de la ciudad de México; tampoco cuenta con ella calderón –minúsculas- cuando se escuda en la impunidad negociada olvidándose, en un abrir y cerrar de ojos, de los más de cien mil muertos y veintisiete mil “desaparecidos” durante su gestión ejecutiva en la las obras de infraestructura fueron útiles, sobre todo, para los narcos; ni López Obrador cuando pretende que las emergencias se tratan para boicotearlo y evitar sus marchas urbanas cuando, la realidad, es que sus acarreados de siempre provienen de las regiones más devastadas por la conjunción de las tormentas de la muerte.

Mucho menos puede considerarse que Peña Nieto es quien la empuña –a la autoridad moral- cuando es incapaz de abrir expedientes contra las empresas negligentes que sabían cuanto mal acarrearía hacer obras sin las especificaciones adecuadas para enfrentar inundaciones y sismos; ni perseguir a los funcionarios que obraron con lentitud y dejaron las cosas como están, ayer y hoy, con cientos de cadáveres sobre sus conciencias. Tampoco puede argüir tenerla los cientos de capitalistas multimillonarios que, cada vez que se extiende la industria de los damnificados, venden despensas –sin siquiera ofrecerlas a precios de costo-, acaban por especular y enriquecerse más. ¿Hasta cuándo?

La autoridad moral ha perdido una vez más. Pero la historia cobrará, muy alto, las consecuencias. Entérese, de una vez, el gobierno en curso y el presidente Peña.

Por las Alcobas

Y a todas éstas, ¿cómo se atreve la Marina a inducir que estaba preparada para establecer su plan de emergencia al constatar la llegada del huracán y las tormentas y que si no actuó fue porque faltó el llamado de las “autoridades civiles”?¿Lo necesitan cuando ejecutan operaciones contra el narcotráfico sin detenerse en sus límites ni en las soberanías estatales… aun cuando se trate de un flagelo tan grave como éste? Las falacias saltan a la vista.

Mientras seguimos contando, en México, con marines de asfalto. Pueden sentirse muy seguros quienes se animen a remar por las contaminadas lagunas de Chapultepec, las más cercanas a la sede metropolitana de los mismos. ¿Por qué no se traslada esta dependencia, si de descentralizar se trata, a las costas de Guerrero o Veracruz, donde debieran estar para acercarse a los ciclones devastadores y socorrer, a tiempo, a la población?

Este es uno de los misterios… de la fe política que sólo cree en la palabra “divina” del llamado “primer mandatario”.

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WEB: www.rafael-loretdemola.mx

E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com

CADA QUIEN EN SU LUGAR Y CON SUS ZAPATOS. SI LO ENTENDIERAN ASÍ LO MISMO LOS EX PRESIDENTES QUE LOS FUNCIONARIOS ACTUANTES Y LOS EMPRESARIOS MANIPULADORES, SERÍA MENOS EL DOLOR. PERO ÉSTE, POR DESGRACIA, ¡VENDE! QUEDÓ DEMOSTRADO CON CUANTO SUCEDIÓ CON EL MANEJO DE LA INFORMACIÓN MASIVA BAJO LAS DEFORMACIONES HISTRIÓNICAS: BOZO, EL VERDADERO, BROZO, EL TENEBROSO Y BOZZO, LA INDESEABLE. SI TELEVISA QUISIERA VINDICARSE YA SABRÍA POR DONDE EMPEZAR…LO MISMO QUE EL SEÑOR PEÑA Y SU CUADRILLA DE INCONDICIONALES.

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