Registro electoral, viabilidad política

sergio J

El sufragio es el vehículo privilegiado para formar los órganos y la voluntad estatales; genera ese proceso político mediante el que la sociedad se da su propio gobierno a través del expediente de la contienda electoral civilizada y en paz en el marco del Estado Constitucional de Derecho.

Se trata de una aspiración cuyo logro debe centrarse en una concreción específica: la lista de los que tienen derecho a ejercerlo. Sin ella, la comunidad política, simplemente, no existe, ni se mueve, ni vigila, ni premia, ni castiga. El registro electoral es, pues, la verdadera y única columna vertebral del proceso electoral moderno.

En efecto, nadie puede negar que el Padrón Electoral y la Lista Nominal de Electores son el cimiento de todo el edificio comicial. El número de boletas y actas, la cantidad y ubicación de las casillas, el tamaño y número de los distritos, el número de capacitadores electorales, el registro de nuevos partidos, la ratificación o no de los existentes e, incluso, su financiamiento, dependen del Padrón y de su confiabilidad, precisión y calidad.

El Registro Federal de Electores (RFE) del IFE tiene bajo su control el Padrón Electoral, la Lista Nominal de Electores y su permanente actualización y depuración. Tan solo para la elección federal de julio de 2012, contaban con alrededor de 85 y 80 millones de registros, respectivamente. Se trata del área más grande de la institución. Ninguna otra tiene más personal permanente por todo el país ni ninguna otra absorbe alrededor del 50% del presupuesto anual del IFE. En derredor de él, se agrupan y discurren todos los procedimientos fundamentales para la buena marcha de todo proceso electoral federal y estatal que desembocan en el día de la jornada electoral.

Además, expide y renueva la Credencial para Votar con Fotografía, que no sólo funciona como tarjeta de identidad electoral para poder votar en la casilla, sino que es el único documento formalmente reconocido por instancias del Estado mexicano y del sector privado como eficaz para acreditar ciudadanía.

Contrario a lo generalmente aceptado, el RFE no es una responsabilidad exclusivamente tecnológica, aunque tiene un gran sustrato en esa materia. Se trata en realidad de una instancia eminentemente política. En efecto, en el seno de esta Dirección Ejecutiva se encuentra la Comisión Nacional de Vigilancia (CNV), que es el único órgano colegiado de todo el IFE en el que los partidos políticos nacionales cuentan con voto además de voz e inclusive, mayoría, pues la integran representantes de las siete fuerzas políticas mexicanas y sólo dos funcionarios del IFE: el director del RFE y el Secretario de la Comisión, de los que solo el primero tiene voto.

La CNV despliega labores permanentes de supervisión sobre algunos de los más importantes programas y responsabilidades del RFE y, al conocerlos, modificarlos y aprobarlos, los partidos imparten una muy expresa legitimidad al trabajo del IFE en la materia.

Recordemos que la reforma constitucional de agosto de 2012 le asignó al Registro Federal de Electores nuevas responsabilidades relacionadas con novedosos mecanismos de participación ciudadana, y que el RFE encabeza hoy por hoy procesos fundamentales para México como la redistritación federal, un proyecto de nuevo modelo de credencial electoral y la sustitución de casi 11 millones de micas cuya vigencia ha terminado, amén de tener un nuevo Director Ejecutivo. Por todo ello, es momento de estudiar el área y sus retos pues encima se encuentra en un momento delicado de su historia institucional.

Consideremos primero que recientemente el RFE atravesó una de sus épocas más oscuras. En tan solo tres años (enero 2010 – mayo 2013) tuvo seis titulares, cuatro de ellos como encargados del despacho. Sin embargo, con la salida, hace unos días, de los últimos funcionarios y funcionarias remanentes de la lamentable etapa del Director Víctor Guerra (Sept 2011-abril 3013), se advierten señales que llevan al optimismo y que deberían tornarse permanentes: respeto a los mandos del Registro, a su trayectoria; confianza en su buen juicio y en su profesionalismo; una reparada e inmejorable comunicación con oficinas centrales y con las otras direcciones ejecutivas y unidades técnicas del IFE, además de la buena fama del nuevo titular, Ing. René Miranda Jaimes.

A Miranda se le presenta una oportunidad invaluable para restañar el prestigio de su cargo, pero solo si se abstiene de encabezar él mismo uno más de los grupos que luchan al interior del Registro y en cambio se sitúa por encima de ellos arbitrando para aprovechar sinergias anteriormente truncadas por funcionarias de Víctor Guerra, de primer nivel en salario pero de último grado en responsabilidad o de remuneración menor pero con enormes e intrusivas influencia y atribuciones por encima de las estructuras formales, inclusive la de la propia Dirección Ejecutiva.

El Consejero Presidente del IFE, el Dr. Leonardo Valdés, expresó en un evento registral de marzo de 2012 que “Los mexicanos creyeron en la democracia cuando confiaron en el padrón electoral”, y que “Así como hace 20 años la creación de un padrón confiable era un requisito para la transición, hoy contar con un padrón actualizado es un factor para la consolidación de la democracia mexicana y evidentemente de sus instituciones.” René estuvo en ese evento. Estoy cierto que sabe su cuento y que, afortunadamente, listo como es, estaba tomando nota…

 

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