ESQUIZOFRENIA DE LOS MANDONES

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En entrega anterior nos referimos al indiscutible derecho de los mexicanos para disfrutar de la Plaza de la Constitución, corazón histórico y político de nuestra nación, pero no con el populista y demagógico sistema gubernamental de convertirla en coto privado con sus absurdas playas artificiales, pistas de hielo, tianguis, velódromos, panaderías o salones de baile. El monumental espacio formado por ancestrales edificios no merece la invasión oficial de carpas inmundas ni retretes portátiles, y menos el amurallamiento por parte de tropas, tanques y artillería.

Con costos sufragados por la población, a través del tiempo se ha construido una infraestructura urbana que nos permite disponer de instalaciones y edificios adecuados para actividades artísticas, deportivas, militares o educativas. Afortunadamente contamos en todo el país, y principalmente en la ciudad de México, con teatros, auditorios, estadios, canchas, albercas, cuarteles, hospitales, escuelas y universidades diseñados específicamente para su especialidad.

Es lamentable, y apelamos a la autorizada opinión de los expertos, que se extienda la costumbre de utilizar edificios y espacios históricos como escenografía para espectáculos comerciales y televisivos. Monumentos únicos e invaluables como Chichen Itzá o Teotihuacan sufren alteraciones y daños irreparables para acomodar templetes, butacas, y equipos de iluminación y sonido, a fin de presentar a algún cantante de moda.

Los profesionales de la arquitectura y el urbanismo podrán atestiguar que la edificación de un teatro o auditorio requiere, para su buen funcionamiento, desde adecuaciones viales y facilidades de estacionamiento para permitir el acceso y la salida del público hasta el diseño de formas y materiales que garanticen la acústica y visibilidad de los foros. Además de cumplir con las condiciones de seguridad exigidas por los códigos y reglamentos de protección civil en prevención de emergencias y desastres. Eso no se puede ofrecer en el zócalo capitalino, ni en vestigios arqueológicos como templos pirámides y adoratorios prehispánicos, pero tampoco en otras plazas y parques públicos.

También resulta útil la opinión de músicos, cantantes y actores para entender la necesidad de realizar sus actividades y demostrar sus habilidades en lugares especializados, sin necesidad de falsear sus presentaciones con parafernalia tecnológica. El valor de las actuaciones en vivo radica, precisamente, en la naturalidad de sus recursos.

Zapatero, a tus zapatos, reza un antiguo refrán aconsejando dedicarse a las actividades que mejor se conocen. En todo el planeta es necesario atender al uso racional y orgánico de los espacios y de los recursos. Contravenir la naturaleza resulta funesto.

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