México: encuentro con los amados difuntos

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Por Jacinto Granda

México (PL) México se prepara para sostener un nuevo encuentro con los amados difuntos el 2 de noviembre, cuando tiene lugar una sus celebraciones más significativas en el año: el Día de Muertos.

Según la tradición, ese día las almas de los fallecidos vuelven al mundo de los vivos y sus seres queridos les agasajan en los hogares y en los cementerios.

Aunque la víspera también se realizan tributos al ánima de los niños, que regresan poco antes.

Esta ceremonia, la cual festejaban los pueblos originarios desde siglos anteriores a la colonización hispana, fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en el 2003 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

La UNESCO, en esa resolución, expresó que se trata de “…una de las representaciones más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo”.

La fecha se celebra también en algunos países de América Central, así como en comunidades de los Estados Unidos donde existe una notable población mexicana y centroamericana.

En la casa de Pedro Sánchez, en la capital mexicana, en esa fecha se reúne parte de su familia desde temprano para venerar a abuelos y padres ya idos e ir juntos al cementerio para llevar a sus tumbas diversos regalos, como flores, alimentos y bebidas.

Pedro, quien tiene una pequeña tienda de golosinas, explicó a Prensa Latina que ese día comparte con tres de sus cinco hermanos, ya que dos de ellos viven en Estados Unidos. También están presentes su esposa, hijos, cuñados y sobrinos. Es un momento especial, dijo, para recordar a nuestra familia que ya está con Diosito y de unirnos más entre nosotros.

 

LOS SANTUARIOS

Aunque el festejo adquiere diversas características, de acuerdo con la tradición familiar y la región donde se realiza, generalmente durante la madrugada de ese día en los hogares mexicanos se confeccionan los santuarios dedicados a sus difuntos.

Estos altares se levantan de diversas formas. La más sencilla es colocar sobre una mesa la fotografía de la persona fallecida, flores y objetos que le recuerden.

Pero hay otros más sofisticados, que llegan a tener hasta siete pisos, formados por la foto del familiar, comestibles típicos y preferidos del fallecido, flores, velas, varios símbolos religiosos y papeles morados y amarillos, entre otras ofrendas.

La flor más relacionada con la ceremonia es la de cempasúchil (o flor de 400 pétalos), de color amarillo intenso, que frecuentemente se riega en el suelo para semejar un camino y así mostrar al difunto el rumbo para llegar a la casa.

Se consumen igualmente platos típicos de esa celebración, como el pan de muerto y la calavera de dulce, los cuales en muchos casos llevan escrito el nombre del familiar ya ausente.

Particularmente demandado es ese sabroso pan de muerto, en su generalidad redondo y con ornamentos alegóricos.

En los comercios se ofertan numerosos artículos relativos a la fecha, como artesanías de calaveras, caretas y otros adornos referentes a la ocasión.

 

DE PASEO CON LA CATRINA

A la amplia plaza del Zócalo, enclavada en el corazón del Centro Histórico capitalino, especialmente engalanada para la ocasión, acuden miles de personas para celebrar este festejo.

En esa explanada se presentan espectáculos culturales, así como se ofertan artesanías y comestibles.

Adultos y niños se pasean disfrazados por allí. Muchos de ellos llevan la imagen de una calavera que tiene un gran sombrero adornado con flores, la cual es conocida como La Catrina.

La Catrina en su versión original es un grabado en metal hecho por José Guadalupe Posada hace poco más de un siglo.

Esa figura fue creada entonces como una crítica burlona a las personas que pretendían aparentar riquezas inexistentes. Sin embargo, en la actualidad se ha convertido en el símbolo nacional de la muerte.

DURANTE LAS VÍSPERAS

En los días anteriores a la fecha, igualmente se realizan actividades relacionadas con esta, como exposiciones de altares, artesanías y pinturas, montadas en centros de trabajo y lugares públicos.

Asimismo, recientemnte se llevó a cabo un concurso llamado Noche de Muertos, en el cual los participantes, vestidos con disfraces alusivos, recorrieron en bicicletas y patines avenidas de la capital.

En el singular desfile, se observaron a catrinas, dráculas, zombis y otras de esas espeluznantes figuras recorrer unos 11 kilómetros desde la glorieta de la Diana Cazadora, en el Paseo de la Reforma, hasta la Plaza Tlaxcoaque, en el Centro Histórico.

El origen del festejo se remite a unos tres mil años atrás, cuando las etnias mexica, maya, purépecha y totonaca, que habitaban el actual territorio mexicano, ya rendían culto a sus muertos. Las festividades se extendían durante varias semanas y eran presididas por Mictecacíhuatl, la diosa de la muerte.

Posteriormente, cuando llegaron a América los conquistadores españoles en el siglo XVI, impusieron también sus costumbres fúnebres, con lo cual se originó un sincretismo en esa celebración que mezcló las tradiciones originarias y las europeas, pero con el predominio de las primeras.

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