México al encuentro de sus amados difuntos

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Por Jacinto Granda

México acude hoy a un nuevo encuentro con sus amados difuntos, en una de sus celebraciones más emblemáticas del año: el Día de Muertos.

En este día, según la tradición, las almas de los fallecidos vuelven al mundo de los vivos y sus seres queridos les agasajan en hogares y cementerios, aunque desde ayer comenzaron los tributos al ánima de los niños, que son las primeras en llegar.

Esta ceremonia -festejada por los pueblos originarios mexica, maya, purépecha y totonaca desde siglos antes de la colonización hispana- fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en año 2003 por la UNESCO.

La fecha se celebra también en otros países de América Central, así como en comunidades de Estados Unidos con una notable migración latina, y hasta en la lejana Filipinas, otra excolonia española.

Aunque el festejo varía según la costumbre familiar y la región donde se realiza, generalmente durante la madrugada de este día se confeccionan en los hogares mexicanos los santuarios dedicados a sus difuntos.

Estos altares se levantan de diversas formas. La más sencilla es colocar sobre una mesa la fotografía de la persona fallecida, flores y objetos que le recuerden.

Pero hay otros más sofisticados, que llegan a tener hasta siete pisos, formados por la foto del familiar, comestibles típicos y preferidos del fallecido, flores, velas, varios símbolos religiosos y papeles morados y amarillos, entre otras ofrendas.

La flor más relacionada con la ceremonia es la de cempasúchil (o flor de cuatrocientos pétalos), de color amarillo intenso, que frecuentemente se riega en el suelo para semejar un camino y así mostrar al difunto el rumbo para llegar a la casa.

Se consumen igualmente platos típicos, como el pan de muerto y la calavera de dulce, y los comercios venden artesanías, caretas y diversos adornos y artículos referentes a la ocasión.

A la amplia plaza del Zócalo, en el corazón del Centro Histórico capitalino, acuden miles de personas para este festejo, y en otros lugares públicos hay exposiciones de altares y artesanías.

Adultos y niños se pasean disfrazados por allí. Muchos llevan la imagen de La Catrina, la calavera del gran sombrero con flores, que inmortalizó en un grabado en metal por el ilustrador y caricaturista mexicano José Guadalupe Posada (1852-1913) hace un siglo.

El personaje fue concebido como una crítica burlona a quienes pretendían aparentar riquezas inexistentes, pero en la actualidad se ha convertido en el símbolo nacional de la muerte.

En los días previos igualmente se realizan actividades relacionadas con la fecha, como exposiciones de altares, artesanías y pinturas, montadas en centros de trabajo y lugares públicos.

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