La hora del suelo


Roberto Salomón*

La Habana (PL) Base esencial de  la provisión de alimentos, el suelo se encuentra en muchos lugares  al borde del agotamiento de su capacidad productiva, por desatención y prácticas indiscriminadas que provocan su deterioro.
Según la Organización de  las Naciones Unidad para la Agricultura y la Alimentación (FAO), anualmente es presa de la erosión (uno de los mayores enemigos del suelo) una superficie equivalente a la del Reino Unido, es decir, 200 mil kilómetros cuadrados.
Aunque la lluvia, el viento  y otros factores naturales figuran entre los principales agentes de la erosión, el  diagnóstico de los científicos al respecto es unánime: la degradación de ese recurso como consecuencia de la actividad del ser humano se acentúa incesantemente.
Prácticas intensivas de laboreo y excesivo empleo de productos químicos por hectárea también integran la lista de los agentes de deterioro de los terrenos cultivables, a lo cual se une la industrialización y el creciente fenómeno de la urbanización.
Puede afirmarse que en Latinoamérica la degradación de los suelos comenzó con la llegada de los europeos -hace unos cinco siglos- y las primeras deforestaciones.
Ese fenómeno se aceleró en el siglo XIX con las extensiones de café y caña de azúcar, y en las últimas décadas por el accionar de las transnacionales relacionadas con la actividad agrícola.

¿Qué es el suelo y por qué una alianza mundial para su protección?
El suelo se identifica como la epidermis, la capa superficial de la Tierra, cuyo espesor va de algunos milímetros a varias decenas de metros.
Cubre aproximadamente dos tercios de la superficie terrestre, de la que apenas un seis por ciento es cultivable.
A iniciativa de la  FAO y en coordinación con otros organismos internacionales y regionales, fue lanzada este año la Alianza Mundial por el Suelo, al considerar un grupo de factores, en primer lugar, que se trata de un recurso limitado y bajo presión constante.
El surgimiento de esa unión se justifica, sobre todo, por el renovado reconocimiento del rol central de esa capa cultivable como la base fundamental para la seguridad alimentaria y la provisión de importantes servicios ambientales.
Tal alianza se erige como un instrumento internacional que aboga por la coordinación de iniciativas destinas a asegurar que el conocimiento y el reconocimiento de los suelos estén adecuadamente representados en los diálogos sobre cambio global y tomas de decisiones.
También ante la necesidad de contar con una voz unificada y reconocida de coordinación y colaboración que evite  fragmentación de esfuerzos y el desperdicio de recursos en la protección de un elemento, aún muchas veces visto y considerado por los políticos como una prioridad de segundo nivel.
Según el actual Oficial de Suelos de la FAO, el boliviano Ronald Vargas, la Alianza se apoya en cinco pilares de acción fundamentales, entre ellos el  manejo sostenible para promover la protección, conservación y productividad de ese recurso y el fomento de la inversión, la cooperación técnica, creación de políticas y la capacitación en esa esfera.
A juicio del experto, el mantenimiento de suelos saludables y fértiles para la alimentación de una creciente población mundial y responder a sus necesidades en términos de biomasa (energía), fibra, forraje, productos medicinales y otros  sólo es posible a través de una sólida alianza.
En conversación con Prensa Latina, Vargas atribuyó el deterioro de los suelos al mal manejo de estos en muchos lugares y precisó que anualmente se pierden a nivel global millones de toneladas de ese recurso, tal vez el más desconocido de los grandes medios del planeta.
Se trata -dijo- de un ser vivo que si no tiene sobre sí plantas que lo protejan, está desnudo, listo para que el agua y la lluvia lo golpeen.
Muchas veces -agregó- se cosecha todo y no se deja siquiera una hoja cubriéndolo, lo cual constituye una mala práctica, al igual que el uso indiscriminado de abonos químicos, que provoca que se contamine y pierda su fertilidad natural, de manera que con frecuencia la solución se convierte en la causa del problema.
La severidad y extensión de la degradación de los terrenos tiene un impacto negativo directo en la seguridad alimentaria y el estado de pobreza en las diversas regiones del planeta, consideró el Oficial de la FAO.
Este subrayó que el cimiento para la producción de alimentos es contar con suelos fértiles y saludables.
Hacia el 2050 el crecimiento poblacional estará acompañado de altas tasas de urbanización y, por ende, de mayor demanda de servicios y bienes ambientales. Esta situación pondrá mayor presión en los recursos naturales, especialmente en el suelo.
Un taller sobre suelos para el área del Caribe y América Central, auspiciado por la FAO, se efectuó en La Habana del 30 de septiembre al 3 de octubre, ocasión en que se lanzó la Alianza a nivel regional.
En el evento, que se realizó en coordinación con el Instituto de Investigaciones de Suelos, de Cuba, y otros organismos nacionales y regionales, se destacó que esta isla caribeña fue seleccionada sede de encuentro por la larga tradición, conocimientos y resultados en el manejo de ese vital recurso.
La cita concluyó con un plan de acción destinado a promover la conservación de los terrenos cultivables en el área.

*Periodista de la redacción Económica de Prensa Latina.

Comentarios con Facebook