Consulta Médica: Anorexia nerviosa

anorexia
Por José A. de la Osa

La Habana (PL) Cuando hablamos de anorexia se tiene que hacer la distinción entre anorexia y anorexia nerviosa. El término anorexia proviene del griego a/an (negación) y arexis (apetito, hambre) y se emplea en general para describir la inapetencia y falta de apetito.

Sin embargo, la anorexia nerviosa (A.N.), es un trastorno alimentario grave que consiste en el rechazo a la comida por parte del enfermo, a pesar de tener hambre, por el miedo a engordar, lo que puede producir una gran debilidad por una ingesta insuficiente de nutrientes esenciales.

Con estas consideraciones inicia nuestro diálogo sobre A.N. la Licenciada en Psicología Marta Bravo Rodríguez, especialista en Psicología de la Salud, quien se desempeña en el Servicio de Salud Mental Infanto-Juvenil del Hospital Pediátrico Universitario “Pedro Borrás Astorga”, en La Habana.

—¿Cuáles son las características principales de este trastorno alimentario?

—Te citaré, entre otras muchas, el peso corporal por debajo del nivel mínimo para la edad y la talla; miedo intenso a ganar peso o convertirse en obeso, lo que no desaparece aunque el individuo pierda peso; alteración de la percepción del peso y la silueta corporal: se sienten obesos aunque estén muy delgados.

En las mujeres posmenárquicas puede aparecer la amenorrea (falta de menstruación) que es consecuencia generalmente de la pérdida de peso, y en las niñas prepuberales puede retrasar la aparición de la menarquia.

La A.N. se clasifica en dos subtipos: el tipo restrictivo, cuando la pérdida de peso se consigue haciendo dietas y ejercicios físicos intensos, y el tipo compulsivo/purgativo, cuando el individuo recurre regularmente a atracones o purgas (vómitos).

—¿Conoce la ciencia en la actualidad las causas que pueden originarla?

—El origen es complejo y múltiple y se reconocen diversas causas, entre ellas las fisiológicas, psicológicas, socioculturales, familiares, profesionales, genéticas, hormonales.

—¿Tendría alguna relación específicamente con los patrones de belleza en boga, cuando las formas y medidas de extrema delgadez han devenido ideal estético?

—Las influencias sociales son importantes en la expresión de la restricción alimentaria, ya que se propaga por los medios de comunicación el ideal corporal más delgado, y se incrementa en muchos países la información sobre dietas.

Como resultado de ello se sobredimensiona el ideal de que la esbeltez está relacionada con ser más delgado.

—¿Es un trastorno exclusivo del género femenino y fundamentalmente de las adolescentes?

—Afecta principalmente al sexo femenino (alrededor del 90 por ciento). Sin embargo, estudios realizados en diversos países han encontrado la mayor incidencia en ambos sexos, en las edades comprendidas entre los 14 y los 18 años.

—¿Es común en Cuba?

— En nuestro medio no es frecuente, aunque no existen registros nacionales.

—¿Hay señales que indiquen que un miembro de nuestra familia sufre de A.N.?

— Sí, cuando hay disminución progresiva del peso sin que existan causas físicas que la provoquen. Se ha visto que estas personas pican en pequeños trozos sus alimentos, prefieren comer solos, tienen tendencia a ser perfeccionistas, a la introversión.

—En general, ¿en qué estadio estos pacientes solicitan atención médica? ¿Qué profesionales son los encargados de brindarles asistencia?

— Estos pacientes nunca visitan al médico por propia voluntad, van acompañados de los padres u otros familiares, atendiendo a que no tienen conciencia de su enfermedad. Deben ser asistidos, en primer, lugar por el médico de familia, quien valorará su remisión a los endocrinos, nutriólogos, psiquiatras, psicólogos.

—¿Qué procederes se emplean para establecer el diagnóstico?

—Se les realiza un exhaustivo examen clínico para descartar enfermedades físicas y psiquiátricas. Entre estas últimas citaría trastornos depresivos mayores, esquizofrenia, fobia social.

—¿Tiene tratamiento específico?

—Sí, y el tratamiento requiere del apoyo de un equipo multidisciplinario de especialistas. Si el paciente está hospitalizado, a veces hay que alimentarlo por vía intravenosa o por sonda nasogástrica para preservar su vida. La terapia individual, grupal y la familiar son esenciales.

Debemos saber también que aunque el paciente se haya recuperado, el tratamiento debe continuar alrededor de dos años para evitar una recaída. Lo más difícil e importante en el tratamiento es que el paciente reconozca su padecimiento.

—¿Qué consecuencias puede acarrear?

—A corto plazo las consecuencias son mínimas por lo regular. Ahora bien, con el decursar, cuando el paciente llega a un estado extremo de pérdida de peso, ello puede comportar afectaciones físicas y psíquicas e incluso poner en riesgo la vida.

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