CAMPAÑAS DE COMUNICACION SOCIAL

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Por Rafael Maldonado T

Las campañas de ventas como Buen Fin, o de acopio de dinero y bienes como Teletón, son materia de estudio y aprendizaje para profesionales de muy diversas ramas del conocimiento. Sociólogos, politólogos, comunicadores, publicistas y psicólogos pueden aprovechar esas experiencias y beneficiarse como en un gran laboratorio de la conducta humana.

Tal como ocurre con los espectáculos genéricamente llamados deportes profesionales, en su mayoría intrascendentes e inútilmente repetitivos, esas campañas logran la colaboración de millones de personas de recursos económicos escasos, quienes a pesar de estar conscientes de la posible falsedad del objetivo, gastan en ello enormes cantidades de dinero, indispensable para sufragar otras necesidades apremiantes de alimentación, educación, salud y vivienda.

Tal condición de docilidad de las masas es largamente aprovechada por empresas mercantiles, políticas y religiosas para lucrar y acrecentar su poder. Sin embargo, y a pesar de los esporádicos y pálidos esfuerzos de algunos espíritus esclarecidos y libertarios, la tendencia general manifiesta la fácil manipulación de las conciencias.

Las modernas y crecientes redes sociales electrónicas no han llegado a desarrollar su potencial. Las evidentes ventajas de la comunicación instantánea y directa también van siendo aprovechadas por los mismos mercaderes de la desinformación mientras el gran público se pierde en la banalidad y en la inútil catarsis del escarnio y las diatribas.

El resultado es demoledor de la esperanza. Las mentiras de siempre siguen siendo gustosamente aceptadas por las víctimas. Así los atractivos pero mentirosos descuentos ofrecidos por los grandes almacenes, como las promesas de honestidad de los políticos, son recibidos con beneplácito de la clientela, una y otra vez, hasta la náusea.

Panaceas contra la obesidad y la calvicie. Afeites y mejunjes que impiden la vejez hasta la muerte. Vida eterna y paraísos a cambio de rezos y limosnas. Campeonatos deportivos defendiendo el honor nacional entre cervezas y botanas. Entrega de los recursos nacionales a empresas extranjeras para mejorar los precios y nuestra calidad de vida. Cambio de siglas en el IFE para garantizar elecciones limpias. Militarización del país para obtener seguridad, justicia y respeto al estado de derecho. Partidos políticos nuevos que, jugando el mismo juego y con las mismas reglas, serán diferentes de los viejos.

Imperios que invaden países en nombre de la libertad, sembrando destrucción y muerte, espiando al mundo y persiguiendo encarnizadamente a quienes les espían, fingiendo que desean un mundo sin armas y sin guerras.

Viejas mentiras repetidas sin temor y sin vergüenza, pero aceptadas sumisamente sin honor ni gloria.

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