JOHN F. KENNEDY: 50 ANIVERSARIO LUCTUOSO

sergio J
SERGIO J. GONZÁLEZ M.

Mañana se cumplirá el quincuagésimo aniversario luctuoso del Presidente norteamericano John F. Kennedy (JFK).

Un reciente libro, cuyo título en español sería EL ASESINATO DE KENNEDY, 24 HORAS DESPUÉS. EL PRIMER DÍA DE LYNDON JOHNSON COMO PRESIDENTE, revela circunstancias hasta hoy desconocidas respecto de aquella sucesión presidencial que mueven a reflexión pues, sobre ese episodio, los científicos sociales y analistas políticos se habían enfocado exclusivamente en el asesinato y no en el proceso mismo de transición presidencial.

La obra narra y analiza políticamente, con maestría, las primeras 24 horas de Lyndon B. Johnson como Presidente de los Estados Unidos luego del asesinato de Kennedy y toda la operación política que él y su equipo tuvieron que desplegar en esos aciagos momentos para su país para afianzar un liderazgo real y perdurable ante una nación dolida, un agraviado equipo del presidente muerto y una familia Kennedy recelosa (el Procurador Robert Kennedy entre ellos).

De entrada, el autor informa que fuera por el shock de ver caído a su jefe o por un cálculo político, los colaboradores cercanos del presidente muerto retrasaron todo lo que pudieron el aviso formal de la verdadera situación clínica de Kennedy, a pesar de que el Vicepresidente Lyndon Johnson estaba en el propio nosocomio. Uno de dichos colaboradores inclusive le propuso a éste en un par de ocasiones, que volara de inmediato a Washington.

Johnson, que había sido muchos años Presidente del Senado, no era ningún novato en política y sabía de las implicaciones de salir de Dallas, Texas, sin confirmación de la muerte de Kennedy. Conociendo muy bien el poder de los medios, no quería ser visto como abandonando a su suerte a la viuda y el cadáver de su ex jefe y/o desesperado por cambiarse de oficina en la Casa Blanca.

Una arista interesante sobre la que borda el autor consiste en que Johnson y el Procurador General, Robert Kennedy, habían tenido una muy mala relación desde el momento mismo en que John Kennedy le había pedido al primero aceptar la candidatura a la Vicepresidencia. Por años habían recelado uno del otro, de tal manera que cuando Johnson, ya enterado de la muerte de JFK, dudó sobre la toma de protesta para asumir la Presidencia y le consultó telefónicamente al Procurador (formal consultor jurídico del gobierno federal). Este le contestó con una expresión ininteligible, quizá movido por el impacto de la noticia de la muerte de su hermano, quizá con la frialdad de la deliberación cuidadosa ante la coyuntura política.

Por otro lado, considere que por ley aún vigente en Texas, una de las obligaciones de la autoridad local frente a un homicidio es la realización de una autopsia. El servicio secreto, cuerpo de seguridad de los presidentes de los Estados Unidos, decidió que quería llevarse a la capital los restos de Kennedy y literalmente, a punta de pistola, secuestró el féretro, lo arrebató de las manos de los médicos forenses y lo trasladó al avión presidencial, el famoso Air Force One, donde a pesar de sus fundadas reservas, ya estaba a bordo el propio Johnson.

Johnson, que en realidad ya era Presidente por disposición constitucional, tomó la respuesta del Procurador como sugerencia de que protestara a la brevedad, aún antes de iniciar el vuelo a Washington. Aprovechando que la viuda estaba ingresando al Air Force One, la invita a acompañarlo en el acto en que rendiría el juramento de ley, lo que Jackie Kennedy aceptó sin reparo, con sus ropas todavía ensangrentadas y con restos del cráneo y masa encefálica de su esposo aún visibles entre su cabello.

¿Por qué Johnson decidió tomar el poder así? Sabiendo que, ante la posibilidad que el asesinato hubiera provenido de una conjura, quizá de nivel internacional, le era indispensable que los medios difundieran por todo el orbe un mensaje de continuidad política y que el gobierno norteamericano seguía incólume. Con ese fin, parado junto a la viuda, en un reducido y atestado salón de reuniones del avión, rindió la protesta de ley ante una jueza local amiga de él y frente a los fotógrafos. La fotografía es una de las más famosas de la historia moderna.

En un pasaje peculiar, el autor reporta que Johnson dijo que sentía que se había despertado hacía un año, en alusión a la vertiginosidad de los

acontecimientos del día y a los extremos de haberse levantado esa mañana siendo un adorno de la administración Kennedy y ya por la tarde ser el titular del Poder Ejecutivo.

Baste citar que en esa ocasión en especial Johnson no había sido tomado en cuenta para ningún aspecto de la gira presidencial por Texas, a pesar de que, antes de ser Vicepresidente, había sido legislador federal (Diputado y Senador) por ese Estado a lo largo de 24 años consecutivos.

En el vuelo de Dallas a Washington, Johnson trabajó arduamente con gran habilidad política con los cercanos a Kennedy que iban en el avión para convencerlos de permanecer en sus puestos para preparar las primeras acciones y los primeros mensajes que la nueva administración debería acometer. Lo mismo haría a lo largo del resto del día con los funcionarios designados por JFK que no habían viajado a Texas.

Al aterrizar, Johnson estuvo perfectamente consciente de dos cosas: que estaba a unos segundos de convertirse en el hombre más poderoso y conocido del mundo y que la nación necesitaba desahogar un proceso de duelo por Kennedy antes de aceptar una nueva figura en el ejecutivo federal.

Así, su alocución ante los medios fue breve, cargada de humildad pero diseñada para transmitir la idea de que a pesar de la pérdida, había liderazgo, continuidad y propósito garantizados en el gobierno y para comunicar tanto fuerza como dolor. Se dedicó a supervisar los arreglos funerarios correspondientes y decidió hacer suya la agenda legislativa de su antecesor (pero en versión más agresiva) para destrabarla en el legislativo haciendo uso de su experiencia parlamentaria, lo que a la postre produjo la fundamental e histórica legislación sobre derechos civiles del vecino país, aún vigente.

El autor, Steven Gillon, es Doctor en Historia por la Universidad de Brown, en Rhode Island, Estados Unidos, e inclusive, la obra ha merecido que History Channel haya producido y transmitido un documental tan extraordinario como el libro.

gsergioj@gmail.com

Twitter: @sergioj_glezm

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