Nelson Mandela, por toda la eternidad

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Por Julio Morejón

La Habana (PL) Tras una larga jornada de angustia, Sudáfrica enfrenta ahora el suceso más doloroso, sin dudas, de los últimos años: la muerte de su más eminente líder, el expresidente Nelson Mandela.

Acosado por una enfermedad pulmonar, agravada por el deterioro de 27 años de cárcel racista, el abogado y creador del brazo armado del Congreso Nacional Africano (ANC), el Umkhonto We Sizwe, combatió y venció una vez más.

“La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré por toda la eternidad”, expresó con magna lucidez.

Nació en Mvezo, Umtata, provincia del Cabo Oriental, el 18 de julio de 1918 en el seno de la comunidad Xhosa, en la cual Mandela poseía un rango nobiliario, que obviaría para encarnar la figura del luchador progresista.

El expresidente fue de esos hombres que emergieron para construir grandes cosas en un espacio político que tres décadas después de esa fecha sufriría la gran irracionalidad racista del sistema del apartheid.

De muchacho, estudió en una misión metodista y en el Clarkebury Boarding Institute de Engcobo, en la secundaria en la Healdtown Methodist Boarding School de Fort Beaufort.

Fue su profesora de primaria una misionera británica, quien le nombró Nelson, aunque su anterior patronímico completo era Rolihlahla Dalibhunga Mandela.

En 1939 fue a la ciudad de Alice para titularse en Derecho en el Fort Hare University College, reservado a educandos no blancos, y donde conoció a Oliver Tambo, quien desde entonces sería su gran amigo y compañero de luchas.

Pero fue en Johannesburgo, entonces provincia de Transvaal, donde Mandela se insertó con fuerza en el activismo político, cuando en 1943 se unió al Congreso Nacional Africano (ANC).

Esa organización era abanderada del nacionalismo negro fundado en 1912 y allí se relacionó con Walter Sisulu, otro insigne luchador por la igualdad social.

Mandela, Sisulu, Tambo y otros militantes, liderados por el intelectual Anton Lembede, trabajaron por la transformación del ANC, que hasta entonces expresaba sus demandas en el marco parlamentario.

El cambio pretendía formar un “movimiento de masas con un programa de exigencias más firmes ante el gobierno racista sudafricano”.

En septiembre de 1944, ellos echaron a andar la Liga de la Juventud del Congreso Nacional Africano (Ancly), de la cual Nelson Mandela fue electo secretario tres años después.

Con la victoria electoral del Partido Nacional (NP) en 1948 y el inicio formal por la minoría blanca afrikáner del sistema de segregación racial o apartheid, las perspectivas del ANC fueron hacia la clandestinidad.

Las vías del ejercicio político legal se fueron cerrando, no obstante aún el Congreso Nacional Africano privilegiaba la lucha por medios pacíficos, inspirado en el estilo de la minoría india y los sindicatos mineros negros.

Su proyecto contemplaba “el llamamiento político a la huelga general, la desobediencia civil, la no cooperación y otros instrumentos de resistencia no violenta”, de acuerdo con una versión biográfica de Roberto Ortiz de Zárate en el sitio digital Cidob, acerca de la trayectoria de Madiba -como cariñosamente se identificaba a Mandela.

Sin embargo, algunos ya percibían los cambios de métodos como una necesidad ante la realidad histórica que se les venía encima, aunque todavía comprometidos psicológicamente con el modo tradicional de exigir mejoras sociales.

Bajo el apartheid, la libertad era un derecho secuestrado muy difícil de alcanzar sólo con demandas pacíficas, pues el sistema estaba configurado moral y físicamente para rechazar toda opción de pluralismo social real. A ello se unía que en lo económico se basaba en la explotación de la población negra.

En 1950, Mandela fue promovido a miembro del Comité Ejecutivo Nacional (NEC) del ANC y, en 1951, a presidente de la Liga Juvenil.

Ya la madurez política de líder incorporaba la necesidad de formar un frente multirracial que incluyera a otros grupos de la resistencia, como los comunistas, para enfrentar al apartheid y su dictadura.

Para trasponer esos límites que debilitaban la cohesión, se creó la Alianza del Congreso.

Un año después, el ANC le encomendó la tarea de divulgar la Campaña de Desafío a las Leyes Injustas, vasta movilización de las masas que Mandela guió con la consigna de evitar actos de represalias violentas del régimen.

Mandela resultó detenido en julio y procesado bajo la acusación de violar la Ley de Supresión del Comunismo, juzgado y finalmente condenado en diciembre a una pena de nueve meses de prisión con trabajos forzados.

Tal sentencia quedó en suspenso por dos años “a cambio de la prohibición de participar en actos públicos y ejercer cargos políticos, y de un confinamiento en Johannesburgo por espacio de seis meses”, añade Ortiz de Zárate.

Un momento de suma importancia se evidenció en el país con la adopción de la Carta de la Libertad, aprobada por el Congreso del Pueblo, en la ciudad de Kliptown, el 26 de junio de 1955.

Esa decisión indicó el camino a seguir por los hombres más progresistas de su momento.

Los historiadores hacen énfasis en que ese documento plasmó la necesidad de concretar “un Estado multirracial, igualitario y democrático, una reforma agraria y una política de justicia social en el reparto de la riqueza”.

Ese programa avanzado marcó el resto de la fructífera existencia de Madiba como combatiente, militante y líder nacional, un acto que, ante todo, respaldaba el criterio de que “Todos serán iguales ante la ley”.

“Los verdaderos líderes deben estar dispuestos a sacrificarlo todo por la libertad de su pueblo”, y así lo hizo a partir de los años 60, cuando creó la guerrilla de la Lanza de la Nación.

En marzo de 1960, tras la Masacre de Sharpeville, el Congreso Nacional Africano, el Partido Comunista y el Congreso Panafricano (PAC) integran el movimiento de resistencia contra el régimen sudafricano.

Ese año, el ANC fue declarado ilegal y luego, sus principales jefes encarcelados y juzgados en el llamado Proceso de Rivonia de 1964, en el cual fueron sentenciados Mandela, Walter Sisulu, Goban Mbeki, Ahmed Kathrada, Raymond Mhlaba, Elbas Mosoaledi, Andrea Lilangeni, Dennis Golberg y otros.

Durante los años siguientes, el prisionero 466/64 se convirtió en el principal símbolo de la resistencia de la comunidad negra sudafricana y de la conciencia de toda esa nación.

Así, Nelson Mandela ganó la solidaridad internacional y marcó moralmente el deterioro de un sistema en descrédito que le acusaba de extremista dispuesto a aniquilar a los blancos.

Fue en Robben Island donde Mandela permaneció 18 de sus 27 años en presidio. En marzo de 1982 resultó transferido a la prisión de Pollsmoor, con otros altos jefes del ANC: Sisulu, Andrew Mlangeni, Kathrada y Mhlaba.

En 1988, fue enviado a la prisión Víctor Verster, donde permaneció hasta 1990.

El abogado y político fue el primer presidente electo en la Sudáfrica democrática en 1994; un año antes, el eterno luchador había recibido el Premio Nobel de la Paz.

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