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Ecuador se prepara para quemar el Año Viejo

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Por Nestor Marin

Quito, 27 dic (PL) Transcurridas las festividades navideñas, los monigotes que serán quemados en la medianoche del 31 de diciembre, en representación del Año Viejo, inundan hoy las calles de Ecuador, a la espera de los potenciales compradores.

Las ventas van bien, aseguró a Prensa Latina Segundo García, quien junto a varios miembros de su familia vende muñecos de todos los tamaños en una esquina de la avenida La Coruña, en el sector quiteño de La Floresta.

Según García las piezas de tela rellena de aserrín son fabricadas por ellos mismos, al igual que las caretas de papel maché que representan a conocidos personajes de la televisión, dibujos animados, deportistas y políticos.

Entre los penúltimos destaca el idolatrado futbolista local Christian Chucho Benítez, quien falleció en julio pasado en Catar, víctima de una afección cardíaca, mientras que entre los políticos, las más buscadas, afirmó, son las del controvertido alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, y el presidente Rafael Correa.

Y es que la quema en efigie de personajes de la vida real obedece en la mayoría de los casos a razones de popularidad, y no de odio, opinaron estudiosos de este ritual de orígenes paganos.

Prueba de ello es que la clasificación de Ecuador al Mundial de fútbol de Brasil 2014 es uno de los motivos que inspiró a los diseñadores de monigotes este año en la suroccidental ciudad portuaria de Guayaquil, reportó el periódico El Telégrafo.

Los más pequeños, a quienes se supone no les interese la política, pueden escoger quemar a Bart Simpson, al Increíble Hulk o hasta al invencible Superman.

Los precios en el improvisado puesto de venta callejero de los García varían desde los cinco hasta los 25 dólares, en dependencia del tamaño del muñeco, pero un monigote de 10 metros elaborado al detalle puede llegar a costar 250 dólares en Guayaquil.

La quema de los muñecos a la medianoche del 31 de diciembre constituye un ritual tradicional de purificación, que persigue alejar la mala suerte o las vibras negativas del año que se va.

Previo a la incineración, se lee el testamento que deja el Año Viejo al que llega, y hombres travestidos de viudas piden caridad para el moribundo, dinero que en la mayoría de los casos es utilizado en la compra de bebida para la fiesta.

A la celebración familiar o de barrio se unen las festividades organizadas por las autoridades municipales, como es el caso de Quito, donde se organizan concursos para escoger los mejores monigotes, tanto institucionales como comunitarios, con premios en metálico incluidos.

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