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Panamá comienza la batalla por la presidencia

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Panamá, 29 dic (PL) El calentamiento previo por las elecciones generales de Panamá del 4 de mayo de 2014 terminó el Día de los Inocentes, y aunque fue violento y para nada cándido, poco tiene que ver con la virulencia del ciclón que se aproxima.

Esa gimnasia, que comenzó en 2011 el propio presidente Ricardo Martinelli cuando rompió el pacto no escrito con Juan Carlos Varela de llevarlo candidato presidencial por la coalición Cambio Democrático-Panameñismo, refleja la hondura de las diferencias de intereses y la imposibilidad de zanjarlas.

La división política es a todos los niveles, desborda el límite de las toldas, ahoga en sus agitadas olas al sector empresarial y financiero y asfixia en sus aguas a los sectores populares que flotan en su reflujo hacia uno y otro candidato, movidas por fuerzas cuyos resortes programáticos hay que adivinar.

Aparentemente hay mucho odio acumulado, pero al escarbar en sus causas las ambiciones personales y de pequeños grupos sepultan la racionalidad y actúan como un repelente que hace casi imposible que el proselitismo marche por rumbos normales, y se mantenga la diatriba como eje de una campaña negativa.

El calentamiento que cerró ayer ha servido para definir en dos años previos los campos de intereses, los grupos opositores, los abismos insondables, los temores y esperanzas, y para abrir algunos resquicios de una política vernácula en la que solamente danzan unos poco privilegiados.

Este par de años en los que se ha enseñoreado en el idioma el insulto, han tenido el privilegio, sin embargo, de definir las aguas y, aunque un poco tarde, determinar que las alianzas opositoras son un sueño en una noche de verano y que los electores tendrán la tarea de dividirse más aún.

Significa que tendrán que escoger entre cuatro fuerzas con posibilidades de llegar al gobierno, y no dos como inicialmente cuando los contrincantes únicos debían ser los dos Juan Carlos, Navarro por el Partido Revolucionario Democrático, y Varela por la entonces coalición de gobierno.

A ellos dos se suman ahora el oficialista José Domingo Arias con todo el apoyo de la maquinaria de Martinelli, y Genaro López, un candidato popular del emergente Frente Amplio que tiene las simpatías del gremialismo laboral, pero poca experiencia. Los demás son independientes con remotas posibilidades.

Esos cuatro candidatos se reparten un caudal electoral de dos millones y tantos electores, y como no hay segunda vuelta ni mínimos, el que más votos válidos obtenga, será el nuevo presidente de Panamá. Martinelli de plácemes con esa división.

Si hasta este momento la batalla ha sido encarnizada, a partir de ahora podría llegar al paroxismo, pues lo que el gobierno denomina campaña negativa seguirá imponiéndose cubierta por una extensa nube de dólares que parece inagotable.

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