Bogotá, una ciudad insomne dará su adiós al 2013

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Por Anubis Galardy

Bogota, 30 dic (PL) Los bogotanos se precian de vivir en una ciudad insomne, con una intensa actividad nocturna incrementada en los feriados coincidentes con fines de semana que, en dependencia de las fechas, suelen comenzar el jueves por la noche, en lugar del viernes.

Son los llamados “juernes”, una síntesis abreviada de jueves y viernes, sinónimo de la rumba que suele armarse en la casa propia o de algún amigo, en una discoteca o en uno de esos conciertos gratuitos de música cantable y bailable organizados por la alcaldía en la Plaza Bolívar o en el Parque Nacional capitalino.

De gratín, los llaman aquí, y hay siempre una inmensa mayoría presta a disfrutarlos.

A diferencia de antaño, cuando Bogotá era en las noches una ciudad casi desierta, con hombres y mujeres vestidos de negro o gris, de pies a cabeza -como narra en sus crónicas Gabriel García Márquez-, la realidad es otra en los albores del siglo XXI.

Con la llegada de la gente de la costa, los colores hicieron su entrada de lleno en la capital, donde hoy predominan los rojos profundos, los naranjas ardientes, los amarillos como una llamarada y la afición al baile que, según consenso, trajeron del brazo los oriúndos de Cali y Cartagena de Indias.

El idioma hablado es el mismo, pero la curva de entonación diferente, de variados registros y el vocabulario entreverado de palabras caleñas como aletoso (ponerse bravo por todo), ábrase (váyase) y asao, quemao o rostizado (con mucha carga laboral) guajao (hombre voluminoso) o dar pedal (provocar).

Pero la exaltación por excelencia del baile corresponde a los habitantes del Pacífico, ese Chocó de profunda herencia africana y un ritmo que arrastra consigo, a golpe de percusión, aun a los más pasivos. Es como un corrientazo en la sangre, dicen algunos, nadie puede quedarse quieto.

Mención aparte merece la champeta de los cartageneros, mas bien un abrazo erótico de cuerpos que se entregan a un disfrute sin restricción alguna, un culto sin tregua al ritmo.

El “juernes” este fin de año comenzó la pasada semana y todo parece indicar que se prolongará hasta el 11 de enero, con un domingo salvador para reponerse.

Los bogotanos tienen ahora un aliciente extra: la esperanza de una paz entrevista en el horizonte. Con la mirada puesta en ella, quemarán el tradicional muñeco que representa el año que expira y esperarán el viraje hacia una vida distinta.

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