Colombia, un 2013 con la esperanza de la paz

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Por Maylín Vidal

Bogotá,(PL) Colombia vivió un 2013 marcado por la esperanza de miles de personas que anhelan una paz frustrada durante más de medio siglo, quienes ofrecieron un respaldo decisivo, con múltiples iniciativas, a los diálogos entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo.

Desde que comenzaron las conversaciones en noviembre de 2012 en Cuba, sede permanente del proceso, los colombianos expresaron su deseo de que esta vez, después de tres intentos, se llegue a una paz estable, duradera, con justicia social.

Foros y congresos “para dar voz a los que nunca han tenido voz”, encuentros regionales de diferentes sectores sociales, conciertos y marchas masivas se sucedieron en estos últimos meses en el país.

El pueblo ha sido el principal protagonista este año, señalan medios de prensa y especialistas. Una muestra de ello fue la marcha del 9 de abril, calificada de histórica por la participación de más de un millón de personas.

Ese día organizaciones sociales y políticas, el presidente Juan Manuel Santos, las instituciones religiosas, partidos políticos, organizaciones no gubernamentales y de defensa de los derechos humanos, s campesinos, jóvenes, estudiantes, obreros, indígenas y afrodescendientes, se unieron para decir sí a la paz.

Los campesinos jugaron un papel fundamental en estas movilizaciones, sobre todo en lo referido al problema de la tierra, primer punto de la agenda de paz entre las partes, cuyo anuncio de acuerdos parciales en este tema, en mayo pasado, fue recibido con júbilo y esperanza por muchos de los que creen hoy que la paz es posible en Colombia.

El campesinado ha protagonizado desde un congreso para impulsar la I Constituyente Agraria por la solución política y la paz con justicia social, hasta mesas regionales en las que han abordado no solo el tema agrario, también la participación política, la solución al problema de las drogas ilícitas y el tema de las víctimas.

Amplios sectores sociales han coincidido en que para que la paz requiere, en primer término, grandes transformaciones sociales. Mientras no haya garantías para la salud, educación, empleo y salarios justos, no habrá paz, afirman.

El mes más activo fue abril. Además de la multitudinaria marcha se realizaron dos encuentros, el primero con invitados de América Latina, Europa y África como el español Santiago Alba Rico y el belga Francois Houtart, quienes presidieron un panel sobre la geopolítica de la guerra, resistencia y construcción de la paz en el mundo.

En una de sus intervenciones Houtart llamó a crear una solidaridad internacional desde las estructuras de base, que apoye el proceso de paz. Las clases dominantes en Colombia, dijo, deben dar una oportunidad a la paz, la solución militar no funciona.

Asimismo, más de 20 mil colombianos participaron en el Congreso de los Pueblos construyendo paz para la vida digna, en el que diseñaron una agenda social para una salida pacífica del conflicto.

“Queremos la paz pero hay que abandonar la mezquindad, no más minería, no más pobreza, no más residuos de corrupción para la universidad pública y el sistema de salud, no más hablar de paz y seguir construyendo Tratados de Libre Comercio”, afirmó en la apertura de esa cita el representante a la Cámara, Iván Cepeda.

Abril cerró con el foro de participación política, el segundo de su tipo organizado a pedido del Gobierno y la guerrilla, que fue fundamental para este punto en la agenda de paz. En total se recogieron 400 propuestas encaminadas a abrir espacio al ejercicio de la oposición en el país.

El Premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel envió un mensaje al encuentro en el que pidió a los colombianos poner fin a la violencia y “desarmar las conciencias armadas”.

Las Comisiones de Paz del Congreso tuvieron un papel protagónico en estos 12 meses con varios encuentros, entre ellos la segunda fase de las mesas regionales que recorrió de punta a punta al país para escuchar las voces de las víctimas.

La Iglesia también estuvo presente de manera activa. En mayo más de 500 personas asistieron a un foro ecuménico por la paz en el que abogaron por la reconciliación y la construcción de una paz estable y duradera.

El papel de las mujeres en la construcción de este proceso también ha sido indispensable y así quedó reafirmado en octubre en la Cumbre Mujeres y Paz, a la que asistieron unas 400 colombianas que enfocaron sus propuestas sobre el último tema de la agenda, la implementación, refrendación y verificación de los posibles acuerdos.

El anuncio el 6 de noviembre pasado de acuerdos parciales en el tema de participación política generó grandes expectativas en el país y llevó a muchos sectores a opinar que la paz ya es hoy irreversible.

La palabra paz fue recurrente en las visitas de varias personalidades que visitaron el país como los presidentes Cristina Fernández (Argentina), Rafael Correa (Ecuador), Aníbal Cavaco (Portugal) y Joachim Gauck (Alemania), entre otros, quienes ofrecieron a su homólogo colombiano Juan Manuel Santos su respaldo.

En cada discurso Santos también se ha referido al proceso que, dijo, es el tema más importante hoy para Colombia. Llegó la hora de pensar en el futuro. La generación de colombianos que está naciendo debe ser la generación de paz, ha afirmado en sus alocuciones.

Tanto las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) -que hoy espera una señal del Gobierno para iniciar una mesa paralela-, han dado muestras de sus deseos de terminar con el conflicto armado, a través de liberaciones de rehenes y mensajes en los que apuestan a una paz verdadera.

En un comunicado conjunto, el 1 de julio pasado, ambas guerrillas invitaron a los colombianos a trabajar unidos y movilizarse para lograr “una sociedad democrática, incluyente, soberana y en paz”. Por su parte, el ELN ha anunciado que está listo para sentarse a la mesa, con un equipo conformado para esos fines.

Los colombianos se alistan para un 2014 mucho más activo, que aspiran sea el año de la paz estable y duradera para dejar atrás un conflicto con cifras elocuentes: entre cuatro y cinco millones de desplazados, 220 mil muertos y más de 25 mil desaparecidos.

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