La CIA bajo lupa acusadora por encarcelamiento de Mandela

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Pretoria, 9 ene (PL) La historia de manipulaciones de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de Estados Unidos, en asuntos políticos de otros países retornó a la palestra pública esta semana vinculada ahora al insigne nombre de Nelson Mandela.

Un estudiante graduado del Instituto de Tecnología de Massachusetts demandó al organismo de espionaje norteamericano en relación con el ocultamiento de archivos que evidencian su complicidad en el arresto y encarcelación de Mandela.

Ryan Shapiro exige a la Agencia desclasificar documentos que demuestran la responsabilidad de Washington en la detención policial del icónico luchador antiapartheid a mediados del año 1962 en la provincia sudafricana de KwaZulu-Natal.

La acción legal contra la institución con sede en Langley, Virginia, está basada en preceptos del Acta para la Libertad de Información de Estados Unidos y también reclama mayor transparencia al Buró Federal de Investigaciones y a la Agencia de Seguridad Nacional, del mismo país.

El estudiante de Massachussets explicó ante la Corte del Distrito de Columbia que la CIA nunca respondió a una solicitud suya, de tramitación rápida y con el mismo objetivo, ante la cual debió rendir cuentas el 29 de diciembre de 2013.

Nelson Mandela fue encarcelado durante casi tres décadas después de que un informante, hasta la fecha no identificado, avisó a las fuerzas de seguridad del régimen racista del apartheid sobre su paradero.

Durante muchos años diversas fuentes periodísticas han asegurado que la Agencia Central siempre vigiló al hombre que posteriormente fue Premio Nobel de la Paz en 1993 y el primer presidente negro de Sudáfrica en 1994.

Según informó el medio noticioso Cox News Service en 1990, un especialista del Departamento de Estado admitió de forma anónima que la CIA jugó un papel preponderante en el arresto y subsiguiente juicio contra Mandela por sabotaje y traición.

Empero, fue el reportero británico Andrew Cockburn quien en 1986 por primera vez denunció la conexión de la CIA con la captura de Mandela, por medio de reseñas para el diario The New York Times y la cadena CBS News.

Un hecho es que durante el largo tiempo en que el venerado y recién fallecido combatiente antirracista estuvo encerrado en Robben Island, varias autoridades públicas de Estados Unidos consideraron justa su estancia en esa isla prisión.

Por fechas cercanas a 1975, la retórica política norteamericana en contra del líder antiapartheid y su partido natural el Congreso Nacional Africano (CNA) fue extraída directamente de los libros de estrategias de la Guerra Fría creada por la Casa Blanca.

El CNA y Madiba (nombre tribal de Mandela) eran vistos por Washington como elementos peligrosos demasiados resonantes con la Unión Soviética, Cuba y el Partido Comunista de Sudáfrica.

Además las reiteradas declaraciones de respaldo al régimen del apartheid fueron afectuosamente llamadas por asesores de Ronald Reagan como “políticas de compromiso constructivo.”

El propio entonces presidente vetó un proyecto de ley para imponer sanciones al gobierno de Sudáfrica, al mismo tiempo que el grito de “Free Mandela” barría todas las latitudes del planeta.

En 1981, con el sistema de segregación racial en plena vigencia, Reagan dijo a la CBS que apoyaba al gobierno de Pretoria porque era “un Estado y país que, estratégicamente, es esencial para el mundo libre por su producción de minerales”.

Hasta 2008, una de las más grandes personalidades de la tierra necesitaba de una licencia especial del Departamento de Estado para visitar Estados Unidos porque su nombre estaba en una lista de terroristas redactada por Washington.

En diciembre pasado en Soweto, Johannesburgo, el presidente Barack Obama describió a Mandela como el gran reconciliador de Sudáfrica y último libertador del siglo XX.

Sin embargo, la verdadera historia política y personal del gobierno de Estados Unidos en contra del estadista de talla global, fallecido hace un mes y cuatro días, aún está por desclasificarse.

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