Desafío

RAFA LORET
Por Rafael Loret de Mola

*Acoso como Arma

*Los Democráticos

*Deuda: un Billón

Mentiría si escribiera que no lo esperaba. La “nueva” clase política es rencorosa y no olvida los agravios, así considera a las críticas, hasta que no lograr sacudirse a los incómodos, sean empresarios, líderes sociales, políticos, religiosos y, naturalmente, periodistas que se precian de ser incontrolables para fines de maridaje con la estructura gubernamental. De allí la esmerada selección de nombres para extender el temor hacia el llamado terrorismo fiscal que, en el caso de este columnista, tiene orígenes perfectamente explicables y a la vista: el propósito de NO someterse a las empresas editoriales con capitales españoles y, por ello, crear una Fundación para poder editar su obra más crítica: “Despeñadero”. Todo lo demás es consecuencia.

Debo confesar que, como la mayor parte de los mexicanos –es decir aquellos que no formamos el círculo dorado de Forbes entre los mayores multimillonarios de México y el mundo-, 2013 fue un año desalentador por cuanto a la parálisis sufrida en casi todos los renglones de la vida productiva. De allí que la primera experiencia de mi vida como “editor”, digamos un empresario aprendiz sin más afán que evitar el silencio impuesto desde el poder, fuera una constante de sorpresas y desafíos que, en muchos casos, tardé en descifrar hasta lograr el objetivo, con gran esfuerzo personal, en las principales plazas del país. Acudí, por ello, aunque no tuviera espacio propio para la venta de mis obras, a las ferias del Zócalo, Monterrey y, finalmente, la de Guadalajara, con una emocionante respuesta del público lector que mucho me alentó a seguir adelante. Pude así romper el círculo del silencio, en donde se pretendió aislarme para reducir los efectos de mis señalamientos en vez de responderlos, y dar la cara alzando la voz con mayor fuerza en cada ocasión.

Por supuesto, es evidente que, hasta el momento, no he podido determinar las ventas reales de “Despeñadero” ni me han liquidado los distribuidores y puntos de ventas por las mismas; es natural: para poder posicionar el libro debí dar todas las facilidades posibles con el propósito de no entorpecer la circulación y la exposición del mismo en los lugares en donde generalmente se busca las mercancías relacionadas con la cultura y el saber. Sabía yo que el reto era enorme, claro, por cuanto dependía de la buena voluntad –la obtuve, por fortuna- de almacenes y cafeterías exitosas en donde se venden, además, las obras de moda y algunas colecciones de las clásicas a precios de oferta. De igual manera, grandes librerías, como Gandhi, El Sótano, La Casa del Libro, Un Lugar de la Mancha, incluso la oficialista Educal y la recién fundada Híperlibro, hicieron pedidos generosos aunque, como siempre, a remisión… por lo que es necesario financiar por meses la puesta en escena luego de haber desembolsado una cantidad, para mí, importante, algo así como treinta y cinco pesos por ejemplar, entre el impresor, los correctores, los diseñadores, la responsable de la edición digital y cuantos hicieron diversas gestiones para poner al alcance de todos ustedes el libreo en cuestión. Yo mismo me vi precisado a la tarea de vender directamente algunos volúmenes durante las conferencias a donde fui invitado para tratar de salir de los gastos inmediatos.

Y de allí deriva la persecución fiscal, pese a las constantes respuestas a los requerimientos –el primero me llegó cuando aún ni un solo libro se había vendido-, obviamente precipitados y vistos con lupa. Como ya sabía que ello podría suceder, como arma medieval para tormento contra los paganos de la política moderna, di instrucciones precisas para estar al pendiente del tema y evitar, hasta donde fuese posible, el acoso. No pudo ser porque, sencillamente, no hubo consideración alguna y los inquisidores de la vida actual lanzaron sus ataques y fobias antes de que terminara armado el entramado para colocar una obra que produjo evidente escozor en la pútrida clase gobernante. No vaya a ser que la opinión pública se entere de la felonía de fondo y es preferible señalar al autor como un vulgar evasor de impuestos dada su osadía de desafiar al establishment y no quedarse cruzado de brazos ante la caballería gubernamental.

Así están planteadas las cosas. No me sorprende, me entristece, más bien, corroborar hasta donde vamos retrocediendo en nuestros afanes democráticos y en nuestros intentos por sumarnos a las naciones –muy pocas, debo reconocerlo-, en donde priva la libertad de expresión sobre cualquier prejuicio político o circunstancial. Muchas veces se editan por allí trabajos políticamente incorrectos pero de los que se desprende una razón superior: el derecho a disentir para, con ello, coadyuvar a la madurez de la sociedad pensante que puede, claro, tomar o no los criterios expuestos para conocer los terrenos sobre los que está pisando, máxime en territorios en donde las confusiones y controversias son extremas y nadie entiende el por qué de la aparición y desaparición de la violencia, por zonas, como si todo obedeciera a un plan previsto para abaratar a México y ponerlo en oferta para solaz de los consorcios del exterior.

Lo que es evidente, me queda muy claro, es que la hipersensibilidad oficial aumentó a partir de las discusiones, a todo vapor, sobre la reforma energética. Quienes estuvieron a favor, disfrutan de las compensaciones oficiales; quienes expusimos razones de fondo, en contra, pero sin la intención de obligar a los lectores a aceptar estos criterios, fuimos irremisiblemente condenados. Peor que el “círculo rojo” del foxismo; más bien como sucedió, en 2006, cuando decidí salir del país, ante el escandaloso fraude comicial de una derecha que, por desgracia, se quedó, minando la actuación del Legislativo y dirigiendo las reformas y acciones del señor peña nieto a través de personajes afines como el secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso, quien se presume presidenciable aunque, por el momento juegue igualmente la carta de la reelección presidencial a contracorriente de lo que la comunidad percibe: un gobierno rebasado, copado y saqueado, que dejará a México reducido, debilitado y sin defensas. ¿Quién se atreve a debatir este punto?

Pues bien, me toca mi dosis de sacrificio con publicidad al margen contra mi dignidad, infringiéndome un daño moral –la figura que tanto utilizan los políticos para perseguir a los periodistas-, al hacer escarnio público de una deuda con Hacienda que he explicado suficientemente. Se trata de elevar la persecución, la descalificación y el prestigio de un escritor independiente por todos los cauces posibles; de allí que igualmente sea una violación contumaz a los derechos humanos esenciales, el mayor de ellos es la libertad y entre ésta la de expresión, fundamental como contrapeso a los abusos del poder, como exhibición evidente del retorno a los viejos autoritarismos, guiados por una ultraderecha que permanece a la zaga del presidente con la complacencia del poderoso gobierno vecino del norte. Ellos imponen las reglas; los demás estamos condenados, sin remedio, a obedecer. Es la nueva imagen de la democracia “moderna” según se alega.

No es posible tolerar la afrenta; tampoco el afán de ser señalado cuando se buscan ventanas para ejercer una profesión y unja vocación negadas por los aliados oficiales que imprimen toneladas de libros d texto gratuitos, con una millonada de por medio, a costa de ejercer la guillotina, pausadamente para que duela más, contra quienes se atreven a seguir sus propios derroteros y los desafían.

Pues bien, entérense: acepto el reto y lo asumo como personal. No sé a dónde me llevará esta postura pero estoy convencido de que ya va siendo hora de que los mexicanos respondamos, con firmeza, a los golpes de los descastados apoderados del destino nacional.

Debate

El gobierno de la República ha recurrido a la vieja estrategia de fondear a costa de exprimir a los gobernados. A menos del final de la primera quincena del año, sus intenciones están muy claras: proceder contra la inerme sociedad para saquearla, oficialmente, con tributos fuera de la realidad mientras se privilegian los ingresos de los consorcios del exterior, abaratando nuestro suelo con la violencia y la paulatina depauperación colectiva. Si esto es revolucionario y democrático, entonces debemos considerar igual a Hitler, Mussolini y Franco –éste último redivivo en la figura del actual presidente del gobierno español, Mariano Rajoy Brey-.

Por desgracia, esta es la tendencia universal. En México ya se exalta a Don Porfirio –Díaz Mori y no Muñoz Ledo aunque parezcan de corte similar por cuanto a considerarse irremplazables y absolutos-, y comienzan algunos a redimir al genocida díaz ordaz –del mismo primer apellido- por cuanto a sus dotes para tranquilizar a la población a golpes de francotiradores. Para no pocos del gabinete actual, los he escuchado, este personaje fue un gran presidente salvo por la matanza de Tlatelolco, pero no por las muertes “inevitables” sino por “el mal manejo propagandístico” que le siguió. Esto es: los mexicanos somos números, no fondo.

Y con este criterio, los sabios economistas oficiales -¿sucedería un cataclismo si desaparecieran del mapa o será lo contrario?-, aducen que es necesario cobrar más y más impuestos, directos e indirectos, acelerando las funciones del terrorismo fiscal, esto es con los mexicanos atemorizados ante mecanismos, procesos y conductas que tienden a reprimirlos a mansalva y sin que se observe la mano que mece la cuna. ¿Y si llegamos al pavor colectivo?¿Habrán medido, allá arriba, las consecuencias?

La Anécdota

Ya he comentado que tras el camuflaje de las reservas récord del Banco de México, 176 mil 578 millones de dólares, siempre variantes, se encuentra la realidad: el conjunto de las deudas, interna y externa, tanto pública como privada, asciende ya a más de un billón de dólares, mil millones de millones, lo que significa que por cada peso “ahorrado” como garantía para los acreedores, debemos asumir empréstitos por 5.6 veces más. ¿Una bicoca? Quizá lo sea para la clase superior, no para quienes pagamos los platos rotos de los desórdenes de los sexenios anteriores, y el del presente, sin la menor intención de proceder con justicia contra los grandes predadores del país.

Lo anterior significa que cuando nace un mexicano ya arrastra detrás de él una deuda de 10 mil dólares, considerando una población de 112 millones de compatriotas de acuerdo a las estimaciones últimas. Y todavía, con esa carga a cuestas, nos redoblan los tributos hasta la asfixia. ¿Qué seguirá?¿Mandarán a quemar nuestras casas rentadas –con prejuicio para inquilinos y dueños-, con todos los nuestros adentro, como escarmiento brutal? La barbarie ya está aquí y todo es posible esperar.

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WEB: www.rafael-loretdemola.mx

E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com

PAGAR IMPUESTOS, LO SABEMOS TODOS, NO ES UNA PRERROGATIVA SINO UNA OBLIGACIÓN. PESE A ELLO, DEBE EXISTIR UNA CIERTA RECIPROCIDAD POR PARTE DE LOS ADMINISTRADORES DEL GOBIERNO: GARANTIZAR EL BUEN DESTINO DE LA RECAUDACIÓN Y QUE ÉSTA NO ESCUDE A LADRONES, CÓMPLICES Y CONCESIONARIOS QUE ESTÁN COMPRANDO A MÉXICO A PLAZOS. ENTIÉNDASE: NADIE ESTÁ OBLIGADO A PERMITIR SER ROBADO, NI POR EL RATERILLO CALLEJERO NI POR LOS INQUISIDORES CON ROPAJES DE SERVIDORES PÚBLICOS. Y CON ESO, CLARO, NINGÚN MEXICANO DEBIERA ACEPTAR QUE LE BOLSEEN QUIENES OFRECEN A LA NACIÓN A LOS ESPECULADORES DEL EXTERIOR SIN NINGUNA SATISFACCIÓN PARA QUIENES COMPARTIMOS EL HONOR DE NUESTRA ENTRAÑABLE NACIONALIDAD.

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