Capital peruana celebra 479 aniversario de fundación

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Lima, 18 ene (PL) La capital peruana recibió el 479 aniversario de su fundación española con una serenata de todos los ritmos y todas las sangres, en la Plaza Mayor, la misma en la que el conquistador Francisco Pizarro la bautizó como Ciudad de los Reyes.

Esa fiesta se extendió hasta la madrugada, con música y bailes criollos, afroperuanos, andinos y mucho rock fusión que con tanto talento desarrollan las nuevas generaciones, así como aires cubanos y cumbia matizada con toques andinos.

La diversidad del espectáculo evidencia el mosaico multicultural en el que se ha convertido la que fuera durante siglos capital del poder dominador español en América del Sur, al punto que todavía hoy conserva costumbres y hasta algunos arcaísmos hispanos.

A primera hora, todavía con los humos del festejo, los actos oficiales se iniciaron con el izamiento de las banderas de Perú, Lima y el Tawantinsuyo, esta última con los colores del arco iris y como símbolo del pasado indígena, convertido en presente por un torrente migratorio andino que desde mediados del siglo pasado cambió socialmente y culturalmente a la ciudad.

A tono con esa presencia cada vez más determinante, los actos de aniversario incluyeron un homenaje al curaca (cacique) Taulichusco, última autoridad nativa del territorio que ocupa la ciudad hasta la conquista hispana, y reivindicado con un monumento hace 30 años por el entonces alcalde izquierdista Alfonso Barrantes.

El curaca era descendiente de los primeros pobladores llegados, según recientes estudios, del norte peruano, hace ocho milenios, huyendo de un cambio climático que había hecho crecer las aguas del mar hasta hacer inhabitable la costa en que vivían.

El nombre original de Ciudad de los Reyes, consagró la pequeña villa a los monarcas hispanos, cambiaría con el tiempo por el actual, una distorsión del vocablo quechua Rímac, que nombra al río que recorre la ciudad y que significa “hablador”, alusión metafórica al sonido de su paso desde los andes golpeando las piedras del trayecto.

Precisamente las entonces cristalinas aguas del Rímac atravesaban el desierto costero y hacían del paisaje un cálido oasis, según las crónicas de la época, lo que animó a los emisarios de Pizarro a recomendarle que estableciera aquí la capital, tras descartar Jauja, un valle interandino, por el clima frío y las inhóspitas montañas que lo rodeaban y su lejanía del mar.

La ciudad está hoy lejos de aquella imagen paradisíaca que deslumbró a los españoles, convertida en una caótica urbe de ocho millones 693 mil 387 habitantes, cifra oficial difundida hoy y que representa un incremento de casi 300 mil habitantes respecto a los ocho millones 500 mil 842 registrados hace exactamente un año.

Tiene graves problemas de transporte y otros servicios esenciales y su tránsito caótico, que lucha por resolver el municipio que encabeza la alcaldesa centroizquierdista Susana Villarán, bajo fuego graneado de fuerzas políticas y medios de prensa conservadores, que para muchos favorecen intereses ligados a la corrupción.

Para los limeños, el principal problema es la inseguridad, estructural y de causas profundas, que busca enfrentar el gobierno nacional; aunque, por cierto, ninguno de esos problemas ha hecho que la vieja Lima haya perdido sus encantos, entre los que se encumbra su afamada gastronomía.

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