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Consulta Médica: Cólicos del lactante

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Por José A. de la Osa

La Habana (PL) El profesor Fernando Domínguez Dieppa es claro en su expresión: Con la palabra cólico, dice, nos referimos a un frecuente complejo de síntomas con dolor abdominal súbito, supuestamente de origen intestinal, y acompañado de un llanto intenso.
Y precisa con magisterio: El niño frunce el cejo y la cara se le enrojece, pero curiosamente existe una palidez peribucal. El abdomen se ve tenso y distendido, con las piernas flexionadas sobre él, aunque puede extenderlas brevemente. Las manos están apretadas y los pies casi siempre fríos. No desaparece hasta que el niño queda exhausto y en algunas ocasiones hasta que no expulsa un poco de heces y gases.
El doctor Domínguez es especialista de segundo grado en Pediatría y Neonatología, Doctor en Ciencias Médicas, Investigador y Profesor titular del Hospital Ginecobstétrico “González Coro”, facultad “Manuel Fajardo”, de La Habana. Es miembro de honor de la Academia Americana de Pediatría y también de la Sociedad Americana de Pediatría, ambas de EE.UU.
—¿Los cólicos ocurren en todos los bebés?     — No. Algunos lactantes parecen ser más susceptibles a padecerlos. Hay familias en las que casi todos sus miembros los presentan, pero no tienen repercusión posterior alguna en la salud del niño.
—¿Es una enfermedad o una manifestación pasajera?
—No podría decirse que es una enfermedad, sino más bien una entidad clínica benigna y transitoria. Aunque muy molesta y agobiante no solo para el niño, sino también para sus padres y abuelos.
—¿Se conoce la causa que los desencadena?
—No. En ocasiones se asocia al hambre y a la cantidad de aire que ha tragado, así como a una alimentación excesiva o rica en carbohidratos (por la fermentación de estos en el intestino). Algo importante es que lo mismo se ve en niños con lactancia materna exclusiva que en aquellos sometidos a una lactancia mixta (leche materna más otro tipo de leche).
—¿En qué etapas de la vida del bebé suelen presentarse?
— En menores de tres meses, y por lo general aparecen a partir de la tercera semana de vida, aunque algunos niños “debutan” antes.
—¿Tienen “predilección” por los horarios del día o de la noche?
— Se les ha denominado “cólicos vespertinos” porque son más frecuentes al atardecer. Aparecen entre las seis de la tarde y las diez de la noche y pueden extenderse hasta la medianoche.
—¿Cuál es la frecuencia de estos episodios y cuánto duran?
—La frecuencia es muy variable y la duración de los episodios también. Pueden ser muy breves (2 a 3 minutos) o sostenidos (hasta 20-30 minutos).
—¿Tienden a desaparecer con el devenir?
— Algunos autores les han llamado “cólicos de los tres meses” porque casi con exactitud matemática desaparecen a esa edad, pero no es un buen nombre ya que a veces se prolongan un tiempo más. Lo cierto es que son excepcionales después del cuarto mes.
—¿Tiene alguna característica especial el llanto de un bebé con cólicos que pueda alertar a los padres?
— Las madres se dan cuenta de inmediato que no es el llanto debido al hambre porque, además de ser muy intenso e intermitente, se acompaña de la sintomatología antes descrita, sin que se alivie o tranquilice cuando lo pone al pecho.
—¿Cómo se establece el diagnóstico de certeza?
— Es netamente clínico, no hace falta ningún examen para confirmarlo.
—¿Existen otros trastornos que deban ser descartados?
— Obviamente sí y son varios. Algunos niños alérgicos podrían llorar por cierto malestar intestinal ante algún tipo de alimento. La obstrucción intestinal o una infección peritoneal podrían confundirse con cólicos. Se debe descartar también la posibilidad de una hernia estrangulada y la invaginación intestinal, así como otras afecciones clínicas como la otitis, la infección urinaria y hasta la molestia causada por un pelo u otro cuerpo extraño en un ojo.
—En general, ¿cuál es el tratamiento que se indica?
—Ningún tratamiento hasta el presente proporciona un alivio eficaz. Puede servir de ayuda colocar al niño en posición erguida sobre el lado izquierdo del tórax de la madre para que sienta sus latidos cardiacos como en vida fetal, o colocarlo bocabajo sobre el regazo o sobre una bolsa con agua caliente. Realizar masajes abdominales suaves en forma circular de derecha a izquierda y hacer movimientos pasivos “como de pedaleo” con ambas piernas. Los llamados medicamentos carminativos (que favorecen la expulsión de los gases), dados antes de las tomas no consiguen prevenir los cólicos.
—¿Y en cuanto al cocimiento de anís estrellado?
—Nunca en mi práctica pediátrica, durante algo más de 40 años, he recomendado el cocimiento de anís estrellado, ni el de manzanilla, ya que científicamente no se ha demostrado su efectividad en el tratamiento, ni en la prevención de los cólicos.
—¿Algún comentario final?
— Un mensaje a los padres y a los médicos de atención primaria. A los primeros que no se sientan culpables por los cólicos. A los segundos, que no indiquen analgésicos, ni sedantes, pero sobre todo que sean siempre comprensivos y pacientes con los padres de los niños que padecen de cólicos en los primeros meses de la vida.

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