Desafío

RAFA LORET

*Estrategia de Guerra

*De las “Malas Famas”

*Una “Sufrida” Paloma

Cuando estalló el movimiento neozapatista, en el Año Nuevo de 1994, el intercambio de metralla duró once días antes de que carlos salinas decretara el cese al fuego de manera unilateral. Desde entonces, no pocos comisionados y hasta turistas revolucionarios, se han acercado a los indígenas con pasamontañas creyendo que con ello enaltecen el sentido social de sus agobiadas conciencias aun cuando pasa el tiempo y las cosas permanecen exactamente igual. Pese a ello, algunos alegan que, en el sureste del país bajo la influencia astrológica de los mayas, las épocas se miden de distinta manera, con largos lapsos de reflexión que en el caso del incendiario volcán chiapaneco ya dura dos décadas… y sigue sumando.

Pues bien, en enero de 1994, el año de la barbarie, se dieron fuertes evidencias acerca de la coincidencia de la geografía de donde operaban las “guerrillas” con la de los grandes cárteles cuya gran escalada se había dado en la década de los ochenta, esto es durante el deplorable sexenio de miguel de la madrid y de su secretario de gobernación, manuel bartlett, en quien el primero delegaba las funciones más delicadas para entretenerse en el rumbo de las estadísticas; fue el primero de los mandatarios que despreciaban cuanto se relacionaba con la política con tal de exaltar a la economía como la ciencia superior para normar criterios y destinos de diversas naciones en el comienzo, también, de la globalización, un concepto que, en México, significó lo contrario al anularse la posibilidad de reunir a Latinoamérica en un bloque común, “un club” como lo llamó el entonces presidente argentino, Raúl Alfonsín, para hacer frente al agio internacional y a los intereses inmisericordes fijados por acreedores protegidos por la potencia estadounidense.

En 1994, en fin, además de los magnicidios conocidos –que comenzaron en mayo de 1993 con el asesinato, jamás esclarecido, del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, y sobre el cual el Papa Juan Pablo II guardó penoso silencio hasta su muerte-, comenzó a desarrollarse una suerte de estrategia subversiva que consistía en ocupar, por parte de las fuentes rebeldes en supuesta fase de vindicación, algunas de las plazas circundantes a la capital del país, para aislarla y asegurarse así el control directo del centro neurálgico de la República hasta ahorcarlo. Tal era la intención original del subcomandante Marcos, y de los cabecillas de otros grupos levantados en armas, sin que, hasta la fecha, se conozcan los motivos de su desistimiento temprano y su inmediato repliegue en las cañadas en donde, precisamente, tenía su refugio, en esos años, Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”.

Dicho lo anterior, me parece que los escenarios y las condiciones se repiten. Mientras se pide la cabeza del tibio gobernador de Michoacán, Fausto Vallejo Figueroa –quien heredó la conflictiva, de los gobiernos precedentes perredistas, y no la creó-, la violencia se recrudece, con pausas sospechosas y cambios evidentes en la perspectiva general, acaso siguiendo las antiguas líneas; esto es, sitiar, poco a poco, a la capital extendiendo el conflicto hacia entidades circundantes a la flagelada entidad del Tata Lázaro, como pudieran ser el Estado de México o Guanajuato y Querétaro, además de Jalisco, para concentrar su capacidad de respuesta ante el gobierno de la República hasta asfixiarlo. Un cordón de esta naturaleza dividiría el país en dos y nos aislaría definitivamente para dar cauce al temido, pero cada vez más cercano, “estado fallido”.

Con ello, naturalmente, la gran potencia del norte afilaría sus garras; es lo que está esperando como el gran argumento para regir, de manera total y definitiva, la vida institucional de México, cada vez más limitada y vulnerable por los frentes abiertos, la inercia gubernamental –acaso consecuencia de nexos soterrados inconfesables-, y la extensa “propaganda negra” que las autoridades no han sido capaces de superar.

Debate

Sólo les falta salir al balcón central de Palacio Nacional para saludar, abrazando al mandatario en funciones, a la multitud enfebrecida. Así lo hicieron los ex presidentes cuando Manuel Ávila Camacho, el último general que ascendió en la escala jerárquica hasta situar su despacho en tal recinto, los invitó a formalizar una alianza consolidada en la unidad  el apego a las instituciones. Y allí volvieron a encontrarse, exilio de por medio, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas del Río; con ellos, también aparecieron en la foto Abelardo L. Rodríguez, Emilio Portes Gil y hasta el célebre “nopalitos” –por lo “baboso”- Pascual Ortiz Rubio, vencido por el maximato callista. Todo ello al inicio de la década de los cuarenta en el siglo anterior.

enrique peña, benévolo y hasta olvidadizo, puede intentar un experimento parecido dado que sus predecesores deben estarle muy agradecidos. Nadie les molesta ni inoportuna a pesar de que la crecida de la derecha panista se fundamentó, precisamente, en los señalamientos sobre la alta corrupción de los mismos, incluyendo claro una grave prevaricación en contra de los intereses generales. Pero más pronto que tarde se dio vuelta a la hoja para no agitar a los grupos de poder cuya influencia que determinan los pasos y objetivos del vulnerable personaje situado al frente del Ejecutivo federal.

Por lo pronto, luis echeverría vive tranquilo su ancianidad y se refugia en el tratado de la decrepitud para solventar cualquier tipo de presión en su contra aun cuando haya sido calificado como “genocida” por su innegable involucramiento en la matanza de Tlatelolco hace ya cuarenta años. Él, por supuesto, niega las versiones que le comprometen y señala, una y otra vez, a quien era su jefe entonces, gustavo díaz ordaz, quien muerto ya no puede defenderse, como el único responsable del drama que aniquiló el espíritu combativo de los jóvenes de varias generaciones silenciadas. Por cierto, ¿no es éste el mayor signo de que sufrimos, en toda forma, una dictadura de partido cortada en sexenios? El rosario de complicidades completa el círculo.

Desde luego, la ausencia de memoria histórica, como tanto hemos reiterado para enfatizar la perspectiva del continuismo político, propicia la reincidencia de los malos hábitos entre los hombres y mujeres de la vida pública. Me temo que los predadores del presente siguen apostando por la impunidad mientras negocian bajo las mesas y extienden beneficios a sus familias ambiciosas perfectamente camufladas. Por desgracia, la actual casta divina de la política ha demostrado, con innumerables ejemplos, ser más voraz que no pocos de quienes integraron la antigua hegemonía priísta pese a la marcha hacia atrás que esperan irreversible.

Como no se ha procedido judicialmente, y motivos no faltan, contra los ex mandatarios, éstos no sólo han gozado del privilegio de sus fortunas a la sombra del poder sino también consolidan a sus propios grupos de influencia, representan intereses diversos, los más multinacionales, y maniobran e intrigan a la medida de sus propias ambiciones. No les hace falta dinero ni bienes; pero ansían el poder, sentirlo, tocarlo, ejercerlo, como única expresión vital para ellos. No se entienden a ellos mismos sin ese privilegio y sin adoradores tocando a sus puertas para exaltarlos, adularlos y solicitarles el invaluable manto de sus respaldos.

¿Disciplina? No, más bien lacayunería asfixiante que acaba por enfermar a emisores y receptores. Fernando Gutiérrez Barrios, el extinto veracruzano a quien salinas llamó “el hombre leyenda”, calificó a éste, a su vez, con una sentencia lapidaria:

–“salinas, para equilibrarse emocionalmente, requiere el poder. Y cuando no lo tiene es impredecible y peligroso”.

Tal afirmó, en 1995, a la vista del deplorable espectáculo montado por el ex mandatario en una humilde casa de San Bernabé, barriada regiomontana, para “ayunar” con el propósito de salir al rescate de su “honor” escarnecido por rumores e intentos de linchamiento, como él observaba las pesquisas con miras a determinar responsabilidades sobre los crímenes políticos de 1993 y 1994. Fue tal el quebranto de su inestabilidad mental que Salinas llegó al grado de llamar al entonces procurador general, el panista Antonio Lozano Gracia, para clamar por su inocencia:

–¿Vas a venir por mí? –inquiría el ex presidente con el consiguiente arranque histriónico-.

Pero no, desde luego no fueron por él. Se limitaron a tomarle declaración en la comodidad de la embajada de México en Dublín, donde entonces radicaba el personaje, con los consiguientes gastos de traslado de los ministeriales que debimos cubrir los mexicanos fiscalmente cautivos. Hasta este nivel llegan las simulaciones.

La Anécdota

Es fama que Doña Paloma Cordero, esposa de Miguel de la Madrid, imploró ante José López Portillo para que ubicara a su consorte dentro de la administración pública. Y así lo hizo. Dos sexenios adelante, sucedió algo similar: la familia del señor De la Madrid acudió en masa a Los Pinos para clamar ante el sucesor del mismo, Carlos Salinas, una posición digna para que el aludido pudiera superar la crisis, combinación perfecta de nostalgia y humos etílicos. De allí surgió la salida:

–Será Director del Fondo de Cultura Económica –premió Salinas a quien le había hecho candidato y presidente a pesar de los sobresaltos de 1988-.

Y en el cargo permaneció el sujeto por más de una década. Es el ejemplo mayor sobre la impunidad que se impone a los intentos de privilegiar la memoria colectiva. Por eso, insisto, se nos aparecen los reincidentes por aquí y por allá. Sólo falta que Echeverría se convierta en senador vitalicio, como él mismo propuso a su viejo amigo López Portillo en 1976, para cerrar el capítulo más encendido de la gran novela de la simulación.

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Web: www.rafael-loretdemola.mx

E-MAIL: loretdemola.rafael@yahoo.com

ALGUNA VEZ, echeverría LE PROPUSO A lópez portillo QUE SE INTEGRARA CON LOS EX MANDATARIOS UNA ESPECIE DE CONSEJO NACIONAL. DE HECHO, EN ESPAÑA FUNCIONA NO SÓLO CON LOS “EX” SINO TAMBIÉN CON OTROS ACTORES IMPORTANTES DE LA VIDA NACIONAL… PERO AQUÍ SERÍA TERRIBLE. ¿QUIÉN LOS PARA AHORA QUE ESTÁN TAN ACTIVOS TRATANDO DE CUBRIR, UNA VEZ MÁS, LOS VACÍOS DE PODER EVIDENTES.

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