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José Martí en la Celac

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Por Jorge Hernández Álvarez

La Habana (PL) El legado histórico y universal del Héroe Nacional cubano, José Martí, conserva su vigencia a 161 años del natalicio del prócer, en un contexto donde su visión integradora y latinoamericanista pervive en lo que llamara Nuestra América.

Tal impronta adquiere una connotación especial para este 2014, con la realización en La Habana de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), espacio para la integración regional y la unidad de los pueblos, y que coincide con el onomástico del más universal de los cubanos.

Martí nació en La Habana el 28 de enero de 1853 y en 42 años de vida hasta su caída en combate el 19 de mayo de 1895 contra el coloniaje español, su misión más preclara fue la de una existencia marcada por el sacrificio para el advenimiento de una Cuba libre.

Pero además, el Apóstol cubano entendía como crucial el papel del proceso emancipador de la pequeña isla caribeña para el equilibrio estratégico entre Norte y Sur en la geopolítica continental, y sobre todo para la concreción del objetivo mayor de una América Latina unida e independiente del imperialismo estadounidense.

De ahí que la dimensión de su pensamiento trascienda fronteras con una óptica latinoamericanista, que precursora de los procesos de integración vividos en el área mantiene vigencia, como lo denota el éxito de bloques regionales como la propia Celac, donde la huella martiana siempre ha estado presente.

Ejemplo de ello fue cuando en su discurso inaugural el 2 de diciembre de 2011 en la Cumbre fundacional de esa organización en Caracas, el entonces presidente venezolano, Hugo Chávez, hizo alusión a la noción de Patria Grande, vista desde la cosmovisión martiana de Nuestra América, para referirse a la América Latina y el Caribe.

También, el 28 de enero de 2013, al recibir Cuba la presidencia pro témpore del bloque en Santiago de Chile, el presidente Raúl Castro reconoció tal investidura como “reconocimiento a la abnegada lucha del pueblo cubano por su independencia que sirve de especial homenaje a José Martí”, al cumplirse ese día el aniversario 160 de su natalicio.

Además, allí el mandatario cubano manifestó la voluntad de su país de impulsar la consolidación de este mecanismo de concertación e integración de “Nuestra América”, concepto regional creado por Martí que trasciende lo meramente geográfico.

Adicionalmente, Raúl Castro expresó el propósito de Cuba al frente de la Celac de contribuir a la construcción de un espacio de soberanía regional y fomentar la integración, la concertación, la cooperación y la solidaridad en la región, todos ellos principios acordes con el ideario latinoamericanista del Apóstol.

 

LATINOAMÉRICA RECUERDA A MARTI

En Cuba, donde el ideal martiano -rescatado por la llamada Generación del Centenario bajo la guía de Fidel Castro- devino germen de la Revolución triunfante hace 55 años, la llegada de cada enero anuncia la ocasión propicia para recordar el nacimiento del Héroe Nacional, así como su obra.

En ese contexto, al prócer se le recuerda en la isla con diversas actividades como desfiles, eventos científicos, galas culturales y con el cálido tributo de miles de jóvenes que cada año, en la noche del 27 de enero, protagonizan la tradicional Marcha de las Antorchas, para recibir y conmemorar con júbilo el natal del Apóstol.

Sin embargo, la II Cumbre de la Celac en La Habana otorga matices significativos a la fecha conmemorativa con la presencia de jefes de Estado y de Gobierno para debatir sobre temas comunes del bloque regional, que aglutina a las 33 naciones independientes de Nuestra América y al cual no pertenecen ni Estados Unidos ni Canadá.

Al respecto, entiéndase Nuestra América como ese conjunto de países situados al sur del río Bravo y hasta la Patagonia, sin la presencia por ende del “Norte revuelto y brutal que nos desprecia”, como reconociera Martí.

Lo que ha sido la histórica política estadounidense para el subcontinente fue advertida desde hace más de un siglo por el Apóstol cubano, quien contraponía a la hegemonía imperial del Norte la idea de la unidad latinoamericana, como camino necesario para la verdadera independencia de la región.

Justamente sobre la necesidad de unidad de Nuestra América ante la poderosa nación septentrional, decía Martí en su periódico Patria: “en los viveros de los pescadores, se ve cómo el pez recio y hambrón, cuando se le encaran juntos los peces pequeños, bate el agua con la cola furibunda, y deja en paz a los peces pequeños.”

Los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se apartan de los Estados Unidos, señalaba el Apóstol desde su visión latinoamericanista permeada por su acendrado antimperialismo.

Recordada en ese sentido, además, la noción expresada en uno de sus más brillantes ensayos: “ÂíLos árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas!” (Estados Unidos).

Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes, afirmaba el Héroe Nacional cubano.

Precisamente, juntos, 161 años después del nacimiento del Apóstol, los líderes regionales discuten en esta Cumbre sobre los desafíos comunes y retos de Latinoamérica y el Caribe tanto en el plano social como en el económico, como parte del necesario camino nuestroamericano hacia una auténtica integración.

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