ZONA CERO


Por Javier Divan y Bárcenas

Reunión para bien o para mal

Hasta dónde se puede considerar como una acción bajo el Estado de derecho, la supuesta reunión entre el comisionado por Michoacán para combatir al crimen organizado, Alfredo Castillo y Juan José Farías, alias “El Abuelo”, presunto integrante del cártel de los Valencia.

El hombre de toda la confianza del presidente Enrique Peña Nieto, el comisionado por Michoacán, el ex procurador del Consumidor y ex procurador del estado de México, Alfredo Castillo, fue más allá de la discreción y de las buenas intenciones del gobierno Federal de controlar la inseguridad, al llevar a cabo dicha reunión.
Sin duda que este encuentro dejará mucho que pensar a la ciudadanía sobre el actuar del gobierno federal en turno sobre los resultados y control que hay contra los líderes del crimen organizado, pues se puede pensar que se negocia con ellos bajo un esquema de convencimiento o acuerdo o ¿vaya a usted a saber para que se reúnen con capos?
Pero lejos de que el Ministerio Público Federal llame a declarar al comisionado Alfredo Castillo para que explique dicho encuentro, el procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, desconoce los motivos de la reunión y no la descalifica.
Para el abogado de la nación esta reunión va más allá de un hecho fuera de la ley y lo justifica en “que alguna razón debe haber habido y no necesariamente una mala razón; puede ser incluso una buena razón”.
Aunque Murillo Karam no quiso opinar al respecto y desconoce totalmente esa historia de Alfredo Castillo, la opinión que le merece al hidalguense, es que la pregunta se la debieron haber hecho a quienes alguna razón debieron haber tenido.
Entonces, ¿habría que preguntarle a Peña Nieto si él autorizó dicho encuentro? Toda vez que fue quien mandó al comisionado a poner orden a Michoacán. Pues haber que en qué termina este encuentro con los aguacateros.
A quien ya se les están saliendo del huacal es al jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera, los llamados reguetoneros, y toda clase de grupos juveniles que los domingos acuden a conciertos y fiestas, pues en últimas fechas siempre terminan en riñas.
Este domingo no fue la excepción de un enfrentamiento entre dos bandos de reguetoneros, que en esta ocasión provocaron desmanes en la estación San Antonio, de la Línea 7 del Sistema de Transporte Colectivo Metro, en donde personal al mando de Jesús Rodríguez Almeida, pusieron orden y detuvieron a 76 violentos jóvenes.
No solamente causaron pánico entre los usuarios del Metro, toda vez que realizaron destrozos en vagones, sino explotaron petardos y lesionaron a una policía.
Es momento que el director del Metro, Joel Ortega, haga algo, en coordinación con la policía capitalina para vigilar, los fines de semana a esta bola de rijosos, quienes se han apoderado de las estaciones del Metro.
Y hablando de este servicio, en breve el gobierno de la ciudad destinará millones de pesos para dárselos a los “vagoneros” y “bocineros”, para así sacarlos de toda la red y poder capacitarlos y emplearlos. Fueron años de batallas, de corrupción con el personal de seguridad del STC Metro que nunca funcionó para evitar la proliferación de esta plaga, por lo que ahora serán los capitalinos quienes habrán de pagar los costos con sus impuestos.
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