Desde México recuerdan bombardeos en Hiroshima y Nagasaki

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Nayarit.- Víctimas directas de las armas nucleares ofrecieron hoy aquí sus testimonios sobre las consecuencias desastrosas de la detonación de esos artefactos bélicos para la humanidad y llamaron a prohibirlos.
Varios hibakusha -denominación que se da a los supervivientes de los bombardeos nucleares a las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki por parte de la fuerza aérea de Estados Unidos- compartieron sus experiencias con los asistentes a la II Conferencia sobre el Impacto Humanitario de las Armas Nucleares.
Ante autoridades, especialistas y miembros de la sociedad civil de 146 países, Yasuaki Yamashita, nacido en Nagasaki en 1939, rememoró algunos hechos personales de la explosión ocurrida el 9 de agosto de 1945 y de los horrores que vivió su familia a raíz del acontecimiento.
Mi madre nos decía que no teníamos nada que temer, durante la Segunda Guerra Mundial nuestra ciudad no había sufrido muchos bombardeos, nosotros teníamos miedo pero ella trataba de tranquilizarnos, recordó.
Sin embargo, el japonés, que vivía a 2,5 kilómetros del centro de la detonación nuclear, hizo alusión a cuánto cambió la situación aquella mañana, cuando estimados indican que murieron de 50 mil a 75 mil personas.
Cuando crecí, atendí en hospitales a muchas personas que aún padecían las secuelas de la bomba y pensé que ese también podía ser yo; quise alejarme de todo aquello, tratar de comenzar una nueva vida fuera de ese escenario de sufimiento, y por eso me fui del país, expresó Yamashita, quien se radicó en México desde que tenía 29 años de edad.
Similares remembranzas de destrucción y dolor compartió Setsuko Thurlow, quien experimentó la bomba atómica de Hiroshima cuando tenía 13 años y ha dedicado su vida a sensibilizar a las personas en torno a los efectos de los conflictos armados para la población.
También víctima de esa explosión nuclear es Toshiki Fujimori, quien con solo un año de edad sobrevivió gracias a una casa de dos pisos que lo separó del estallido, pero a lo largo de los años perdió a una hermana enferma de leucemia, mientras su abuelo, sus padres y otras dos hermanas murieron de cáncer.
Por su parte, la vicepresidenta del Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC, por sus siglas en inglés), Christine Beerli, recordó este jueves el panorama desolador que encontraron los miembros de la organización humanitaria cuando llegaron a Japón para asistir al país tras las bombas atómicas.
Señaló que uno de los hechos más alarmantes para la ICRC, además del número de muertos y desaparecidos, fue la destrucción casi total de las instalaciones y servicios de salud.
A raíz de esa experiencia, apuntó Beerli, aprendimos que las repercusiones de las armas nucleares son catastróficas y que las enfermedades causadas por ellas cobran más vidas en los meses y años siguientes en que en plazo inmediato, por lo que el sufrimiento se prolonga por varias generaciones.

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