Sochi, ciudad de contrastes impresionantes

Fondos-de-pantalla-imágenes-1920-1080-Sochi-Foto-Vista-a-la-ciudad-de-Sochi-Rusia-imagen-Ni767934
Por Odalys Buscarón Ochoa

Moscú (PL) El contraste de sol, mar, temperaturas cálidas, junto a montañas nevadas y un clima subtropical distingue a Sochi como la única ciudad en Rusia con características excepcionales.

La impresión al llegar a esta urbe, en la costa del mar Negro y rodeada de montañas del Cáucaso, es comparable quizá al impacto de un amor a primera vista, que encanta y atrapa, y más de una vez deja una huella imperecedera en la memoria.

Salvando la distancia de los años transcurridos y los cambios, sin dudas, transformadores, Sochi cautiva y es para siempre.

Jamás imaginar en ese encuentro del verano de 1986 una ciudad rusa con palmeras de cocoteros, la intensidad de un sol y calor húmedo, casi tropical, pero suave.

Unas playas cuyas arenas negras evocaban las hermosuras del contraste de la playa Bibijagua, en la isla de la Juventud, en el archipiélago cubano.

Entonces, ese pedazo del territorio ruso, en el sur de la Federación, como atrapado entre las cordilleras del Cáucaso occidental, se antojaba lleno de enigmas por la historia, la etnografía y la arqueología del lugar.

Muchas de las cuevas, sitios atractivos del turismo local, sirvieron de cobijo a las comunidades primitivas caucásicas que poblaron la región, incluido el territorio limítrofe de Abjasia, una de las repúblicas exsoviéticas autónomas que se independizó de Georgia.

Una de las leyendas más difundidas y relacionadas con Sochi, relata que el gran guerrero y conquistador del Asia menor Alejandro Magno solía tomar baños en las aguas termales del río Matsesta.

Con una población de unos 400 mil habitantes, la ciudad balneario descansa a lo largo de la orilla del mar Negro con una extensión de 145 kilómetros, cuya configuración la hace la más larga de Europa.

El escudo de la urbe recoge simbólicamente la imagen de Sochi con sus elementos principales: las montañas plateadas, la palma dorada y el ardiente sol.

La combinación de esos factores confirió a esta urbe una fisonomía particular con un microclima único para este balneario subtropical.

Así, mientras en la costa las temperaturas suelen oscilar en los 25 grados, en las alturas (unos tres mil metros) los registros no superan los siete grados. Tal es el pintoresco contraste de Krásnaya Poliana, entre el mar y las montañas nevadas.

 

DIVERSIDAD ETNICA Y CULTURAL

La convivencia en el territorio durante siglos de diversos grupos étnicos y nacionalidades presenta a Sochi como región de gran similitud a otras zonas de Rusia.

Pero sin duda las tradiciones en el área comprendida dentro de la franja de Kubán y el Cáucaso le imprimen singularidades propias.

Las comunidades de adigueses (adigas),tártaros, kabardinos, turcos, abjasios, osetas y azeríes dieron perpetuidad a una cultura heredada de sus ancestros, basada en la hospitalidad y la cordialidad, como en todo el Cáucaso.

Estos pueblos, arraigados ya en el lugar, son descendientes de una mezcla de tribus (alanos y hunos, entre otros pueblos nómadas) y de los circasianos, una de las etnias más numerosas en esa parte del Cáucaso.

Nuevos ingredientes culturales aportaron los rusos y cosacos, en una fecha más tardía, cuando ocurrieron masivas emigraciones de circasianos, adigueses y abasíes, durante la segunda mitad del siglo XIX. Desde entonces las tierras fértiles de Kubán (Sochi incluida) fueron pobladas por rusos, ucranianos, belarusos, armenios, georgianos, griegos, estonios, moldavos, hebreos, gitanos y otros grupos étnicos.

La boda de Kubán descuella entre las principales tradiciones de la región por el rito y los ornamentos, unido al complejo de la artesanía popular, básicamente cestería, alfarería, arte herrero, cerámica y talla en madera.

De antaño, toda la costa caucásica del mar Negro y la región del Kubán fueron importantes centros de comercio e intercambio en la ruta entre Rusia y Asia central.

Escrituras primarias asocian el topónimo de Sochi con tribus que habitaban en las montañas más allá de Adler (Artlar, en textos antiguos), vecinas de los cherkeses y abasíes (de origen turcomano).

Otra de las versiones difundidas refuerza el origen georgiano de la denominación. El nombre se hizo extensivo a la localidad y al río.

Las evidencias etnográficas y arqueológicas dan fe de la influencia de la colonización griega en todo el territorio caucásico, bañado por el mar Negro hasta el monte Elbrus, la montaña más alta de Europa.

Con posterioridad, entre el los siglos I y V (d.n.e.), siguió la impronta romana y centurias más tarde se impuso la huella de Bizancio en el Cáucaso occidental.

Son numerosos los monumentos arqueológicos que acreditan la historia del poblamiento de Sochi: cuevas, asentamientos, monolitos, ruinas de fortalezas, templos y tumbas.

Una de las reliquias antiquísimas es la fortaleza bizantina Bagú de los siglos IV y V d.n.e.

Reveladora también resulta la cueva de Ahshtyskaya, considerada la perla de la espeleología en el territorio de Krasnodar.

Descubierta en 1903, contenía niveles culturales del paleolítico medio (unos 300 mil años atrás) hasta la edad media temprana. Fue declarada monumento de la arquitectura primitiva.

La zona cobró celebridad desde la antigüedad por sus manantiales emanados de los ríos Masetsta, Agoura y Hosta.

Las aguas sulfurosas de Masetsta y otras fuentes termales prestigiaron a Sochi como un balneario desde épocas tempranas. Se calculan hoy más de 50 fuentes de aguas minerales en la zona.

Incluida en la Reserva Natural de la Biosfera del Cáucaso, como Patrimonio de la Unesco, la ciudad balneario del mar Negro es un sitio paradisiaco que encanta para siempre.

Comentarios con Facebook