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Venezuela: la guerra no convencional

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Por Orlando Oramas León

La Habana,(PL)El presidente cubano, Raúl Castro, denunció que la República Bolivariana de Venezuela es víctima de una guerra no declarada, que los manuales del Pentágono definen como “no convencional”.

Fue el pasado sábado durante la clausura del XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, ocasión en la que el gobernante cubano condenó “enérgicamente los incidentes violentos ocasionados por grupos fascistas” en la nación sudamericana.

Sabemos, por experiencia propia, quienes están detrás, financian y apoyan esas brutales acciones para derrocar al Gobierno constitucional venezolano, enfatizó Raúl Castro.

El jefe de Estado de Cuba tiene todas las credenciales para hacer esa denuncia. Contra la mayor de las Antillas el gobierno de Estados Unidos ha utilizado prácticamente todas las modalidades posibles para derrocar a su Revolución.

Junto a las primeras medidas de bloqueo y asfixia económica, los servicios de inteligencia estadounidenses reclutaron, armaron y organizaron a grupos contrarrevolucionarios que cometieron numerosos crímenes en la isla.

El terrorismo de Estado fue de las armas predilectas empleadas para atacar a Cuba, incluyó desde los planes de atentados a los líderes de la Revolución hasta las agresiones biológicas contra la vida humana y los cultivos.

Más de cinco décadas de bloqueo económico, comercial y financiero confirman que estas políticas de guerra encubierta no han caducado. Por el contrario, hoy son más sutiles.

Tan temprano como el 6 de abril de 1960, un memorando del Departamento de Estado aportaba con todo cinismo y elocuencia algunos de los ingredientes y propósitos de lo que hoy denominan la guerra no convencional.

“El único medio previsible para enajenar el apoyo interno es a través del desencanto y el desaliento (…) debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba (…) a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Aquellas propuestas fueron aplicadas también en Venezuela, cual preparación artillera para los actos violentos que en los últimos días causaron muertos, heridos y daños a instituciones públicas.

La guerra económica, parte de la agresión, indujo el desabastecimiento y la inflación, como fórmulas para crear descontento y subvertir la gobernabilidad en la patria de Bolívar.

Ahora usan nuevos métodos de desgaste más sutiles y enmascarados, sin renunciar a la violencia para quebrar la paz y el orden interno e impedir a los gobiernos concentrarse en la lucha por el desarrollo económico y social, si no logran derribarlos, advirtió el presidente cubano.

Ocurre hoy en Venezuela, pero antes pasó en Honduras, donde el golpe de Estado, que se creía desterrado de nuestro hemisferio, derrocó al presidente constitucional, Manuel Zelaya.

Mejor suerte tuvo el presidente Rafael Correa, cuya Revolución Ciudadana le pone en el colimador de la oligarquía, las transnacionales y los intereses de Washington.

Ecuador y Venezuela son exponentes de cómo los medios privados de comunicación se convierten en ejecutores directos de la guerra mediática.

Difaman, tergiversan la realidad, crean zozobra, inseguridad, e incluso ponen pautas y se colocan a la cabeza de los partidos tradicionales de derecha.

No es casualidad que tanto Correa y Maduro, como los procesos que ellos encabezan, sean satanizados por los medios de comunicación agrupados en la Sociedad Interamericana de Prensa.

En esta visión coincide Fander Falconi, uno de los dirigentes del partido Alianza País de Ecuador.

“Hemos defendido el derecho a la información que necesitan nuestras sociedades. Es un derecho a tener información adecuada, objetiva, oportuna, que no responda a los intereses de empresas mediáticas que suplantan el rol de organizaciones políticas generalmente derrotadas en las urnas”, dijo al respecto en entrevista con Prensa Latina.

Venezuela, Ecuador, Libia, Siria, Ucrania son naciones diferentes pero tienen el denominador común de ser blanco de las modalidades de la guerra no convencional, sucia o de baja intensidad.

Son países que confirman que dondequiera que haya un gobierno que no convenga a los intereses de los círculos de poder en Washington, y algunos de sus aliados europeos, se convierte en blanco de las campañas subversivas.

En el discurso de hace dos días, el presidente Raúl Castro instó a tomar como referencia la Circular de entrenamiento 18-01 de las Fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos, publicada en noviembre de 2010 bajo el título de “La Guerra no Convencional”.

Se trata de todo un manual para la subversión. Cualquier semejanza con lo que ocurre en los países citados, Venezuela en particular, no es mera coincidencia.

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