ESTE PINCHE CIRCO

DICHO-SEA-DE-PASO
Por Fernando Urbano Castillo Pacheco.

Napoleón Bonaparte, el gran emperador francés, sentenció en cierta ocasión, con gran clarividencia, que “nada va bien en un sistema político, en el que las palabras, contradicen a los hechos”.

Definitivamente tenía toda la razón y una muestra es la realidad de la nación.

El discurso gubernamental, se encuentra reducido a una compilación de falsedades, aderezada con buenos deseos.

Y es que de todo de lo que se habla por parte de la autoridad, en los hechos es poco, muy poco, lo que en realidad se ve.

La autoridad habla de un combate frontal a la delincuencia y es la delincuencia la que les muestra que no sólo no les teme, sino que no los respeta. No sólo es el atemorizante, (o quizá aterrorizante) número de casos de secuestros y extorciones, que traen asolada a la población, sino también, la violencia del crimen organizado, esa herida de la que mana la sangre que sigue bañando a este país.

La seguridad es el gran pendiente en el balance de la gestión de Enrique Peña Nieto. Haciendo a un lado el cambio en la estrategia de información, -que realmente es el ocultamiento de la información- no hay grandes avances, ni un cambio sustancial en los métodos que tanto se le criticaron al gobierno de Felipe Calderón.

El combate al crimen organizado se sigue dejando en manos de instituciones militares, la coordinación y el depuramiento de las policías, parece un imposible.

La promesa de campaña, de crear una gendarmería nacional, se ha degenerado y apunta al incumplimiento. De la idea de tener un cuerpo profesional, especializado y novedoso, parece ser que quedara en un simple ente incrustado en la policía federal, reducido, según palabras del nuevo comisionado, solo a cinco mil elementos. No lo crean para cumplir, sino para decir que cumplieron.

La militarización de la seguridad pública sigue pareciendo una necesidad, por la propia incapacidad del gobierno, que tal parece que, para regresar la seguridad al campo de las funciones civiles, no va a profesionalizar las policías, sino solo, a dejar que los civiles procuren su propia seguridad. Vecinos vigilantes y grupos de autodefensa, son la respuesta de la sociedad al abandono de los gobiernos, con el ingrediente trágico de que esos últimos grupos comunitarios, se han conformado o se han visto infiltrados por grandes grupos criminales.

El gabinete de seguridad, parece conformado por esos políticos a los que se refería Thomas Macaulay, tímidos e interesados, que se preocupan más de la seguridad de sus puestos, que de la seguridad de su país.

Lo peor es que ni la autoridad está segura. Hace apenas un par de días fue asesinado el alcalde de Tanhuato, Michoacán, el estado donde manda un amigo del presidente, impuesto por decreto y que actúa como virrey. En ese estado en que el despliegue de fuerzas federales ha sido ridículo comparado con los resultados que ha dado. Entidad donde el gobierno ha buscado la seguridad, a traves de una alianza con un grupo de “delincuentes buenos”. Estado donde los operativos han sido una vergüenza, por la unión perversa del criminal que mata, con el criminal que deja matar.

El gobierno se ufana de detener capos, pero no desintegra cárteles.

Enrique Peña Nieto es un hombre que invirtió mucho dinero para llegar al poder, y ya en él, solo ha demostrado no poder.

No solo es el aspecto de la seguridad. En materia financiera, las perspectivas de crecimiento se tendrán que ajustar, pues este, otra vez, será menor al esperado. La más grande de las vivienderas, GEO, ha iniciado ya un procedimiento de concurso mercantil y el gasto público sigue la tendencia de no estar siendo, ni puntual, ni correctamente ejercido.

El gobierno retrasa el ejercicio del presupuesto, de forma absurda y sospechosa. Casos como el de un programa de infraestructura municipal, con fondos de 2535 millones de pesos, carece, desde enero, de reglas de operación.

El presidente de la república, es un hombre audaz, que está a punto de conseguir la aprobación de programas sociales absurdos y clientelares.

Avanzó en la cámara de diputados el seguro de desempleo y la pensión universal. Con el último, los impuestos del que trabaja servirán para mantener al anciano, al que le daremos dinero, no en un acto de justicia, sino en un vergonzoso acto de caridad.

En lo que es un verdadero atraco, el seguro de desempleo pretende financiarse con parte del fondo de vivienda de los trabajadores. Es injusto que el dinero de un derecho del que trabaja, sirva para pagar una promesa de campaña del presidente. A diferencia de él, los mexicanos adquirimos nuestra casa con trabajo y ahorro, al trabajador mexicano no se la van a donar.

El presidente ha tenido la habilidad de cooptar a la oposición, aprovechando la buena fortuna de que esta tenga lideres a modo, que han permitido que el gobierno de Peña Nieto materialice el regreso del PRI con los únicos valores que conocen: la imposición, la corrupción y la tranza.

Ayer recordaban a su candidato asesinado, a Luis Donaldo Colosio, al hombre que primero mataron, para después hacerlo ídolo, el que dijo que “México no quiere aventuras políticas, no quiere saltos al vacío, no quiere retrocesos a esquemas que ya estuvieron en el poder y probaron ser ineficaces. México quiere democracia, pero rechaza su perversión que es la demagogia”. 20 años después de que lo dijo, vemos ese salto al pasado. Vemos, todavía, ese México con hambre y sed de justicia. Vemos, nuevamente, ese México de promesas incumplidas.

El presidente cuenta en el PAN con una dirigencia aliada, sumisa y entregada, que en ocasiones, al igual que el PRD, han hecho que sus legisladores, lejos de ser contrapeso, se vuelvan comparsas. La lucha es por el poder, solo porque es el poder. Porque es más redituable ser aliado que ser crítico. Por que como dijo Winston Churchill “el problema de nuestra época, consiste en que los hombres no quieren ser útiles, solo quieren ser importantes”.

La Izquierda ha sido hábilmente desarticulada. El PRD, fue cómplice del gobierno en el momento de meter la mano al bolsillo del mexicano, mientras que el pseudolíder dela regeneración nacional, Andrés Manuel López Obrador, es un tipo obsesivo, que bien se ajusta a la definición de fanático planteada por Churchill: “alguien que no puede cambiar de opinión y quien no quiere cambiar de tema”.

La oposición dividida y comprada, no será factor de estabilidad, ni de prosperidad. Se necesita un verdadero contrapeso en el ejercicio del poder, que obligue a aplicar las medidas necesarias. Se debe estimular el crecimiento y es prioridad que los millonarios recursos que se le dieron al gobierno con la reforma fiscal, sean utilizados y ejercidos en tiempo. Eso generará empleos y crecimiento. Así se combatirá la pobreza, sin la humillante limosna que se ha instaurado; gastamos miles de millones en mantener a los pobres, en vez de erradicar la pobreza. Ser un país pobre, es algo que nos cuesta muy caro.

Solo cuando la política funcione en las condiciones adecuadas, la economía podrá levantarse. Hasta entonces, seguiremos viendo y padeciendo, este círculo vicioso, consecuencia del pinche circo en que están convirtiendo al país.

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