Peligra producción de mariscos

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(ng) En medio del mar, Osvel Torres se acerca al puño de conchas abanico, conocidas también como callo de hacha, que uno de los buzos dejó en la pequeña embarcación tras sumergirse entre 8 y 10 metros para su captura.

Integrante de la cooperativa Jóvenes Ecopescadores, Osvel reconoce que cada vez se dificulta más extraer el molusco, que vende en 270 pesos el kilo.

“Año con año se vuelve más difícil encontrar el callo porque hay muchas pangas (embarcaciones pequeñas) que lo sacan”, explica el joven de 26 años.

De acuerdo con Miguel Ángel Cisneros, investigador del Instituto Nacional de Pesca (Inapesca), de las 550 especies pesqueras comerciales que hay en México, el 18 por ciento están sobreexplotadas, entre ellas el camarón, la almeja y la jaiba. Mientras tanto, el 50 por ciento se encuentra en su máxima explotación.

“Ya no se puede autorizar un permiso para el aprovechamiento de estas especies”, advirtió en entrevista.

Por otra parte, señaló, existe un 8 por ciento de especies como la langostilla, la sardina de la costa de Baja California y el cangrejo araña, a las que se debe incrementar el permiso de explotación.

No obstante, para organizaciones ambientalistas, el volumen de la captura ejerce tal presión que el 83 por ciento de las especies están sobreexplotadas.

México se ubica en el lugar 16 en la lista de la FAO de los 25 países líderes en captura -que encabeza China- con una producción anual de más de un millón 500 mil toneladas.

La Comisión Nacional de Pesca reporta que el camarón, la tilapia, los túnidos, el pulpo, la sardina y la trucha representan el 69 por ciento del total del valor de la producción pesquera.

Los ambientalistas Luis Bourillón y Amy Hudson coincidieron en que México requiere ordenar la pesca, pero para ello se deben valorar los servicios ambientales del mar, contar con información de las especies que permita diseñar planes sustentables de manejo y organizar a los pescadores.

“Tradicionalmente, el manejo de la pesca en México está enfocado a la extracción de la especie que tiene valor comercial y esa visión, que no incorpora los otros elementos del ecosistema, hace que sea muy difícil asegurar la sustentabilidad”, alertó Bourillón, director de Comunidad y Biodiversidad (Cobi), organización reconocida por promover la conservación marina y costera así como el fortalecimiento de las sociedades costeras.

Son las 9:15 horas y el recorrido mar adentro apenas comienza.

Entre más se aleja la embarcación, es posible advertir el litoral de Bahía de Kino lleno de casas lujosas a sólo unos metros de la orilla de la playa.

Mario Rojo, coordinador regional de Cobi, comenta que se trata de Kino Nuevo, un desarrollo a lo largo de 12 kilómetros donde residen extranjeros que han construido sus casas, incluso abarcando la Zona Federal Marítimo Terrestre.

El ambientalista impulsa a los Jóvenes Ecopescadores para que desarrollen un modelo de pesca sustentable, el cual consiste en capturar sólo una porción de las especies marinas para que la siguiente temporada se encuentren con poblaciones más solidas.

A mitad del camino, la embarcación se detiene frente a otra panga que traslada a pescadores que utilizan la red conocida como chinchorro, un arte, comenta Mario, poco sustentable.

El grupo busca sierra, pero ha sido un mal día pese a que salieron desde las 6 de la mañana, lamenta Gerardo Rentería, para luego acelerar el motor de la panga y alejarse.

La embarcación de los Jóvenes Ecopescadores avanza en dirección a las trampas jaiberas, jaulas de alambre que los pescadores avientan al fondo del mar con carnada.

“Generalmente son unas 80 o 100 trampas. Andan queriendo ponerles una plaquita para que no se las roben, porque de Bahía de Kino son alrededor de 300 embarcaciones. ¡Se imagina para controlar cuánto sacan!”, apunta Adrián Santacruz, también miembro del grupo.

El recorrido concluye después de las 12:00 horas. El arribo de la embarcación coincide con la llegada de una panga cargada de pescado.

A primera vista son el grupo de pescadores más afortunados, pero sorprenden cuando comienzan a aventar la mayor parte del pescado capturado hacia los pelícanos.

Tiran el pescado, explica Mario, porque es un tipo de sardina que no tiene mercado en la región y nadie lo compra.

A sólo unos pasos de donde los pelícanos están volcados en ganar la sardina que desechan los pescadores, 120 personas, entre ellos niños y adolescentes, trabajan a prisa limpiando y empaquetando medusa agua mala bola de cañón. A cambio reciben 200 pesos por día.

El lugar de trabajo huele a comida en proceso de descomposición, pero los trabajadores parecen estar adaptados porque ninguno utiliza protección. Los dueños del negocio son de origen chino y la mercancía se exporta a su país.

“Se manda en cubetas de 18 kilos a China. Cada que se acumulan mil cubetas se mandan a los chinos, porque ellos se la comen en ensalada. Aquí en México ésto no nos gusta. No hay mercado”, comenta Joel Carrillo, encargado de la pesquería de medusas.

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