Huellas de sangre ucraniana tras los pasos de la CIA

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Por Jorge Petinaud

Moscú, 19 abr (PL) La culpabilidad de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense en la inestabilidad que vive hoy Ucrania quedó demostrada recientemente con la visita secreta a Kiev de su jefe, John Brennan.
El derrocamiento del presidente Víktor Yanukóvich con un saldo de cerca de 100 muertos se suma al listado de operaciones sucias de esa compañía y que incluye Guatemala e Irán (1954), Playa Girón en Cuba (1961) y la denominada Operación Cóndor durante las dictaduras militares en Latinoamérica.
La referencia pública del defenestrado Yanukóvich a una misteriosa visita a Kiev de Brennan pareció el domingo pasado un producto de la ficción.
De inmediato ocurrieron intercambios de chistes vía Facebook sobre la base de la supuesta imaginación del aún legítimo mandatario, quien recibe protección en Rostov del Don, Rusia.
Yanukóvich denunció que Brennan llegó a Kiev para ordenar a las autoridades golpistas emplear las armas y con ello “provocar un derramamiento de sangre en Ucrania”.
Poco después, la agencia rusa RIA Novosti se sumó a la acusación al reportar que el visitante sostuvo una reunión secreta con funcionarios de seguridad ucranianos, antes de que el Ministerio de Interior anunciara una operación especial contra los partidarios de una federalización en el oriente del país.
Una fuente sin identificar, según la agencia, precisó que Brennan se reunió con el ministro de Interior Arsén Avakov y el autodesignado presidente interino, Alexander Turchinov, antes de que este ordenara a las Fuerzas Armadas incorporarse a la represión contra quienes reclaman el ruso como lengua cooficial y más derechos para su región.
Washington mantuvo silencio, pero tras la insistencia de Moscú de explicaciones convincentes acerca de la visita urgente divulgada por la prensa, el Departamento de Estado confirmó la estancia en la capital ucraniana del zar del espionaje norteamericano.
Poco después, mediante un decreto, el autoproclamado mandatario y presidente del Parlamento a la vez, Turchínov, ordenó una operación represiva de gran envergadura con la participación del Ejército y la inconstitucional Guardia Nacional, integrada por elementos neonazis del bloque Sector Derecho y Autodefensas de Maidán.
En las acciones contra ciudades de la región de Donetsk, declarada República Popular, intervienen decenas de blindados y medios aéreos, y según los milicianos populares, el número de muertos ya rebasa las decenas.
Las autoridades golpistas mantienen estricto control sobre los medios de prensa ucranianos y obstruyen la presencia de los extranjeros en la zona de conflicto, donde los partidarios de la federalización mantienen la resistencia.
Al referirse a la influencia de la CIA sobre los gobernantes actuales, el presidente del Centro ucraniano de Análisis sistémico y pronósticos, Rostislav Itschenko, aseveró que el operativo represivo en el sureste no es casual y guarda relación con la presencia de Brennan en Kiev.
Itschenko indicó que prácticamente todos los jerarcas de las estructuras represivas de Ucrania trabajan de una manera u otra con el sistema de inteligencia de Estados Unidos.
El gobierno actual depende completamente de Washington, de ahí que resulte difícil creer que una decisión tan seria (la operación militar) no haya recibido un guiño de sus superiores, certificó el experto.
Subrayó el analista que con la venia de los norteamericanos, el poder de Kiev aplica una política de represión contra sus oponentes y se mantiene solo con los métodos de fuerza, pese a que la mayoría de la población se opone a los golpistas.
Coincidió Itschenko en que justamente esa política y la renuencia a dialogar con los sectores populares y sus oponentes políticos desencadenaron el movimiento de protestas en el sureste del país.
Por su parte, el exjefe del Servicio de Seguridad de Ucrania, Alexánder Yakimenko, recordó que Valentín Naliváichenko, designado su sustituto por los golpistas, fue reclutado por la CIA hace varios años.
Naliváichenko fue contratado cuando era cónsul general de la Embajada de Ucrania en Washington, y mantuvo contactos con la CIA después de dejar el trabajo diplomático, los cuales se estrecharon de 2006 a 2010, etapa en que por primera vez dirigió el Servicio de Seguridad de Ucrania, dijo el denunciante.
Para Yakimenko, las huellas de la CIA están no solo en la represión masiva puesta en práctica en el este del país, sino también tras las protestas que desembocaron en el derrocamiento de Yanukóvich, con saldo de cerca de 100 muertos, incluido el uso de francotiradores, quienes en su opinión fueron contratados por los opositores.

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