“Polleros” business class

migrantes
A cambio de 10 mil dólares, un piloto estadounidense y sus dos cómplices los trasladaban en una avioneta para eludir, de esta manera, los puestos de control de la Patrulla Fronteriza

(ng) SAN DIEGO.- Cuando Antonia, Arturo y Salvador llegaron al pequeño aeropuerto del Condado del Valle Imperial, en Estados Unidos, sus rostros se iluminaron: los asientos de piel color mate y reclinables de la avión Beechcraft King Air F90 contrastaron con los tubos recubiertos de esponja de los autobuses en los que llegaron del sur de México a Mexicali, en Baja California.

Desde el hangar, el avión color blanco brillaba intensamente, tanto como la esperanza de Antonia y los otros dos migrantes mexicanos que intentaban llegar a la ciudad de Los Angeles, California.

Al pie del avión, recto y con toda formalidad, los esperaba Philip Kübeck, un piloto de 54 años de edad. A veces su esposa, Roselia Kübeck, les daban la mano, una palmada o simplemente abría la compuerta que los llevaría a su destino final: alguna ciudad de Estados Unidos.

Ambos encabezaron por más de dos años una red de tráfico de migrantes vía aérea. Mexicanos y centroamericanos viajaron a través de la línea de taxis aéreos Air king, “El Rey del Aire”.

Antonia, Arturo y Salvador, tres mexicanos —que según la Fiscalía del Distrito Sur de California pudieron pagar una suma de hasta 10 mil dólares por ser trasladados de manera ilegal por Estados Unidos— alcanzaron a sentarse en los asientos lujosos, pero jamás llegaron a su destino final, pues ese día la aeronave fue interceptada por agentes fronterizos estadounidenses, y ya no pudo despegar.

La operación

Ahora los apodan Aeropolleros, pero los Kübeck eran los reyes del cielo, como ellos mismos se hacían llamar. Desde 2011 comenzaron a gestar desde Estados Unidos una red internacional de tráfico de personas.

Información proporcionada por la Fiscalía del Distrito Sur de California a EL UNIVERSAL destaca que el piloto estadounidense Kübeck y su esposa operaban la red desde la frontera mexicana, en Mexicali, Baja California.

La travesía iniciaba cuando les entregaban entre 8 mil y 10 mil dólares. El cruce era completamente seguro. Hasta el momento, las investigaciones han arrojado que cuatro cómplices de nacionalidad mexicana internaban a los migrantes en un viejo edificio, localizado a un costado de las oficinas de Aduana y Migración en Mexicali.

Al ingresar al baño del inmueble, un agujero los conectaba con la ciudad de Calexico, al oeste de California. La red de polleros mexicanos conducía a los indocumentados a una casa de seguridad localizada en El Centro, California, que era operada por un estadounidense llamado Earl Allen, ‘El Gordo’.

Era cuestión de horas para que los migrantes fueran transportados al aeropuerto, recibidos por el piloto y llevados al área de Los Angeles y al norte del extenso estado de California. El cruce era caro, pero durante más de dos años, completamente seguro.

La conspiración

El agente migratorio Jared Policastro es quien firma la acusación contra los Kübeck y jura que desde 2011 el piloto pollero sobrevoló el cielo estadounidense con cuatro o seis migrantes en cada vuelo.

El 15 de julio de 2011 agentes de la Patrulla Fronteriza detectaron que un vehículo partió de una casa, de la cual ya se sospechaba que se utilizaba para albergar migrantes. Al seguir el auto llegaron hasta el aeropuerto del condado de Imperial.

De acuerdo con la declaración del agente, se observó a seis personas que salieron rápidamente del automóvil y corrieron para ingresar al avión, que en pocos instantes despegó. Ahí comenzó a desplomarse el negocio del piloto Kübeck y sus socios, los polleros mexicanos.

Hasta el 30 de marzo de 2012, un año después, cuando los agentes tuvieron la certeza que desde el pequeño aeropuerto del condado de Imperial se operaba una red aérea de tráfico de personas.

“Un agente de apellido Hernández vio a Kübeck salir de las oficinas de servicios de aviación y caminar hacia la puerta peatonal, donde estaba estacionado su avión. Momentos después, Hernández observó a un grupo de cuatro individuos introducirse al avión”, detalla la investigación.

En la acusación, con el folio número 2:12-MJ-08313-PCL, entablada por el gobierno de Estados Unidos se indica que Kübeck abrió la puerta peatonal y les permitió el acceso. Los saludó de mano y todos entraron al avión.

Fue ahí cuando un grupo de agentes fronterizos los interceptó. Al realizar una inspección a la aeronave, Kübeck declaró ser ciudadano de Estados Unidos. El copiloto se identificó como Antonio Álvarez, un mexicano indocumentado, a quien le ofrecieron 10 mil dólares por acompañar a Kübeck en un vuelo a Salinas, California.

El piloto confesó que era empleado de los taxis aéreos llamados Air King, que proporcionaba un servicio para la compañía River Ranch, y que le pagaban 4 mil 800 dólares en efectivo por sus servicios.

La sentencia

A pesar de negar que fueran culpables, Phillip Kübeck, Roselia Kübeck y Earl Allen fueron condenados por conspirar para ingresar extranjeros a su país.

La fiscal de Estados Unidos, Laura E. Duffy, anunció que Philip recibió una sentencia de 15 meses, de los cuales 12 serán en una prisión federal y los otros tres en un centro de reinserción social; además de tres años de libertad supervisada.

Roselia Kübeck, su esposa, fue condenada a seis meses en un centro de rehabilitación y cinco años de libertad condicional. Por su parte, Allen fue sentenciado a nueve meses en una prisión federal y tres años de libertad supervisada.

La fiscal confirmó que el piloto logró evadir por más de dos años todos los controles de la Patrulla Fronteriza, en el área de Los Angeles y el norte de California, una de las zonas donde se detectan más personas que ingresan de manera ilegal a Estados Unidos.

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