VERDAD ESCALOFRIANTE

guillermo robles
Por Guillermo Robles Ramírez

Los problemas sociales cuando no son atendidos a tiempo, con el pasar de los años se convierten en algo cotidiano y solo son recordados principalmente en discursos políticos cuando se acerca alguna elección de cualquier índole. Por mencionar el hecho de que un niño trabaje, se ha vuelto una cosa común como el ver a un cerillo en cualquier tienda departamental, en un Oxxo, Seven Eleven, lavados de carros, vendiendo chicles, dulces, o bien al pequeño campesino ayudando a su papá en las jornadas rurales.

Pero el problema no es sólo que trabaje, lo cual ya es de por sí considerado como una violación a sus derechos fundamentales, sino el hecho de que por trabajar deje de hacer lo que un niño normal debería de hacer como patear una pelota o acudir a la escuela, y peor aún, el hecho de que si no trabaja no tendrá qué comer y quizá su familia tampoco incluyendo a sus padres.

Una vieja máxima del crecimiento social dice: “la pobreza del pobre nunca debe ser tanta que ofenda al rico”. Cuando un rico mira a un pobre niño que implora una moneda a cambio de limpiarle el parabrisas de su lujoso auto y en lugar de misericordia siente repulsión, es el momento de atender la problemática social por la que cruza el país.

El asunto de la pobreza ya es bien grave. Pero el caso se agrava aún más cuando se involucra a los niños, y son muchos que llevan los pies envueltos en plástico, entrando por la estrecha boca de los hornos ardiendo, a veces, a leña,   gas o con las restringidas llantas, entran a hacer lo que ellos llaman el “chorizo”, una hilera de ladrillos o de ese piso cuadrado de exportación, para salir posteriormente en fila acarreándolos con el sol a plomo; y sucios , con los labios resecos, atareado, niños de color de barro.

Oculto entre los sembradíos dela Comarca Lagunera, entre el ladrillo rojo de Saltillo, las minas de carbón, tras las páginas de pornografía infantil en internet, cobijados bajo el rebozo de las “Marías” y en los basureros, se encuentran las peores formas del maltrato infantil, la explotación sexual y el abuso sistemático de padres que la pobreza, comprometen la integridad física y mental de sus hijos.

Se han presentado infinidad de documentales para erradicar el trabajo infantil en el país, haciendo referencia que a diario una cantidad superior a los tres millones de niños mexicanos laboran, ya sea en el servicio doméstico, en mercados, en talleres, en fábricas o en sembradíos y ahora en el crimen organizado.

Tantas cifras y documentales que no solamente las autoridades se la pasan por el arco del triunfo sino también mandatarios de un país, como lo fue el caso del ex presidente Vicente Fox, cuando se vio envuelto en un escándalo de explotación infantil, cuando un medio de comunicación puso en evidencia cómo niños menores de 14 años trabajaban en aquella entonces la finca del ex mandatario presidencial en Guanajuato, sembrando cebollas, escogiendo papas y preparando la tierra para cultivar.

 Esto aun cuandola Constitución Mexicanaprohíbe trabajar a menores de 14 años, mientras que los adolescentes de entre 14 y 16 años pueden trabajar sólo seis horas al día.

 La justificación de Vicente Fox en aquel entonces fue muy a su manera campechana, irónica y burlona y siendo presidente explicó al principio de su administración que al igual que millones de padres de familia en el país que era una “ayudadita” para las familias de éstos niños y que luego de la chamba se iban a las escuela a estudiar, para ser mejores mexicanos y mexicanas.

También el caso de aquel funcionario municipal del estado de Tabasco, quien humilló un niño indígena de apenas 10 años de edad a quien le tiró su canasta llena de dulces para vender y todo captado con imágenes de video por un camarógrafo de una televisora de la ciudad de México y exhibido ante los medios pero además fue subida a las redes sociales y titulada como el “Video dela Vergüenza”, siendo tanta la indignación de los mexicanos pero sobre todo la presión que fue separado de su cargo. Así como estas situaciones en donde servidores públicos desde la talla de  un expresidente de la república como hasta el cargo de un empleado municipal  pero sin importar el cargo muchos niños no solamente son explotados laboralmente sino humillados.

Estas denuncias públicas en los medios de comunicación son apenas la punta del iceberg a la realidad, pues así lo consideran las autoridades dela Procuraduríadela Familiaen Coahuila, que es el trabajo oculto de los niños, es decir, ya no la actividad en supermercados o cruceros, lo que demostraría la verdad de éste abuso que inicia con el trabajo en el seno de la familia y termina en situaciones de abuso y explotación.

Nadie quiere hacer un estudio a fondo a nivel nacional para tener un dato real y dejar de ver la superficie del trabajo infantil que normalmente son en los centros comerciales, las tienditas, el supermercado, entre otros que vemos normalmente a la vista de los ciudadanos.

En las zonas rurales es donde se comenten más injusticias pues es ahí donde llegan muchos empresarios ofreciendo sueldos por abajo del mínimo, sin horario fijo, en resumen sin derechos laborales.

Escuchar a sus propios padres que los acompañan en su ardua labor lo consideran como un mal necesario, en medio de la lucha por sobrellevar la pobreza.

Los niños que trabajan tienen en su existencia una condición muy especial, revela una verdad escalofriante. Dejan de vivir como lo que son, para convertirse en un indispensable sustento de sus hogares. Su tiempo de niños dejó de pertenecerles y ahora son una especie de personas con alma de un inocente pero obligaciones de un adulto responsable.

Por alguna razón, al conocer éste tipo de problemas sociales, la generalidad de los ciudadanos, incluyendo posiblemente a usted el lector, tiene la convicción, de que se trata de algo que le corresponde resolver al gobierno.

Pero la cruda realidad es más que evidente y obvia, el gobierno no tiene ni tiempo, ni ideas, ni capacidad para resolver asuntos de éste tipo, quizá su actuación se reduzca exclusivamente a reconocer el tema, estudiarlo a fondo y ofrecer un paliativo en forma redada en las calles o con suerte en una asesoría a sus padres, que se saben igualmente víctimas de una circunstancia social.

La pobreza del pequeño, tampoco, se acabará con darle la moneda en el crucero, antes bien habrá de darle una esperanza muy falsa, así que, es tiempo de hacer bien las cosas con medidas serias como sociedad interesada por un lado en evitarnos los problemas de inseguridad que habrá de originar ésta situación y, por otro, para impedir que un día sin darnos cuenta, sintamos repulsión en lugar de misericordia, porque en esos momento dejaremos de ser verdaderas personas. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org

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