Senna y el legado de un mito del automovilismo mundia

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Por Adrián Mengana Martínez

La Habana (PL).- El corazón todo arrojo y pasión del piloto brasileño Ayrton Senna dejó de latir el 1 de mayo de 1994, para ensanchar aún más el mito de un grande del automovilismo latinoamericano y mundial.    Senna dejó su impronta en la Fórmula Uno de 1984 a 1994, hasta que un accidente funesto en la curva de Tamburello, del circuito italiano de Imola, cuando conducía un monoplaza de Williams-Renault cercenó su brillante carrera.
Nacido el 21 de marzo de 1960 en la ciudad brasileña de Sao Paulo, el sudamericano conquistó tres títulos del orbe en la máxima categoría del automovilismo (1988, 1990 y 1991) para erigirse en el gran referente de América Latina en la F1 después del argentino Juan Manuel Fangio, monarca universal en cinco ocasiones (1951, 1954, 1955, 1956 y 1957).
Las estadísticas de por sí dejan entrever el talento del brasileño: 161 Grandes Premios disputados, con balance de 65 pole position (parrillas de salida), 41 victorias, 80 podios y casi tres mil vueltas a los circuitos de la Fórmula Uno.
En 11 temporadas tuvo un comienzo esperanzador en Toleman y Lotus y luego años de plenitud en Mclaren, marcados por una rivalidad legendaria con el francés Alain Prost, con quien mantuvo pulsos apasionantes y protagonizó carreras para el recuerdo.
Empezó a pilotar a los cuatro años, cuando su padre Milton Da Silva le regaló un pequeño kart con un motor de un caballo de potencia, y corrió su primera carrera a los ocho años.
Radicado en el Reino Unido, compitió en los campeonatos mundiales de karting de 1978, con un sexto lugar, 1979 (subcampeón), 1980 (subtitular), 1981 (cuarto) y 1982 (14).
De esa modalidad, Senna desarrolló su destreza y técnica para conducir bajo la lluvia y desde esa época ya usaba su particular casco amarillo con dos líneas, una verde y otra oscura.
En 1981 debutó en la Fórmula Ford 1600 y se hizo con el campeonato británico de la modalidad. En 1982 fue campeón europeo y británico de la Fórmula Ford 2000, y en 1983 campeón británico de la Fórmula 3.
Su fama de conductor prodigio llegó a la categoría reina del automovilismo y recibió ofertas de las distintas escuderías a la que debutó en 1984 con el desaparecido equipo Toleman Hart y terminó el Mundial en el noveno puesto.
En 1985 fue contratado por Lotus, que utilizaba en ese momento motores Renault. Conquistó dos Grandes Premios (Portugal y Bélgica) y acabó cuarto en el campeonato, con 38 puntos, posición que repetiría al año siguiente, con 55 unidades.
Una temporada más tarde, su plantel incorporó los motores Honda y, gracias a las mejores prestaciones de la firma japonesa, Senna escaló una posición y terminó la competición universal en el tercer lugar, con 57 rayas.
En 1988 obtuvo su primer título mundial con McLaren-Honda y ganó ocho Grandes Premios (San Marino, Canadá, Detroit, Gran Bretaña, República Federal de Alemania, Hungría, Bélgica y Japón).
Para la temporada de 1989, Senna era considerado por los especialistas como el máximo favorito para alzarse de nuevo con el título de esa temporada. Su único obstáculo para conseguirlo era su compañero de equipo, Prost.
En la última carrera de la campaña en Suzuka, Japón, y a causa de las continuas averías, el brasileño llegó con 16 puntos menos que el francés.
Pese a cruzar la meta en la primera posición, los comisarios deportivos decidieron descalificar a Senna por haber sido ayudado a poner en marcha el coche y a volver a la pista tras la colisión que tuvo con Prost en la vuelta 47, que obligó al francés a abandonar la carrera. Con la sanción perdió toda posibilidad de revalidar su título.
En 1990 volvió a ganar la corona del orbe, con victorias en Estados Unidos, Mónaco, Canadá, Alemania, Bélgica e Italia. Al año siguiente, consiguió por tercera vez el cetro para igualar en número de títulos con Jack Brabham, Jackie Stewart, Niki Lauda, Nelson Piquet y Prost.
Senna llegó primero en siete Grandes Premios (Estados Unidos, Brasil, San Marino, Mónaco, Hungría, Bélgica y Australia) y fue segundo en Francia, Italia, Portugal y Japón. Su mayor rival a lo largo de la temporada fue el británico Nigel Mansell, que, a los mandos de su Williams-Renault, obtuvo la segunda plaza en la general.
El 19 de septiembre de 1991, Senna renovó por dos años más su contrato con McLaren y un año después no logró los resultados esperados por las menores prestaciones de su monoplaza: ganó en Mónaco, Hungría y Monza, y fue cuarto en la clasificación final.    En la campaña de 1993 consiguió un segundo puesto en Sudáfrica, Brasil, Gran Premio de Europa, Barcelona, Mónaco, Japón y Australia. Los resultados le permitieron acabar el mundial en el segundo lugar, tras Prost, quien se retiró de las pistas luego de ganar la corona.
Para 1994, Senna finalmente firmó con el equipo Williams-Renault, pero desde el  principio se vio que el FW16 no resultaba ser un coche apto para el brasileño, difícil de conducir y con problemas para introducirse en el estrecho habitáculo.
En el Gran Premio de San Marino de 1994, en Imola el 1 de mayo de 1994, en la vuelta número siete y tras un aparatoso accidente en la salida y al reanudarse la carrera, el monoplaza de Senna se estrelló contra el muro de contención y una barra de la suspensión le atravesó la visera ocasionándole fracturas en el cráneo con pérdida de masa encefálica.    Tras el accidente, el brasileño fue trasladado en helicóptero al hospital de Maggiore de Bolonia, en Italia, donde permaneció en coma y falleció pocas horas después.
El legado de Senna, su muerte, inesperada y desgarradora, y su defensa de los más desfavorecidos contribuyó al enaltecimiento de una personalidad que aún cautiva al mundo entero.

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