Wilter Blanco: la caída del Chapo hondureño

Por Ariel Barredo Coya

Managua (PL) El imperio criminal que el capo de la droga Wilter Neptaly Blanco Ruiz estableció en el norte de Honduras con la complicidad de policías, funcionarios y políticos corruptos, comenzó a desmoronarse con su sorpresiva captura en Costa Rica.
Prófugo de la justicia durante meses como el mexicano Joaquín «el Chapo» Guzmán, Blanco era uno de los barones de la droga más buscados de Centroamérica, tras los cargos por lavado de activos y narcotráfico formulados por Honduras y Estados Unidos en mayo y agosto de este año.
Y al igual que el Chapo también logró evadir en múltiples ocasiones la persecución de las autoridades hasta su captura el 22 de noviembre.
De hecho, su salida clandestina de Honduras a bordo de una lancha en octubre pasado ocurrió tan solo unos días después de su fuga ante un intenso operativo de búsqueda y captura en los departamentos de Atlántida y Colón, con la ayuda de un agente de tránsito y un enfermero.
El cerco alrededor de Blanco, sin embargo, comenzó a cerrarse cuando la Agencia Técnica de Investigación Criminal (Atic) atrapó a sus dos amantes y cómplices, Yessica Michelle Matute y Denia Carolina García, mientras las autoridades ticas confirmaban el traslado de su base de operaciones a Costa Rica.
Allí el connotado narcotraficante buscaba mantener un perfil bajo, pero la vigilancia constante a la que fue sometido acabó por dar pie a su captura en un operativo conjunto ejecutado por la Policía de Control de Drogas de Costa Rica y la Atic.
Su arresto aconteció de forma tan sorpresiva que Blanco no tuvo oportunidad de resistirse, al ser detenido mientras se paseaba en una indumentaria atípica -pantalón corto, camiseta y sandalias- justo a 200 metros del hostal Double Tree donde se hospedaba en una zona residencial exclusiva de la provincia de Heredia.

EL EJE DE UNA TRAMA DE CORRUPCIÓN
Nacido el 28 de febrero de 1977 en el departamento nororiental de Gracias a Dios, Wilter Blanco se inició en el narcotráfico alrededor de 1999 y en poco más de una década se erigió en el jefe del cartel del Atlántico.
Heredó esta red criminal y amplió las operaciones clandestinas del narcoclan de Los Cachiros, encabezado por los hermanos Javier Heriberto y Devis Leonel Rivera Maradiaga.
Según informes de inteligencia, más allá de hacerse con el control del traslado de droga de Honduras hacia Estados Unidos, el rasgo más impresionante de W -como se le conocía en la región de La Mosquitia- radicaba en su habilidad para construir una compleja trama de corrupción que echó raíces en el propio sistema de justicia hondureño.
A tal punto que Blanco logró reunir a su servicio a un grupo de fiscales del Ministerio Público, jefes, oficiales y agentes de la Policía Nacional que le informaban todos los movimientos y acciones planificados en su contra para evadir la justicia y salir airoso de los operativos.
Algunas fuentes señalan que una de sus estrategias más socorridas consistía en organizar fiestas en hoteles o residencias de lujo para los miembros de la cúpula policial, mientras aprovechaba ese momento para descargar y embarcar su mercancía.
Aunque fue incluso más lejos, al darse el lujo de financiar la construcción de postas policiales y tener a disposición patrullas de esa institución que lo escoltaban cada vez que se movía en su área de influencia, en los municipios de la zona atlántica de Honduras.
Asimismo, las investigaciones apuntan que Wilter Blanco fue la mente maestra detrás del asesinato del zar antidrogas Julián Arístides González, por cuya cabeza pagó 20 mil dólares a varios miembros de la Policía Nacional en 2009, tras un operativo en La Mosquitia que le provocó considerables pérdidas.

UN DURO GOLPE AL NARCOTRÁFICO
Producto de sus actividades ilícitas, el connotado narcotraficante consiguió amasar a sus 39 años una cuantiosa fortuna, que incluía lujosos bienes y viviendas en los departamentos de Atlántida, Yoro y Colón.
Tras iniciar el proceso legal en su contra, las autoridades hondureñas le confiscaron 142 propiedades, entre las que figuran 58 residencias y haciendas, 48 cuentas bancarias, 28 vehículos, cuatro embarcaciones e igual número de empresas.
Por tal motivo, expertos en temas de seguridad interna consideran la captura de Blanco un fuerte golpe al narcotráfico.
«Lo más importante es que el crimen organizado se reduzca en Honduras, esto le ha hecho un daño enorme al país. La zona norte llegó a tener las tasas de homicidios más altas y era una de las áreas donde él -Wilter- operaba», explicó al diario La Prensa el asesor en materia de seguridad, Carlos Hernández.
Entretanto, Omar Rivera, miembro de la Comisión de Depuración de la Policía Nacional en el país, resaltó que ahora lo más importante es continuar con los rigurosos procesos de investigación y de castigo a todos aquellos actores vinculados a la narcoactividad en el país.
Luego de su arresto en Costa Rica, queda por ver si el Chapo hondureño, como ya empiezan a llamarlo diferentes medios de prensa, será juzgado en su país de origen o las autoridades atenderán el pedido de extradición formulado por Estados Unidos, a instancia de la Corte Federal del Distrito Sur de la Florida.

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