A TIRO DE PIEDRA A CAMBIO DEL GASOLINAZO, SIETE PESOS


Por Julian Santiesteban

Quien no quiere pensar es un fanático;

quien no puede pensar, es un idiota;

 quien no osa pensar es un cobarde

Sir Francis Bacon

 

En México se autorizó y entró en vigor el incremento al salario mínimo más alto de los últimos 17 años; de hecho, el incremento es tan considerable, que con ese dinero puede comprarse casi medio litro de gasolina –claro, sólo si es Magna.- No es burla, aunque lo parezca, es la triste realidad.

 

El primero de diciembre de 2016, el Consejo de Representantes de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami) acordó otorgar un incremento de 9.5 por ciento, para variar de 73.04 a 80.04 pesos diarios; en el comunicado oficial –faltaba más-,  ese organismo asegura que el incremento “representa el incremento en pesos más alto de los últimos 17 años y permitirá recuperar el poder adquisitivo de la población, sin afectar la estabilidad de precios o el empleo formal”, ¡Olé!

 

Pero el autoalabo –que terminó siendo vituperio- del gobierno de Enrique Peña Nieto no quedó ahí, pues el comunicado asegura que “por primera vez en cuatro décadas, el salario mínimo recupera 15 por ciento su poder adquisitivo… con base en cifras del INEGI y el Coneval, el ingreso de los trabajadores que ganan esta percepción ha tenido una recuperación de 578 pesos mensuales en lo que va de la presente administración federal… Con esta decisión, en cuatro años, se ha tenido el mayor avance que en los 40 años previos…”

 

El comunicado de la Conasami fue reproducido en prácticamente todos los medios de comunicación nacionales este primero de enero, al tiempo que publicaban también el brutal incremento a las gasolinas; a la energía eléctrica, al gas LP; y pronosticaban la oleada de aumentos en una infinidad de productos, como se ha confirmado en los días siguientes y que continuarán seguramente en la primeras semanas de 2017; por eso seguramente el lector no se enteró de todos los “beneficios” que trajo el incremento al salario mínimo.

 

Con  los anuncios desvinculados pareciera que se apuesta al poco entendimiento de los mexicanos, la información se maneja como si los lectores no tuvieran –aunque ciertamente muchos no la tienen- la capacidad de inferir que los siete pesos por día que se autorizó como incremento no servirán para “maldita la cosa”, en un país en el que no sólo los energéticos se dispararon de precios, sino que además de todos los productos en cuya fabricación o distribución se utilicen estos productos, también tendrán una elevación considerable.

 

De entrada, el gobierno mismo ha justificado el incremento a la energía eléctrica por el incremento de los combustibles que utiliza para su producción; luego entonces ¿no es de esperarse un incremento en el transporte público? ¿no aducirán lo mismo los distribuidores de productos básicos en todo el país para subir el precio de los comestibles, de la ropa, de todos los consumibles y de todas las cadenas productivas?

 

Mientras los “beneficios” de los siete pesos comienzan a comprenderse por parte de toda la población, los pronósticos económicos no son nada alentadores, y es que tan sólo para el mes de enero se espera que la inflación sea en promedio del 5 por ciento; eso se traduce simplemente en incrementos de precios. Si consideramos que Chetumal, la capital de Quintana Roo, estuvo en los últimos dos años entre las ciudades con mayor inflación en México, es evidente que los gasolinazos afectarán aún más la economía local… y ni con los siete pesos de incremento podrá mitigarse el fenómeno.

 

Por cierto, hasta ahora el presidente Peña Nieto no ha acudido a algún acto público a destacar el incremento salarial autorizado, ni a decir que esas “cosas buenas no se cuentan, pero cuentan mucho”, tan sólo el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, ha intentado acusar a factores internacionales por el incremento a la gasolina; pero por ahora ninguna versión es creíble, aunque a ellos la inconformidad nacional no les quite el sueño; prueba de ello es el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, que el dos de enero fue evidenciado por el periodista Víctor Trujillo en redes sociales mientras dormía plácidamente en su regreso a México desde Tokio –of course- en primera clase.

 

Es innegable que el gobierno trata a sus ciudadanos como idiotas, le apuesta a que faltando aun más de un año para las elecciones de 2018 los mexicanos olviden tanto agravio. Falta ver si lo logran; así se observa desde aquí, A Tiro de Piedra.

 

Como siempre, le dejo notas que fundamentan lo expresado.

 

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