DICHO SEA DE PASO: Cambio de actitud


Por Fernando Urbano Castillo Pacheco

La economista británica Joan Robinson, decía que el objetivo de estudiar economía es (…) aprender a evitar que los economistas nos engañen.

 

Ante tal razonamiento, quizá hoy los mexicanos deberíamos buscar cursos intensivos de economía, pues desde el gobierno viene una cascada de declaraciones de contenido económico que parecen tener como objetivo, el engañar y el confundir.

 

Sin duda los aumentos en los precios de los hidrocarburos, en particular de las gasolinas y el diesel, han generado un enorme descontento y una gran preocupación, mientras que el presidente no da la cara y su equipo va dando justificaciones que rayan en la mentira.

 

No soy economista, pero lo que he estudiado de la materia, me permite realizar un análisis, quizá más lógico que técnico, pero que sí desvanece las mentiras que se han dicho.

 

Como primer punto, debe quedar claro que al día de hoy no se han liberalizado los precios de la gasolina, este será un proceso que se iniciará en el mes de marzo y se desarrollará en todo el país a lo largo del año. El aumento actual en sus precios es producto de una decisión del gobierno federal que fijó nuevos precios máximos.

 

Los precios de los combustibles vehiculares tienen varios componentes: un precio de referencia o valor real del combustible, el costo por traslado y suministro, el margen del gasolinero y una carga impositiva por IEPS e IVA, que representa un promedio de seis pesos por litro.

 

En ese sentido, es importante señalar que a partir de las reformas energética y hacendaria, se definió una cuota fija del IEPS por litro de combustible que sustituyó a una tasa variable, de ahí que mientras que en los años anteriores había un ingreso negativo por concepto de IEPS a gasolinas, este se convirtió, en 2016, en un pilar de los ingresos del gobierno que recaudó por este concepto, en el periodo enero-noviembre del año pasado, 236 mil 545.6 millones de pesos. También es importante mencionar que bajo este esquema fijado, todavía existe un pequeño estímulo fiscal y no se cobra la tasa fija completa, lo que va a condicionar que, cuando se liberen los precios, haya un pequeño incremento adicional al desaparecer este subsidio.

 

Otra de las razones del aumento de precios es el incremento mundial de los precios del petróleo y, en consecuencia, de sus derivados. Después de la brutal caída de estos, los precios se van recuperando y han pasado de los veinte dólares que llegamos a ver, a rozar los 50 por barril.

 

Los acuerdos que se dieron entre los países miembros de la OPEP y los compromisos de algunos productores no miembros, respecto a un recorte en la producción, anticipan un incremento importante en los precios del crudo a lo largo de 2017, lo que va a impactar, sin duda, en el precio de las gasolinas.

 

Pero el impacto del incremento de precio se potencializa por un factor adicional, producto del muy torpe manejo de las circunstancias y la política económica: la depreciación del peso. No es lo mismo trasladar el precio de referencia, que se define en dólares, con un tipo de cambio que ronda los 12 pesos (como lo recibió Peña Nieto) a uno de 21 pesos por billete verde.

 

Este gobierno ha roto de tal manera la disciplina fiscal, ha hecho crecer la deuda pública y ha desordenado el gasto, que los fundamentales económicos no son atractivos para los capitales internacionales, lo que, conjugado con una situación social tensa, la violencia, la casi desaparición del Estado de Derecho, la política tributaria y la descarada corrupción, ahuyentan la inversión que este país podría captar.

 

El dólar es una mercancía que define su precio por la ley de la oferta y la demanda. Si los dólares ingresan al país con constancia y fuerza el peso se fortalece, pues al haber más, su precio baja; si por el contrario los dólares empiezan a salir del país, estos escasean en el mercado y se encarecen, logrando hacer poco atractivo el comprarlos por los muchos pesos que cuestan. Pero como muchos productos e insumos son importados, su valor está fijado en moneda extranjera y los precios de las mercancías, en pesos, se ven incrementados al trasladar el incremento del dólar a los precios al consumidor final. A esto se le llama Pass-Trought y durante el 2015 fue absorbido por los productores y comerciantes, pero a partir de mediados de 2016 se comenzó a trasladar al consumidor y esto condicionó el incremento en el índice inflacionario.

 

Es curioso que hoy los legisladores se rasguen las vestiduras y se manifiesten tan preocupados por los aumentos, cuando la elevada tasa impositiva no hubiera sido posible sin su complicidad en el Congreso, pues legisladores del PRI y del PRD –principalmente- impulsaron esa reforma hacendaria que ha estancado el crecimiento del país, favoreciendo únicamente el incremento en los ingresos y la deuda del gobierno.

 

Que juego tan perverso de aquellos que, siendo causantes del problema, hoy son indispensables en su solución.

 

Pero la sociedad también esta errando en su reacción y se da, dirían los parroquianos, un balazo en el pie.

 

Al cerrar las vías de comunicación favorecen mayor consumo de combustible entre transportistas y particulares, con lo que se incrementa más su gasto en gasolinas, siendo los principales perjudicados quienes quieren que disminuya el precio.

 

Por otra parte el bloquear estaciones de servicio, centros de distribución o secuestrar pipas de PEMEX, condiciona la escasez y con ello la especulación con las gasolinas, lo que lleva a que subsista un mercado negro de combustible a precios mucho más elevados.

 

Es momento de exigir que alguien nos de la cara. Que nuestros legisladores nos expliquen su actuar y si no miden las consecuencias de sus votaciones, pero también es el momento de que se dé una verdadera reforma hacendaria que reduzca la enorme carga fiscal que hay en el país, a fin de hacer de México una Nación más competitiva y atractiva a la inversión extranjera, buscando, sobre todo, la equidad tributaria. Que todos paguemos y así podremos pagar menos.

 

Es necesario hacer de la disciplina fiscal una política de Estado, pues está visto que el despilfarro gubernamental de recursos de unos años, los pagamos los mexicanos en otros años. Es impostergable una reforma que evite un gobierno rico y un pueblo pobre; un contribuyente cautivo con administrador irresponsable. Hay que lograr que el gasto se efectivo y que esté encaminado a erradicar la pobreza e impulsar el crecimiento económico con políticas claras que vayan más allá de la dádiva electoral.

 

Es necesario impulsar un sistema eficiente de rendición de cuentas y combate a la corrupción. Un sistema serio que no quede sujeto a las cuotas partidistas y que permita investigaciones serias y determinaciones de responsabilidad justas. Hoy el SNA quedó reducido a vacilada con la designación de un destacado priísta en la presidencia del Tribunal Federal de Justicia Administrativa.

 

Ante el enorme reto del 2017 es necesario un cambio de actitud de todos. Enrique Peña debe ser consciente de que su popularidad está en el piso y la posibilidad de que su partido retenga la presidencia de la República, es reducida. Pero tiene, tambien la más grande oportunidad de encabezar un verdadero cambio estructural que siente las bases del México del futuro, pues no tiene ataduras electorales. Él no tiene ya nada que perder, porque todo lo ha perdido.

 

Pero la sociedad debe también participar en un verdadero cambio, no es momento de dejarnos llevar por el canto de las sirenas populistas. Andrés Manuel López Obrador representa la regresión, al reciclar viejo ideario priista, al asistencialismo y su Proyecto Alternativo de Nación es, como lo dijo atinadamente Roger Bartra, “una mixtura de medidas económicas conservadoras (bajar impuestos), nacionalistas (frenar las maquiladoras) y anticuadas (basar el desarrollo en el petróleo y la electricidad)” y no tiene nada de proyecto.

 

Hay que cambiar al país y, para ello, hay que cambiar de actitud. El alza a las gasolinas debe ser el detonante del verdadero cambio.

 

Un nuevo año.

 

Inició un nuevo año, lleno de retos, de proyectos y de oportunidades. El año que se fue tuvo muchas cosas que dejan satisfacción y enseñanzas, pero este es un nuevo ciclo y espero llegar a cumplir todos mis objetivos comenzando por ser más formal con Usted, querido lector, con quien me comprometo a que aquí nos vamos a leer, por lo menos cada quince días.

 

Hace un año le decía, citando una canción, que era tanta mi fe, que aunque no tenía jardín, ya tenía la podadora. Hoy le puedo reafirmar que mi fe es inquebrantable, el jardín no llega aún, pero la podadora ya es último modelo.

 

Le deseo un feliz 2017, lleno de dichas y bendiciones. Este año va a ser el bueno, eso dice Walter Mercado.

 

Felicidades.

 

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