Desafío: Unidos es Factible

Por Rafael Loret de Mola

*Unidos es Factible
*La Sociedad Triunfa
*A Montar a Caballo
El consumo de Coca-Cola ha disminuido notoriamente en México, según las estadísticas oficiales, como parte del llamado “efecto Trump”, pero al revés. Por otra parte, los productores de azúcar decidieron no enviar su producto a los Estados Unidos y dejar así, con un palmo de narices, a cuantos pretendían imponer descocados aranceles.
Nuestro gobierno parece haber saltado al vacío, con las manos libres, sin definir políticas generales para hacer frente a la imaginación perversa del huésped de la Casa Blanca, esperando acaso que la estructura, el establishment, lo obligue a retirarse dejando la Presidencia en manos de Mike Pence, un radical también pero “poquito”, siguiendo la filosofía de los políticos nayaritas. Estamos en franca desventaja, sin duda, como consecuencia de la negligencia de los funcionarios que ya debían haber respondido con mayor severidad a las imposiciones del señor de los cabellos de naranja.
No han faltado lectores y amigos que se inclinan por dejar de darle importancia al señor Trump porque, con ello, lo engrandecemos. Es una buena fórmula expandida quizá desde la embajada norteamericana para apostar por la pasividad y el habitual conformismo de los mexicanos… cobardes; no así de aquellos que buscan preservar una patria para sus hijos y nietos, luchando contra las infamias y afrentas destinadas a volatizar cualquier signo de patriotismo para que bajemos la cabeza ante cuantos creen que América queda al norte del Bravo –o Río Grande-, hasta donde algunos planean construir la barda de la ignominia.
No, amigos lectores. Dejar de interesarnos en el personaje que está marcando los pasos en esta hora coyuntural sería tanto como pensar en vivir en una isla desierta con unos cuantos fritos para sobrevivir y suficientemente incomunicados para no recibir las amenazas bélicas o ignorarlas hasta que la tormenta de artefactos nos llegue. Saber en dónde estamos pisando es fundamental para prepararnos para cuanto pueda prevenirse –en ocasiones, no queda otro remedio que la defensa-, en aras de salvaguardar cuanto nos es entrañable.
Me preocupa, sí, que algunos busquen justificar la parálisis de la dignidad con el pretexto de que las trasnacionales ofrecen empleos a millones de mexicanos y es menester conservarlos. No olviden que no necesariamente es así porque cuanto mantiene a las empresas de fuera es generado por nuestra mano de obra –muy por debajo de los niveles internacionales-, y nuestros recursos naturales. En cambio, ¿no es detestable que los canadienses exploten nuestras minas, las de oro y plata sobre todo, y mantengan a los obreros en condiciones infrahumanas, aliados con los personajes mexicanos con mayores fortunas: Slim, Baillères y Larrea.
Las fuentes de trabajo sólo son panacea cuando los gobiernos autoritarios dejan al garete a miles de trabajadores por decisiones unilaterales y, francamente, inhumanos. Ocurrió con la extinción de la Compañía de Luz y Fuerza a la que la propia administración federal dejó corromperse para controlarla y aducir con ello que se ejercía el poder para salvaguardar la limpieza del ejercicio público; una falacia más, inventada para favorecer los intereses del calderonismo aprovechando un juego de fútbol, el gran distractor, para proceder a la ocupación de las instalaciones y dejar a miles de trabajadores en la calle. Nadie reparó el daño causado ni las pobres indemnizaciones recibidas solamente por un sector.
A cambio de ello, nunca avanzaron las pesquisas para determinar la responsabilidad del Grupo México, cuya accionista principal, Germán Larrea Mota-Velasco, parece estar fuera del alcance de la justicia por “intocable”, en las tremendas explosiones de Pasta de Conchos en febrero de 2006, esto es hace más de once años, todavía con los fox en la Presidencia y Humberto Moreira en plan de gobernador buscando la manera de financiar la campaña presidencial del señor peña nieto.
Ahora me pregunto si Larrea, a cambio de su impunidad y el mantenimiento de su criminal grupo, fue uno de quienes aceptaron aportar enormes cantidades de dinero a las campañas políticas, del PAN en 2006 y del PRI en 2012, cuál si se tratase de pagar las cuotas de seguridad que exigen los facinerosos, los grandes capos y sus sicarios, para dejarlos tranquilos, sin ser molestados por la justicia, en plena decadencia moral y política. Nunca ha tenido que responder este personaje a los gravísimos hechos que tocan a los empresarios impunes.
Recuérdese la enorme cortina de humo que representó la severa alocución inicial del farsante presidente, al inaugurar su mandato, cuando aseveró que se habían acabado los intocables en México lo que, en sí, era una confesión a la existencia de los mismos dentro de los cuadros gobernantes; fue sólo un vientecillo demagógico, sugerido con hipocresía suprema, que se diseminó como vino: sin ruido ni presiones; porque si en algún régimen ha existido la prepotencia y la expansión de los intocables es en el actual, desde el tío sin decoro, Arturo Montiel Rojas, hasta los grandes empresarios al servicio de las peores causas del país, entre ellas la entrega sumisa de nuestra riqueza y nuestros recursos y, con ellos, de la soberanía nacional.
Intocables, todos, que se aprovechan ahora de las amenazas de Trump al reducir los campos de acción a los grandes corporativos a los que pagar un encaje ilegal les viene de poca monta porque, digan cuanto quieran, lo han hecho siempre con el mayor descaro imaginable. Siempre que hay crisis, incluso binacional, los especuladores salen ganando y sus cómplices políticos en la misma tesitura; como aquel infame, ya extinto, de Víctor Cervera quien, en Yucatán, clamaba:
–¡Dios mío… mándame un huracancito!
Sólo así podría meterse en la foto para buscar aspiraciones futuras luego de haber sido, igualmente, secretario de la Reforma Agraria, la institución más demagógica del cuadrante presidencial, por muchos años baluarte de figuras grotescas como Augusto Gómez Villanueva o Alfredo Bonfil Batalla, hermano de Guillermo, dentro de una triada de infecundos servidores de la oligarquía con disfraces de campesinos menesterosos. A Alfredo le tocó lo peor: murió tras un trágico accidente aéreo saliendo de la conflictiva Veracruz en donde fue tratado por lo que, de verdad, era. Y si no pueden defenderse ellos, por estar muertos, algún legado debió dejar para que salga alguien a dar la cara.
Mientras, Margarita, la “calderona” –una especie de avocación de “La Catrina” de Posadas, bautizada por el subcomandante Galeano-, y Andrés Manuel han optado por hacer proselitismo en los Estados Unidos colgándose de Trump como si creyeran en que éste no influirá, porque deberá irse antes, en la contienda de 2018. ¡Qué se lleve a peña en todo caso!
Debate
Un mundo en donde ciento dos millones de personas están siendo consumidos por la hambruna –un elemento bastante peor a la de cualquier pandemia como la que también se extiende por África-, no puede cernirse a cuestiones demagógicas fútiles ni nada por el estilo. Estamos, con ello, en una crisis moral tan profunda que acaso El Vaticano, el estado que dice servir a los pobres siguiendo el legado de Cristo, debiera aportar suficiente capital para liberar a la humanidad del flagelo; tiene de sobra, mucho más que los haberes de las grandes potencias a excepción del imperio del señor Trump.
Estoy seguro de que si las naciones con caudales, o con capacidad para separarse un poco de sus ambiciones y reservas, fueran capaces de integrarse en una nueva institución para combatir la desesperante situación universal podría lograrse bastante más que con jaculatorias y poses grotescas. Una mala: quien está al frente de la Comisión respectiva en la ONU es, nada menos, ernesto zedillo ponce de león, el mayor empobrecedor –hasta la llegada del peñismo- de la historia. Sólo en México, un tercio de la población está bajo los límites de la extrema miseria.
Y aun así, no faltan imbéciles quienes insisten en que zedillo podría ser un buen gobernador del Banco de México. Como si las ratas pudieran ilustrarse en materia de justicia social por ósmosis.
La Anécdota
En Estados Unidos no nos conocen; en México, en cambio, sabemos cómo se compartan los “gringos” dentro y fuera de su territorio. ¡Cuántas veces se ha cedido ante la vergonzosa intervención de la Casa Blanca! Es tan largo el acecho que se me aparece en la cabeza la célebre huida de David Joel Kaplan, en 1971 –esto es bajo el echeverriato entreguista; recuérdese que el personaje estaba reclutado por la CIA-, en helicóptero desde el penal, supuestamente inexpugnable, de Santa Martha Acatitla. Nunca más se supo de él. Un caso para la antología de las vergüenzas.
Prueba lo anterior hasta dónde llegan los soterrados acuerdos entre los gobiernos de México y los Estados Unidos; pero ahora tiemblan, no pocos, ante la posibilidad de que el más célebre “testigo protegido” de la Unión Americana, “El Chapo” Guzmán, chantajee a los más altos miembros de la clase política mexicana. Los narcos se vuelven acusadores en un sistema corroído hasta sus entrañas.
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Seguimos cruzados de brazos mientras las amenazas de la Casa Blanca prosiguen. No digo que rompamos relaciones con la superpotencia pero sí que éstas se enfríen, con medidas extremas, para detener los amagos prepotentes. Se puede y debe hacerse.

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