Migración, realidad y necesidad para Estados Unidos

México, 6 ago (PL) México ha cedido a Estados Unidos 10 millones de sus hijos a lo largo de un siglo de una emigración incontrolable por ambas naciones, revela hoy un estudio publicado por el diario La Jornada.
El texto del articulista Jorge Durand analiza que a lo largo de ese período los mexicanos se han desentendido de esta problemática y los estadounidenses se han hecho de la vista gorda y la han tolerado.
Con la llegada de Donald Trump a la presidencia, las cosas cambiaran, más bien, induce, no debería ser lo mismo.
Durante 30 años -en las décadas del 70 al 90 del pasado siglo- el flujo migratorio mexicano y centroamericano creció a un ritmo promedio de 10 por ciento anual, se duplicó en comparación con periodos anteriores.
Según estadísticas estadounidenses hasta el 2010 se reportaban 11 millones 700 mil mexicanos llegados en forma irregular.
El experto opina que en Estados Unidos todas las propuestas de reformas migratorias de la última década fueron desechadas y en México se seguía pensando que no era asunto nuestro, sino del vecino.
Puntualiza que ambas naciones se acomodaron y atrincheraron a partir de la retórica bilateral, de nuestra orilla -del río Bravo- hablamos de indocumentados y de la otra, la norteamericana, de ilegales.
También reconoce que una retirada masiva de nacionales de los campos agrícolas norteños sembraría el caos y difícilmente encontrarían remplazo, y avizora: eso no ha sucedido ni sucederá porque los viñedos de Trump, en California, no se van a dejar de cosechar.
Ochenta y cinco por ciento de la mano de obra agrícola no calificada de Estados Unidos es nacida en México y en su mayoría indocumentada.
Comenta que fue una estrategia diseñada para que se ocuparan de las principales tareas del agro. No hay negros, ni chinos trabajando en los campos, tampoco filipinos.
Con Trump -indica- la retórica tradicional fue dejada atrás, ahora se trata de mexicanos criminales, violadores y narcotraficantes, de la invasión de los «bad hombres» a la tierra prometida.
Y concluye con un llamado a cambiar la narrativa y definir claramente cuál es el interés nacional en el tema migratorio, sin dejar de correr el tiempo con la esperanza de que se mantenga el statu quo por un siglo más.

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