Fútbol Club Barcelona, más allá de la independencia

Por Fidel Alejandro Manzanares Fernández

Camagüey, Cuba (PL).- De Pau Gasol hasta Gerard Piqué, un grupo importante de deportistas apoyaron a los más de 2,3 millones de personas (cerca del 40 por ciento de la población con derecho al voto) que participaron el 1 de octubre en la votación del referendo independentista en Cataluña.
En el caso de Piqué, un catalán de pura cepa, campeón del mundo con la selección de España en 2010, nunca declaró si está a favor o no de la independencia.
“No tiene nada que ver estar a favor del referéndum con estar a favor de la independencia. Hay muchísima gente que ha apoyado el referéndum, en Cataluña y en el resto de España, y que está en contra de la independencia”, dijo a la revista Papel.
La consulta, considerada ilegal por el Gobierno y el Tribunal Constitucional de España, se convierte en el más grave problema para el estado del país ibérico, liderado por Mariano Rajoy, quien ya expresó en su discurso en La Moncloa que “no ha habido referéndum, hemos asistido a una mera escenificación”.
“Ha sido un ataque premeditado y consciente, al que el Estado ha reaccionado con firmeza y serenidad”, expresó para justificar la represión de la Guardia Civil contra los manifestantes de la región.
En medio de tanta hostilidad entre el pueblo catalán y las fuerzas del orden público, una pregunta ronda en el mundo deportivo: Si se declara la independiza la región, ¿cómo sería la situación del Fútbol Club Barcelona y demás clubes catalanes?
En criterio de analistas el tema se tornaría complicado en caso de convertirse Cataluña en un país independiente, pues no solo quedaría fuera  de la Unión Europea y no tendría acceso a organismos internacionales como la ONU, la Organización Mundial del Comercio, el FMI y la OTAN, sino que además las instituciones deportivas estarían apartadas de la Liga de Fútbol Profesional de España.
Ante tal disyuntiva, el presidente de la Liga, Javier Tebas, fue preciso en sus declaraciones: “Si se produce la independencia de Cataluña, en ese aspecto la Ley del Deporte es muy clara y solo permite jugar a equipos españoles”.
La emblemática institución catalana corre el riesgo incluso de verse imposibilitada de participar en competiciones europeas, que reportan elevadas cifras económicas en uno de los negocios más lucrativos, capaz de generar millonarios ingresos.
“Para cualquier equipo es muy complicado jugar una competición internacional si se separa unilateralmente de un Estado”, sentenció el directivo español.
En el orden legislativo solo una ventana difusa se abre para el futuro del deporte catalán en general, pues una modificación para incluir una excepción —como ocurre en Andorra—, podría suceder, empero en el caso de los representativos de la región nordeste de la península ibérica se torna más que difícil.
El nivel de inseguridad sobre el mañana y el estatus político de la región autónoma figuran entre los principales temas que preocupan a  la mayor parte de los ciudadanos, incluso aquellos quienes se inclinaron a favor del referéndum.
Por otra parte, una Liga sin el Barcelona, uno de los tres grandes del país, que junto al Real Madrid y el Athletic de Bilbao -nunca han descendido de la Primera División-, resulta inimaginable para los seguidores de esta disciplina deportiva.
Privar a los amantes del fútbol a escala global del mayor espectáculo socio-cultural de esa nación, un clásico Barca-Real Madrid, sería nefasto para el espectáculo de la competición, sin embargo, ¿qué opciones le restan a los blaugrana?
El Barcelona baraja como primera opción la Liga catalana, un torneo que distaría mucho del nivel de uno de los principales animadores del balompié en el Viejo Continente, en cinco oportunidades titular de la UEFA Champions League.
Más fiable sería la incursión de los azulgranas en la Liga francesa, que sí refleja en sus estatutos la posibilidad de incorporar equipos foráneos.
Precisamente el actual campeón, el AS Mónaco, equipo del principado de esa localidad, Estado-ciudad soberano, se encuentra en tal situación.
El primer ministro francés, Manuel Valls, quién tiene fuertes raíces catalanas, aseguró que su país le abre al Barcelona las puertas de su Ligue 1.
Sin embargo, el Comité Olímpico Catalán se lo piensa dos veces ante semejantes intenciones separatistas. Cualquier decisión en el ámbito deportivo, además de echar por tierra la historia de la institución, que se proclama “Más que un club”, generaría un déficit económico, que imposibilitaría la  permanencia de estrellas de la talla del argentino Lionel Messi.
La situación se torna muy tensa más allá del mundo político. Y aunque la votación fue declarada inconstitucional, las autoridades catalanas aseguraron que con la victoria del “sí” se declarará la independencia de forma unilateral en los próximos días.
El fútbol español perdería uno de los emblemas de la competencia, y un referente a nivel mundial.
A ellos se suma la amenaza de desaparición de la mayor rivalidad del deporte de las multitudes, entre los del Real Madrid y los del Barcelona; un asunto que trasciende fronteras de historia, cultura, negocio y economía.
(*) Corresponsal de Prensa Latina en Camagüey.

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