Tensiones por el conflicto social en Argentina van en aumento

Por Gastón Fiorda

Buenos Aires, 18 jul (PL) La jornada de protesta, que pasó de un «cacerolazo» a un gran «ruidazo» y se sintió por toda Argentina contra el aumento de tarifas, resultó una señal clara de agotamiento de un modelo de gestión.
El gobierno de Mauricio Macri cerró su semana más complicada en relación con la política equilibrista que desarrolla desde el inicio de su mandato entre el bienestar de los sectores más concentrados de la economía y la marginalidad a la que pretende confinar a las mayorías sociales y organizadas.
El cambio de escenario se produjo el último jueves, cuando miles de argentinos salieron a protestar en las calles de los principales centros urbanos del país contra las políticas de ajuste, inflación y desempleo que promueve el Gobierno Nacional.
Aunque los grandes medios «hegemónicos» de comunicación quisieron minimizar el efecto del reclamo, el ruido de las cacerolas y las bocinas de los autos provocaron un tembladeral en la Casa Rosada, y alertó a buena parte de la oposición a reconfigurar sus estrategias.
Los estrados políticos captaron que el pueblo decía «basta», imponía límites y designaba culpables.
El partido oficialista de Cambiemos, como toda reacción, salió a tocar timbre para sacarse fotos con vecinos celosamente preseleccionados.
Ni el Presidente ni ningún otro miembro del gabinete dijo algo respecto de la protesta nacional; mucho menos, adoptar algún tipo de medida que tuviese por objeto revertir el estado de crisis que vive el país.
El estado de situación es delicado. Desde varios sectores, gremiales, académicos, cooperativos y políticos advierten de las consecuencias que está dejando el modelo económico que impone Macri y el creciente espíritu de inestabilidad social. La pobreza trae aparejada la resistencia y un campo de mayor conflictividad.
Las fotos edulcoradas con la Sociedad «Golpista» Rural, el desfile de algunos cómplices de la última dictadura cívico-militar por las calles de Buenos Aires, y la convocatoria a la casa de Gobierno a miembros de un partido neonazi, son postales del pasado inmediato más sangriento del país que muestra sus intenciones por regresar.
Y un capítulo aparte es la represión salvaje en el ingenio Ledesma, en la provincia de Jujuy, producida el último jueves cuando los trabajadores azucareros cumplían con un paro por tiempo indeterminado.
La acción de los efectivos de infantería dejó más de 80 heridos por las balas de goma y gases lacrimógenos, nada de eso reportó ni siquiera aludió la gran prensa.
El paro continúa. Los trabajadores siguen apostados sobre la ruta nacional 34 y mantienen cortado el acceso a la localidad de Libertador San Martín donde está emplazada la compañía de la familia Blaquier. El gobierno provincial de Gerardo Morales dictó la conciliación obligatoria, pero el sindicato decidió no acatarla.
A sólo ocho meses de iniciada su gestión, Mauricio Macri generó varios millones de nuevos pobres, más de 200 mil trabajadores perdieron sus empleos, sólo en el último mes bajaron sus persianas 20 mil pequeñas y medianas empresas. Cayó cerca de 20 puntos el consumo y la inflación es histórica.
Qué lejos quedaron los slogans de campaña «Pobreza cero»; «Revolución de la alegría» o el más reciente de los latiguillos «Segundo Semestre», el paraíso perdido.
Como sigan así las cosas, ni la espesa cortina de humo que representa la esgrimida «pesada herencia» de la gestión anterior, ni las causas agitadas mediáticamente contra exfuncionarios alcanzarán para frenar el avance de los sectores populares.

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