Cuando la pobreza toca a la puerta de los más ricos

Por Frank González

Roma (PL) La pobreza es un fenómeno social complejo de alcance global, con múltiples significados, implicaciones y consecuencias, cada vez más extendido en países europeos industrializados como Italia.
Los estudiosos del tema establecen diferentes clasificaciones para identificar y medir la pobreza, sin que ninguna de ellas ofrezca total garantía, debido al margen de subjetividad en su diseño y aplicación, aunque son tres las más empleadas en informes y análisis de interés público: absoluta, relativa y extrema.
La pobreza absoluta -según la definición adoptada por la ONU en la Cumbre Mundial de Desarrollo Social realizada en 1995 en Copenhague- es una condición caracterizada por la severa carencia de necesidades humanas básicas, las cuales incluyen alimento, agua potable, instalaciones sanitarias, salud, vivienda, educación e información. No depende sólo del ingreso, sino también del acceso a servicios sociales.
La relativa, en cambio, se refiere a la ausencia de recursos para acceder al nivel medio de bienes, servicios y comodidades al alcance de otras personas de un mismo entorno, en tanto la extrema está relacionada con la insatisfacción de necesidades mínimas para la subsistencia, siempre en contextos sociales históricamente determinados.
Por su prolongación en el tiempo, la pobreza puede ser temporal o crónica y, como fenómeno social, puede existir a nivel individual, familiar, grupal, regional y nacional. La temporal puede ser causada por desastres provocados por fenómenos naturales extremos, crisis económicas, conflictos armados y transformaciones medioambientales como resultado del cambio climático, entre otros.
La definición más reciente es la enmarcada en el concepto de desarrollo humano, empleado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y elaborada a partir de las ideas de Amartya Sen, premio Nobel de Economía 1998, quien considera la pobreza en las personas por su incapacidad para producir o realizar su potencial productivo.
Desde esa perspectiva, el centro de atención se desplaza de la situación de pobreza por la carencia de recursos para adquirir determinados bienes y servicios, a la imposibilidad de alcanzar un nivel mínimo de realización personal por falta de capacidades, oportunidades y posibilidades reales.
En la pobreza intervienen factores políticos, económicos, antropológicos, históricos, culturales y éticos, los cuales interactúan de manera dinámica, como partes de un todo, cuyos contornos están claramente delimitados por la estratificación de las sociedades.
La pobreza es un término polisémico y aunque sus causas son varias, la principal es la falta de recursos para acceder a determinados bienes y servicios, motivada por la distribución desigual de la riqueza y su polarización, con una relación directamente proporcional entre ambos factores.
Esa distribución desigual de la riqueza, la cual en algunos países y regiones del mundo alcanza niveles alarmantes, es resultado del modelo capitalista de desarrollo basado en la explotación intensiva de la mano de obra y los recursos naturales, en función de la optimización de las utilidades y el enriquecimiento individual.
De acuerdo con la información proporcionada por el PNUD en su Informe Anual de Desarrollo Humano correspondiente a 2015, “cerca del 80 por ciento de la población del planeta posee solo el seis por ciento de la riqueza global” y es probable que en 2016 el uno por ciento más rico controlará más de la mitad de la riqueza mundial.
La polarización de la riqueza genera exclusión social, hambre, insalubridad, desnutrición, enfermedades, analfabetismo, deserción escolar y trastornos sicológicos, al tiempo que crea condiciones propicias para el desarrollo de la drogadicción, la prostitución y diferentes formas de actividad delictiva.
Según el PNUD, 795 millones de habitantes del Planeta padecen hambre crónica, 11 niños menores de cinco años mueren cada minuto y 33 madres cada hora. Unos 37 millones de personas viven con el VIH, 11 millones sufren de tuberculosis, 660 millones utilizan fuentes de agua no potable, dos mil 400 millones usan instalaciones sanitarias no mejoradas y casi mil millones están forzadas a defecar al aire libre.   De la misma manera, en una época en la cual la ciencia y la tecnología muestran avances impresionantes en todos los ámbitos, el analfabetismo afecta a 780 millones de personas, entre ellas más de 100 millones en las edades comprendidas entre los 15 y los 24 años de edad. A esta situación calamitosa no escapan los países desarrollados donde existen 160 millones de analfabetos funcionales.
Al cierre de 2014 -apunta la organización- existían en el mundo dos mil 200 millones de personas en estado de pobreza multidimensional, en la cual se tienen en cuenta diversos factores más allá de los bajos ingresos, mientras el 80 por ciento carecía de protección social integral y el 12 por ciento (842 millones) sufría hambre crónica.
En lo que respecta a Italia, según el Instituto Nacional de Estadísticas (Istat) al concluir 2015 un millón 582 mil familias y cuatro millones 598 mil personas vivían en condiciones de pobreza absoluta, la cifra más alta desde 2005.
Como hecho novedoso se señala en el informe el incremento de este indicador al norte de la península, de 4,2 en 2014 a 5,0, en 2015, con un aumento mayor en el caso de las familias de inmigrantes donde pasó de 24,0 a 32,1 por ciento, aunque las regiones del Sur siguen siendo las más golpeadas por la pobreza en todas sus categorías.
La pobreza relativa, según la misma fuente, afecta a dos millones 678 mil familias, equivalente a un 10,4 por ciento del total del país y a ocho millones 307 mil personas (13,7 por ciento de la población). De ellas, cuatro millones 134 mil son mujeres, dos millones 110 mil son menores de edad y un millón 146 mil ancianos.
A partir de los datos del Istat y otros recopilados por sus medios, la organización católica de socorro Cáritas realizó una evaluación de la situación en Italia, en la cual detectó como elemento inédito, la existenciade una relación inversamente proporcional entre la edad y la pobreza absoluta.
Cáritas atribuye esa tendencia al nivel de desempleo, superior al 11 por ciento, con una afectación mayor entre los jóvenes donde alcanza el 39,2. Otro aspecto preocupante, añade, es la existencia de dos o más necesidades básicas insatisfechas en el 61,4 por ciento de los casos encuestados.
Los niveles alcanzados por la pobreza en Italia no constituyen un fenómeno exclusivo en el Viejo Continente donde, según de la Agencia Europea de Estadísticas (Eurostat), al cierre de 2015, 118 millones 760 mil personas -el 23,7 por ciento de la población- se encontraban en riesgo de pobreza o exclusión social. De ellas, 17 millones 470 mil residían en Italia, para un 28,7 por ciento de su población.
Por debajo de Italia se encontraban Chipre (28,9), Lituania (29,3), Letonia (30,9), Grecia (35,7), Rumanía (37,3) y Bulgaria (41,3), países donde la pobreza también golpea a la puerta.

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