Geochicas: mujeres mapeando el mundo

Geochicas: mujeres mapeando el mundo

Geochicas
Un ejercicio de mapeo colaborativo y humanitario que busca visibilizar zonas de peligro o crear rutas para dar solución a prácticas culturales que agreden a la mujer; un ejercicio preventivo y reactivo

Por Alizbeth Mercado

Si te necesitas mover de un punto a otro ¿qué es lo primero que haces? ¿Preguntar a una persona que sabe la dirección?, ¿consultar el mapa en tu celular?, ¿salir al azar y dejarlo todo a la intuición? Probablemente la respuesta es la segunda opción.

Con herramientas como Google Maps es más sencillo leer planos y saber cómo trasladarnos, pero hay puntos que no están registrados. Céline Jacquin y Miriam González son parte de Geochicas, un grupo de mapeo colaborativo que pertenece a la red mundial Open Street Map y que “busca compartir información a las mujeres de manera más general, más fácil, más accesible, incluyendo a personas que no saben nada de datos, de geografía ni de mapas.”

La iniciativa surgió en el 2000 con el slogan “Mujeres mapeando al mundo” para conocer los lugares vulnerables que no están registrados en los mapas más populares. Lo que hacen las Geochicas es buscar aquellas zonas que son relevantes para las mujeres como “zonas de cuidado infantil, lugares de cuestiones ginecológicas, no están tampoco muy mapeados, algunas zonas que no tienen alumbrado público también se pueden mapear bastante bien”, dice Miriam.

A propósito del peligro, en los mapas hay zonas grises, áreas sin registro que no aparecen porque nadie se ha dado a la tarea de incluirlas o porque no son relevantes para determinados fines. “Todo lo que implica una sensación de seguridad o inseguridad en el espacio público, es un espacio de movilidad cotidiana, por ejemplo, hay muchos criterios que los mismos urbanistas no ponen, por ser mayoritariamente hombres y arquitectos no toman mucho en cuenta, pero la visibilidad es una cosa muy importante para sentirme segura, porque si estoy llena de obstáculos visuales en el camino, en la acera no veo si llega alguien y eso me genera un sentimiento de angustia y eventualmente me pone en peligro”, añadió Céline.

A nivel global, el proyecto de OSM y Mujeres mapeando el mundo tienen inactivas para apoyar el cambio de costumbres que siguen afectando a las mujeres. Por ejemplo, en Tanzania se mapearon zonas seguras para que las adolescentes puedan refugiarse para evitar la mutilación femenina que sucede en temporada vacacional, dos meses al año. “Se han mapeado rutas de escape que las dirigen a áreas seguras donde pueden estar ahí dos o tres meses y ya cuando pase esa temporada de corte y se haya hablado con las familias para convencerlas de que es una práctica que puede afectar muchísimo su desarrollo”. En los últimos dos años ha decrecido el número de mutilaciones, de acuerdo con Céline.

“Toda esa cuestión lingüística, étnica, religiosa, de edades, de condiciones físicas, de género; todo debe estar incluido. Nosotras tratamos el tema de género, pero es una manera de llamar a pensar en más equidad dentro todo esto”: Céline

¿Libre o gratis?

Para lograr que el conocimiento llegue a las mujeres, se debe hacer una distinción. Los mapas digitales son gratis como los de Google Maps pero no son libres, libre significa que se encuentran en acceso abierto.

“Google Maps educó mucho a la gente en cómo leer los mapas, sin embargo, aunque sean para consulta, no es información que se pueda descargar, no son open data (de acceso abierto), entonces es cuando entramos: a través de OSM, una plataforma que tiene más de cuatro millones de contribuyentes a nivel mundial en la cual cualquier persona puede participar, puede agregar un punto de interés, puede incluir una escuela, un área que tiene ciertos riesgos, todo esto se puede complementar a través de un mapeo colaborativo en el cual tú y yo podemos ser parte de ese mapeo”, explicó Miriam.

Esta información puede llenar vacíos de datos institucionales y puede ser una herramienta preventiva y reactiva, la información puede ayudar a los momentos de emergencia. Por ejemplo, durante el terremoto en Haití de 2010 (que no tiene información censal oficial) y en el pasado 19S de México.

“Nuestros datos pueden ayudar a que las situaciones de reconstrucción y que se reorganice la normalidad de las comunidades más rápido porque estamos aportando los datos, estamos ayudando a toda esta comunidad, pero en particular a las mujeres, es una reflexión indirecta que tenemos sobre los datos, pero además, que las mujeres en sí, las mapeadoras, las geochicas, sean las que se involucren en esto porque tienen mayor sensibilidad a eso, es un conjunto de problemáticas muy enlazadas”.

¿Cómo lo hacen?

El camino que se sigue para mapear consta de tres pasos:

Una es el mapeo remoto que puede hacer cualquier persona y añadir referencias donde hagan falta por medio de una imagen satelital. Encima se dibuja lo que ves en esa imagen para poder tenerlo en datos geoespaciales.

La segunda forma es con aplicaciones en el telefónico móvil por medio de GPS, se pueden hacer fotos (fotomaping) y mapeo a través de trazas donde se pueden agregar puntos. Hay varias aplicaciones como Maps.Me, Open Street Cam, entre muchas otras.

La tercera forma es in situ mediante llenado de fill papers, hojas con zonas divididas en cuadrantes. Cada cuadrante tiene un número y también filas y columnas. Las mapeadoras revisan que en cada cuadrante se encuentren las edificaciones que están señaladas, confirman si es un negocio, institución o si hay algún cambio espacial.  Con esta forma utilizan JSOM y escanean el código QR para trasladar los datos a la fuente digital.

El grupo de mapeadoras es de 150 alrededor del mundo. Si quieres sumarte a esta causa puedes buscarlas en sus redes sociales (Tw:@GeochicasOSM),  e involucrarte tanto como quieras, ellas dan capacitaciones y hay tutoriales en línea.

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