Afecta inseguridad alimentaria a 84,9 millones de personas en Brasil

Brasilia, 17 sep (Prensa Latina) Al menos 84,9 millones de brasileños, de una población estimada de 207,1 millones, vivían en hogares con algún grado de inseguridad alimentaria entre 2017 y 2018, según datos oficiales publicados hoy.


El estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) indicó que, de ese total, 10,3 millones de personas se enfrentaban a una grave inseguridad alimentaria, es decir, no tenían suficiente acceso a los alimentos y padecían hambre, incluidos los niños. El aumento resultó del 43,7 por ciento desde el anterior estudio de 2013.


La peor situación se da en el norte y noreste del gigante suramericano, donde menos de la mitad de las casas tenían garantías de alimentos.


El IBGE considera en inseguridad alimentaria un domicilio que presenta incerteza en cuanto al acceso de comestibles en el futuro o ya presentó reducción de cantidad o calidad de los productos consumidos.


Cuanto mayor es la tasa de inseguridad alimentaria, menor es el consumo de verduras, frutas, productos de panadería, carne, aves, huevos, lácteos, azúcares, dulces y confitería, sales y condimentos, aceites y grasas, bebidas e infusiones, además de productos preparados y mezclas industriales.


En 2004, un 65,1 por ciento de la población de Brasil afirmó que tenía garantizado el acceso a los alimentos. La cifra aumentó al 69,8 por ciento en 2009 y al 77,4 en 2013. Sin embargo, en el sondeo más reciente, cayó al 63,3.
André Martins, gerente de la Encuesta de Presupuesto Familiar del IBGE, ve la grave crisis económica por la que pasaba el país como una de las probables causas de la caída.


“Muchas personas pasaron de la seguridad a la inseguridad alimentaria ligera”, precisó.


El estudio midió además los efectos de la Covid-19 en niños y adolescentes en tres aspectos: seguridad alimentaria, ingresos familiares y acceso a la educación.


La encuesta mostró que un 27 por ciento de las familias en situación de inseguridad alimentaria admitieron que experimentaron al menos un momento en que los alimentos se agotaron y no pudieron ser reemplazados, mientras un ocho por ciento dejó de comer por falta de dinero.

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