Del brillo a la opacidad

Por: RICARDO BURGOS OROZCO

El Metro inició su operación el 4 de septiembre de 1969 con la Línea 1 de Zaragoza a Chapultepec. Al año siguiente se inauguró la Línea 2 de Tasqueña a Pino Suárez el primero de agosto de 1970, y la Línea 3 abrió el 20 de noviembre de ese mismo año con los tramos de Tlatelolco al Hospital General. En aquel tiempo las instalaciones eran las más modernas, de las mejores del mundo.

En la actualidad cuenta con 12 líneas. El parque vehicular está integrado por trenes de rodadura neumática en diez líneas y trenes férreos en las líneas A y B. En 2006 ocupó el tercer lugar a nivel mundial en captación de usuarios al transportar un promedio de 3 millones 900 mil personas al día.

Casi 52 años después de inaugurado el Metro de la Ciudad de México, las circunstancias han cambiado sobre todo porque en todo ese tiempo el mantenimiento y la capacitación han sido descuidadas. Han pasado varias administraciones y al parecer a ninguna le preocupó mantener lo mejor posible las instalaciones y la preparación de sus técnicos y especialistas.

La problemática detonó el 9 de enero pasado con el incendio en las instalaciones principales del Metro. Uno de los cerebros quedó inservible: el puesto central de control número 1. Por ahora, la mayoría de los reguladores, es decir, quienes controlan el tráfico del servicio, están trabajando hacinados – hechos bola — en el puesto central de control 2.

Los técnicos se quejan de que hay ocasiones en que llega a haber hasta cien personas en un espacio muy reducido y eso ha provocado contagios entre ellos, incluso hasta fallecimientos, aunque les hacen la prueba de Covid continuamente.

Por el momento no hay tableros de control; están trabajando en mesitas y como pueden dirigen los recorridos de los trenes de seis líneas del sistema. Aunque usted no lo crea, gran parte de su trabajo se basa en el uso del celular; crearon grupos de whatsapp para controlar los movimientos en las interestaciones.

De los trabajadores más conocedores en el sistema – quienes prefieren omita sus nombres — opinaron que difícilmente hay solución para lo que está pasando en el Metro porque las instalaciones ya están muy viejas y durante muchos años nunca se les dio mantenimiento.

Para darle al Metro el mantenimiento adecuado se requieren muchos millones de pesos que el actual gobierno al parecer no está dispuesto a gastar o tampoco lo tiene, aseguraron. Y si hubiera el presupuesto necesario, se requerirían dos años para renovar equipos.

Resulta paradójico – dicen – que la pandemia ha ayudado porque hay menos usuarios. Señalan que con las cifras elevadas de pasajeros que se estaban manejando hasta hace unos meses, hubiera sido imposible llevar el control sin tableros automáticos.

Parte fundamental de la reingeniería en el Metro será retomar la capacitación para los trabajadores, indicaron. Eso se ha ido olvidando por resolver lo urgente y muchos técnicos se han quedado estancados en sus percepciones y en su preparación, como sucede con el famoso conductor “más feliz del Metro”, Enrique Trejo, quien labora en la Línea 8, pero, me indican, no ha podido ascender a un puesto más alto precisamente por la falta de capacitación adecuada.

Las fallas en el Metro se han acumulado, con directivos que o no saben o no les importa, y con falta de presupuesto para mantenimiento y capacitación adecuada. Mientras tanto, miles de trabajadores siguen en la trinchera todos los días ejerciendo, como pueden, su responsabilidad de dar un servicio adecuado.

Con información de Latitud Megalópolis

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