Demuestra el llamado tercer mundo estar apto; México en 1968

La Habana, 3 ago (Prensa Latina) Cuando se concedió la sede de los XIX Juegos Olímpicos a una nación subdesarrollada, voces escépticas se alzaron para vaticinarle un rotundo fracaso.


México 1968 tuvo, sin embargo, una excelente organización técnica y allí se respiró una atmósfera de fiesta brillante, reconocidas por los cinco mil 531 deportistas de 113 países, ambos récords.


La altura de la capital mexicana (dos mil 240 metros la media y tres mil 930 la máxima sobre el nivel del mar) fue uno de los temas controversiales entre quienes se oponían a ese escenario.


Si bien es cierto que afectó en aquellos eventos que requieren un esfuerzo continuado por más de tres minutos, en otros se convirtió en elemento favorable.


Prueba de ello fue el memorable salto largo del norteamericano Bob Beamon de 8,90 metros, el récord que más tiempo prevaleció en el orbe, con el cual se agenció el título y pasó a la historia.


La lid del salto triple fue otro ejemplo por la oleada de récords, pues los cinco atletas mejor ubicados rompieron el mundial y los primeros siete el olímpico.


El ganador fue el soviético Victor Saneiev, quien inició así una brillante carrera, y la plata correspondió a Nelson Prudencio, quien abrió la era de los estupendos saltadores brasileños.


El mundo se conmovió cuando dos estadounidenses, Tommy Smith y John Carlos, escogieron una inusual manera de protestar por el racismo imperante en su país.


En el podio de premiaciones por sus medallas de oro y bronce, respectivamente, en los 200 metros, y cuando se ejecutaba el himno nacional, ambos alzaron sus brazos enguantados de negro y mostraron el saludo del movimiento denominado Black Power (Poder Negro).


Las autoridades deportivas norteamericanas no le perdonaron el gesto e inmediatamente los suspendieron de la delegación y les dieron 36 horas de plazo para abandonar la Villa.


En el orden atlético descollaron los estadounidenses Al Oerter con su cuarto título sucesivo en el disco, Debbie Meyer al obtener tres coronas individuales en la natación y Dick Fosbury al ganar el salto alto, pero, más que eso, por la innovación técnica aplicada en su estilo y rápidamente asimilada en todo el mundo.


Su compatriota Wyomia Tyus se erigió en el único vencedor, hombre o mujer, en los 100 metros planos en dos ediciones consecutivas. Además, en ambas ocasiones implantó récords mundiales y olímpicos.


Las postas 4×100 de Estados Unidos prosiguieron sus actuaciones exitosas en uno y otro sexo, pero en esta ocasión la sorpresa corrió a cargo de los dos relevos cubanos, ocupantes de los segundos escaños, e incluso el masculino quedó a sólo una décima de segundo
del ganador.


Esas fueron dos de las cuatro preseas plateadas alcanzadas por la delegación de la mayor isla antillana, completadas con las conquistadas en el boxeo.


Kenya aportó esta vez su éxito al continente africano, cuando Amos Biwott ganó los tres mil metros con obstáculos. Seis meses antes de los Juegos Biwott nunca había participado en el steeplechase y concurrió a México con escasos conocimientos técnicos.


El húngaro Gyula Zsivotzky, quien había ganado plata en Tokio y Roma, al fin coronó con éxito su carrera como martillista al obtener el oro en México, con un envío que superó por solo cuatro centímetros al mejor del campeón defensor, el soviético Romuald Klim.


Diego de León no obtuvo una medalla en estos Juegos, pero sí ganó un inmenso respeto y admiración por la manera como condujo las acciones en el partido final del torneo de fútbol, en el cual Hungría batió 4-1 a Bulgaria. El árbitro principal expulsó a tres búlgaros y un húngaro en un tormentoso choque que presagiaba terminar en batalla campal.


Uno de los momentos de mayor orgullo para Suecia en esta edición fue cuando los integrantes de la cuarteta ciclística de regularidad en ruta recibieron sus medallas de plata, pues se trataba de los cuatro hermanos Petterson, única vez en ocurrir algo así.


Ellos superaron la marca para un mismo evento en una misma celebración de los tres hermanos Nordahl, también suecos, quienes integraron el equipo de fútbol campeón en Londres’1948.


Por primera vez en olimpiadas en México se aplicó el análisis antidoping a los ganadores de preseas y el capítulo de los descalificados por ese motivo lo inauguró el equipo sueco de pentatlón moderno, que había ocupado el tercer lugar.


Se comprobó que uno de los integrantes sobrepasaba los límites permitidos de alcohol. El “culpable” adujo más tarde que apenas había tomado dos cervezas antes del evento de tiro con pistola.


Jane Bullen, quien integró el equipo británico dorado en el evento de tres días de la equitación, se convirtió en la única mujer en ganar cualquier tipo de presea en esa exigente lid desde que fue introducida en Estocolmo 1912.


Aunque el soviético Evgueni Petrov ganó el oro en el evento de skeet con una impresionante puntuación de 198 de 200, la atención de espectadores y de los propios competidores no estaba centrada en él.


Quienes asistieron al torneo de tiro seguían con deleite la actuación de la elegante y atractiva mexicana Nuria Ortiz, quien a pesar de no obtener presea entró en la categoría de las “primeras” pues nunca antes, desde Atenas 1896, una mujer había incursionado en
este deporte hasta entonces reservado para los hombres.


Estados Unidos reconquistó el liderato por países en los Juegos al sumar 45 títulos, 28 segundos puestos y 34 terceros.

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