Una nueva era en Chile

Santiago de Chile, 20 dic (Prensa Latina) A sus 35 años, Gabriel Boric es hoy el presidente electo más joven de Chile y también el más votado en toda la historia del país, en unos comicios cuyos resultados marcan un cambio de ciclo.


Pese los pronósticos que auguraban una jornada reñida, el abanderado de la coalición de izquierda Apruebo Dignidad ganó de manera rotunda las elecciones de este domingo con 55,86 por ciento de los votos, 11,6 puntos por encima de su rival, el ultraderechista José Antonio Kast, del Frente Social Cristiano.


Boric alcanzó 4,6 millones de sufragios y con ello superó al expresidente Eduardo Frei, quien en 1993 obtuvo cuatro millones.


Los comicios también fueron históricos por romper todos los récord de participación desde que se implantó el voto voluntario en 2012.


Según datos del Servicio Electoral (Servel), 8,3 millones de chilenos acudieron a las urnas en la segunda vuelta, para una asistencia del 55 por ciento.


«Estamos ante un cambio de ciclo histórico y no lo podemos desaprovechar», dijo en su primer discurso a la nación el joven diputado, quien no representa a los partidos tradicionales que gobernaron el país desde el retorno a la democracia, en 1990.


Boric nació el 11 de febrero de 1986 en la ciudad austral de Punta Arenas, de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena.


Como dirigente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, encabezó junto a Camila Vallejo, Giorgio Jackson y Karol Cariola, las grandes manifestaciones que estremecieron al país en 2011 para exigir una educación gratuita, libre y de calidad.


Durante el estallido social de 2019 contra el modelo neoliberal formó parte del Acuerdo por la Paz que abrió el camino para redactar una nueva constitución en sustitución de la vigente desde la época de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).


Al hablar ante una multitud reunida en el centro de Santiago, el presidente electo reconoció que las causas que dieron origen a esas grandes protestas aún se mantienen vigentes.


Boric prometió defender el proceso constituyente, motivo de orgullo porque por primera vez, dijo, se está escribiendo una carta magna de manera democrática y paritaria, y con la participación de los pueblos indígenas.


Entre las prioridades de su gobierno mencionó reformar el actual sistema de pensiones para otorgar retiros dignos a los jubilados, lograr un servicio universal de salud que no discrimine a ricos y pobres y una mejor distribución de la riqueza.


Atender el problema de la vivienda, fortalecer la educación pública, aumentar los salarios de los trabajadores, combatir el narcotráfico y defender los derechos humanos, figuran también dentro de sus prioridades.


«Seré el presidente de todos los chilenos y chilenas, de quienes votaron por este proyecto y también de quienes eligieron otras alternativas o no concurrieron a votar», declaró el triunfador en medio de los aplausos de una multitud que coreaba consignas como «Se siente, se sabe, Boric presidente» y «el pueblo unido jamás será vencido».


Para los analistas políticos Marta Lagos y Tomás Duval, Boric destronó a la centroderecha asentada en el Palacio de La Moneda y con su triunfo se redibuja una nueva línea política lejos de la que se mantuvo en los últimos 30 años.


Las elecciones fueron una manifestación ciudadana de mucho apoyo a una generación nueva. Se acabó la vieja generación, afirmó Duval en entrevista con el diario digital El Mostrador.


En opinión de los expertos, «esta es la mejor manifestación de que cambió el ciclo político».
El flamante presidente electo tendrá ante sí enormes desafíos y el primero de ellos es enfrentar las consecuencias económicas y sociales de la pandemia de la Covid-19.


Según datos del Banco Central el Producto Interno Bruto crecerá este año hasta el 12 por ciento, pero registrará una fuerte caída en 2022 y 2023, mientras que la inflación se mantendrá en torno al siete por ciento durante varios meses.


«Los tiempos que vienen no van a ser fáciles», admitió Boric, quien prometió avanzar con responsabilidad en los cambios estructurales sin dejar a nadie atrás, pero reconoció que los avances sustantivos requieren acuerdos amplios.